Harold Pinter. The Dumb Waiter
Dramatis personae
Ben: El más viejo de los dos protagonistas, y la parte dominante, al ser superior de Gus por su mayor experiencia en “el trabajo”. Es quien lleva la mayor responsabilidad respecto a las órdenes de su jefe Wilson, que espera con atención. Normalmente cavila en silencio y lee el periódico, nunca se cuestiona su trabajo y hace lo posible por evadir las preguntas inquisitorias de su compañero.
Gus: El joven siempre subordinado a Ben a la hora de llevar a cabo el trabajo. Aunque tiene el mismo grado de protagonismo que Ben, el lector adopta su punto de vista al ser el que menos sabe de las circunstancias de su estancia allí y de la amenaza que parece rodearles. Es más sensible, más consciente de su trabajo y más preocupado por sus consecuencias, y está aburrido de la rutina de la clase baja. También cuestiona los entresijos de su trabajo, especialmente los que tienen que ver con su jefe Wilson.
Trama
En un sótano con cocina y camas, Ben y Gus matan el tiempo esperando órdenes para realizar un trabajo. De pronto alguien desliza un sobre por debajo de la puerta, Ben le ordena a Gus que lo abra y hay 12 cerillas, justo lo que Gus no tenía al comenzar la obra. Va a ver si ve a alguien en el pasillo, pero no hay nadie. Hablan de Wilson, su jefe, de si quizá es el dueño del edificio donde están, donde les han mandado ir a esperar. Recuerdan su último trabajo, un desastre. Les interrumpe un sonido tras una pared entre las dos camas. Es un montacargas, usado para subir y bajar platos y otras cosas entre una planta y otra. Trae una caja con un pedido de comida escrito en un trozo de papel. Ben dice que ese edificio antes fue un café, y el sótano la cocina, y que cambió de dueño. El montacargas vuelve a bajar y Gus se asoma por el hueco por si ve algo, Ben le aparta bruscamente. De nuevo un pedido de comida, y mandan arriba como respuesta algunas cosas que tienen por allí. El montacaragas vuelve a bajar con un pedido de comida más exótica y el paquete de té que habían mandado antes arriba Ben y Gus. Cuando deciden mandar una nota para decir que no tienen comida que mandar, descubren un tubo para comunicarse, y Ben explica la situación a quien quiera que esté allí arriba a través de él. Después, Ben le explica a Gus las instrucciones del trabajo que están a punto de realizar. Entonces Gus sale a buscar un poco de agua mientras Ben espera, y recibe las órdenes a través del tubo: es hora de realizar el trabajo. Ben llama a Gus, y apunta con su pistola hacia la puerta cuando este aparece, despojado de su arma y algunas de sus ropas. Se miran durante unos instantes, en silencio.
La obra se desarrolla en un único espacio cerrado e interior. Se trata del sótano de un café en la ciudad de Birmingham, con dos camas y una portezuela en la pared entre ellas, una cocina y un baño. Hay una puerta que da al pasillo. Es un espacio simple, donde sin embargo cada elemento y su colocación tienen gran importancia.
El texto de Pinter se sitúa en el presente, y se desarrolla en tiempo real, sin saltos temporales ni contrastes.
Los dos protagonistas utilizan un lenguaje muy poco elaborado, lo que contruye diálogos ágiles con intervenciones muy cortas.
Opinión personal
The Dumb Waiter es una obra que representa casi a la perfección la evolución del teatro inglés de la segunda mitad del siglo XX: escenografía simple, núcleo temporal único, muy pocos personajes pero muy realistas, y una estructura narrativa sencilla pero cargada de significados y recovecos más o menos metafóricos. Creo que es digna de mencionar la maestría con la que Harold Pinter presenta su visión de la clase trabajadora y de la humanidad más descarnada con sólo dos personajes, a través de la traición siempre presente en sus obras, y a través de los silencios, y de los diálogos que intercalan estos silencios. Así también merecen mención otros aspectos como la tensión narrativa que se consigue con un simple montacargas, que nos hace plantearnos tantas preguntas como el propio Gus, y que nos hace darnos cuenta de que así como Ben manipula a Gus, Pinter lleva al lector a donde quiere, construye un montacargas que nos hace llegar la información que él desea, que juega con nosotros y mantiene el interés hasta la última palabra, hasta el último silencio. En definitiva, a mi juicio una obra muy valiosa por saber crear tantas inquietudes y tantas preguntas sobre uno mismo como certezas sobre la importancia de lo que se acaba de leer.