Hay variadas y múltiples teorías sobre cómo los niños aprenden y de que manera se les puede enseñar mejor. Encontramos métodos tan dispares cómo el Waldorf que da una libertad casi total para que el niño profundice en aquello que más le atrae hasta los métodos que hacen hincapié en la memorización y la repetición cómo herramienta de enseñanza. Existen múltiples variables en todas estas teorías de la enseñanza, pero si somos un poco observadores al ser papis no nos resultará difícil observar que cualquier niño se divierte con un juguete en sus manos. Mientras juegan en la bañera, se duermen tranquilamente en su cuna o empiezan a hacer sus primeras trabesuras. Es más ¿y qué ocurriría si además de de tener un juguete en sus manos, este además fuera un juguete educativo?
Lo más probable es que el conocimiento adquirido mediante la práctica se interiorice de una manera mejor. ¿Cómo creéis que se pueden aprender mejor los nombres de los huesos? ¿Leyendo repetidas veces una lección, o montando repetidas veces un esqueleto humano de juguete?
La practica de un deporte o actividad también hará que el aprendizaje mejore. Calzando por ejemplo unas buenos zapatos de baile o ballet los niños se sociabilizarán mucho mejor.
En efecto, de las dos maneras la repetición es una parte importante del aprendizaje, pero el que exista o influya el juego en el proceso de adopción del conocimiento, parece tener un efecto positivo en la enseñanza. María Montesori allá por el principio del siglo XX observo que los conocimientos adquiridos mediante el juego perduraban más en el tiempo y se era capaz de relacionar con otros conocimientos diferentes de una manera más eficaz.