Merzouga. La rose du désert.
La Rose du désert.
Las marejadas dunas somnolientas, el resplandor del sol, una suave brisa refrescante acaricia tu nuca...
Al pie de la Gran Duna, en Merzougha, Marruecos, un palmeral emerge. Por encima de él, la Gran Duna asoma su cima curiosa, observando a los huéspedes de La Rose du Désert. Más allá, un mar de dunas se pierde en el horizonte, sin otro elemento que las infinitas olas de arena, unas veces sombrías y otras iluminadas por el sol, que crean una línea imperfecta que contrasta con el brillante azul del cielo. Esta línea separadora se ve ennublecida, poblada de una borrosa niebla que suaviza la oposición de los dos escenarios, logrando una armonía relajadora que roza la perfección.
En medio de este anhelado clima, podemos encontrar la Rose du Désert, una humilde morada que se homogeniza con el territorio, sin romper la consonante melodía, aportando a sus huéspedes toda la comodidad necesaria y sumergiéndolos en la cultura bereber.
Para disfrute de todos los afortunados que se hospeden en la Rose du Désert, se halla bajo el mismo techo Mohammed, un encantador autóctono que se encargará de hacer su estancia inolvidable.