Los antiguos egipcios creían que después de la muerte física podían vivir eternamente: tenían la creencia de que el Ka (espíritu o personalidad) podía sobrevivir si el cuerpo era preservado. Por esto se practicaba el embalsamamiento y momificación.
Los antiguos egipcios consideraban que el espíritu humano, según la mitología egipcia, estaba conformado por el Aj, el Ba y el Ka. La creencia en su inmortalidad significó que se practicara el embalsamamiento y la momificación, para preservar la identidad del individuo en la vida futura.
El Libro de los Muertos era una serie de 190 fórmulas mágicas, adaptadas a los requisitos particulares de cada individuo, las cuales eran depositadas junto al difunto, o grabadas en los muros de la tumba para facilitar su viaje por el Duat; también contenía las palabras adecuadas a utilizar en su juicio. Uno de los mejores ejemplos del Libro de los Muertos es el Papiro de Ani, creado alrededor de 1240 adC, que además de textos contiene muchas imágenes de Ani y de su esposa en su viaje a través del mundo de los muertos.
En épocas posteriores se creía que el espíritu de los difuntos era conducido por Anubis hacia el lugar del juicio, en la sala de las dos verdades, y el corazón del muerto, que era el símbolo de la moralidad del dueño, se pesaba contra una pluma que representaba el Maat, el concepto de verdad, armonía y orden universal. Si el resultado era favorable, el difunto es llevado ante Osiris en Aaru, sin embargo, Ammit, el Devorador de corazones, ser mezcla de cocodrilo, león e hipopótamo, destruye aquellos corazones cuyo veredicto es negativo, impidiendo su inmortalidad.
Después de la caída del faraón de Amarna, el panteón egipcio original sobrevivió más o menos como la fe dominante, hasta el establecimiento del Cristianismo Copto y del Islam, aunque los egipcios continuaron teniendo relaciones con otras culturas monoteístas (por ejemplo, los hebreos). Asombrosamente, la mitología egipcia puso poca resistencia a la difusión del cristianismo, en ocasiones explicado afirmando que Jesús era originalmente un sincretismo basado predominante en Horus, con Isis representando a Maria.