Si pudieran pagarme por ver películas y leer libros, no dudaría en enviar el currículum.
Me conformo con olvidar la rutina y compartir las buenas historias.
Es una lástima que casi nadie conozca esta película. Rodada en un pueblecito de Canadá, nos presenta una historia de descubrimiento personal. Transcurre en el plazo de una semana de la vida de Alex (Alan Rickman), un expresidiario británico que se dirige a Winnipeg.
Por circunstancias claves del argumento, Alex acaba viviendo en casa de una mujer autista (Sigourney Weaver), con obsesión por la limpieza y dificultades para relacionarse. La actriz se preparó concienzudamente para meterse en el papel. No faltan momentos drámaticos y divertidos, el guion y las actuaciones sin duda merecían un mayor reconocimiento. Un film adorable.
Este largometraje de Isabel Coixet gira en torno al cáncer terminal que sufre Ann, la protagonista (Sarah Polley). Vive en un parking de caravanas con su marido y su hijo, sabiendo que su final se acerca cada día más. Opta por no decirles nada y vivir sus últimas semanas al máximo, preocupándose también del futuro de sus seres queridos.
Es una película con una gran carga emocional, muy recomendable. No muchos se atreven a tratar la muerte de esta manera. De lo mejor de Coixet. El reparto incluye a Mark Ruffalo y Leonor Watling, entre otros.
En la Inglaterra de principios de los 60, una estudiante de secundaria (Carey Mulligan) es seducida por un hombre unos 20 años mayor que ella (Peter Sarsgaard). Hay que decir en su favor que David es un gentleman encantador; al menos, esa es la primera impresión que nos da. Conforme avanza la historia, Jenny debe decidir entre casarse o ir a la universidad, y seguir adelante en circunstancias adversas.
El padre es interpretado por Alfred Molina, algo discutible por la genética, pero que se solventa con su talento. La nominación al Oscar de Mulligan es más que merecida, es una actriz prometedora que sabe elegir escandalosamente bien los papeles.
Un clásico como este de Billy Wilder necesita poca presentación, pero no puedo evitar la tentación. Dos músicos son perseguidos por la mafia de Chicago y deciden escapar a Florida con una orquesta de mujeres, en la que consiguen colarse travistiéndose. El personaje de Tony Curtis se enamora de Sugar (Marilyn Monroe), mientras que Jack Lemmon hace todo lo que puede para evitar que un rico magnate le tire los tejos.
Es una comedia desternillante, una pena que solo ganara el Oscar a mejor vestuario (Ben-Hur arrasó en la ceremonia de 1959).
Con guiones como este, la repercisión que logra Woody Allen con todos sus proyectos está más que justificada. Gil (Clive Owen, en un papel fantástico) sueña con transportare al París de los años 20. Vive con la nostalgia de una época que nunca vivió, idealizada. Durante un viaje con su prometida en la capital francesa, a medianoche, consigue transportarse mágicamente a esa época y conocer a F. Scott Fitgerald, Dalí, Ernest Hemingway… Y también a Adriana (Marion Cotillard), una adorable mujer con al que comparte casi todas sus pasiones.
Gil debe decidir entre quedarse allí o volver a su amargo presente. ¿Todo tiempo pasado fue mejor? Woody Allen entra en el debate.
Stephen Daldry (Las Horas, Billy Elliot) es el director de esta película basada en un libro de Bernhard Schlink. Cuenta una historia atípica de los años previos a Holocausto y posteriores. Destaca por su sensualidad y dureza, la interpretación de Kate Winslet es magistral. La historia de amor entre una mujer madura y un adolescente es solo el principio del desarrollo del personaje de Winslet, el cual vamos descubriendo a lo largo de la película. Esconde más de un secreto vergonzoso. Es condenada por crímenes de guerra en favor de los nazis. Pese a ello, su joven amante se resiste a perder la imagen pura que tenía de ella y desentraña el misterio que la envuelve.
Se centra básicamente en la historia de los dos personajes, y no ahonda en las circunstancias históricas ni el horror de la guerra, algo que ha sido criticado. De todos modos, nos encontramos una película apasionada y única, que a mí personalmente me ha conmovido. La cinta fue galardonada con el Oscar para Kate Winslet y otras cuatro nominaciones.
Colin Firth se merecía el Oscar por esta película (menos mal que al menos logró el BAFTA). Es el protagonista indiscutible del largometraje, el primero dirigido por el diseñador Tom Ford. Trata de la vida diaria de un hombre devastado por el fallecimiento de compañero sentimental en un accidente de coche. Llega a plantearse el suicidio, le cuesta horrores seguir vivo cuando le falta una parte de su ser.
Es un drama cautivante y lleno de estilo, he de admitir que no pude contener las lágrimas. Ahonda en la propia existencia y en la superación del dolor más profundo. El final no decepciona, es justo el que pedía. El modelo español, Jon Kortajarena, hace un cameo.
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