Estudio global
La muerte del teatro y otros tópicos para una visión de futuro
Augurar la muerte del teatro es un tópico manido. Es la premonición que siempre utilizan los ignorantes y los que menos saben de teatro. Pero lamentablemente es la que tiene más posibilidades de convertirse en realidad, en el contexto que hoy vivimos y hacia donde parecemos encaminarnos. Es sabido que a todos los niveles el ser humano se ha desprendido de todo cuanto dejaba de utilizar.
Cuando me atrevo a hablar de muerte del teatro, no imagino su desaparición completa, siempre habrá gente que lo reivindique y que lo pida, y que lo tenga. El teatro es inmortal, como inmortal es el público. Pero poco a poco, acabará engullido por otras formas de entretenimiento como un producto más para lo que inefablemente llamamos “la masa”.
Hoy día para esta masa el teatro es visto como algo elitista, minoritario, casi trasnochado. A ojos del”espectador medio” los que van al teatro parecen cumplir con un ritual exótico. Con esta imagen, el teatro no obtiene rentabilidad. Y la única manera de obtener hoy en día rentabilidad en un Arte es transformándola en entretenimiento. Efectivamente es perverso aplicar los criterios de la economía a los ámbitos de las artes, pero parece que si queremos unir Teatro a la palabra futuro no nos queda más remedio. La sociedad capitalista implica extensión a todas las ramas de la misma, todo es consumible y todos somos consumidores.
Lo que hoy llamamos progreso ha servido para ocultar el verdadero cambio de la filosofía vital del ser humano. Disfrutamos de un progreso exterior, muchas veces resumido como tecnológico, sin darnos cuenta de que ese progreso es sólo exterior. Utilicemos estas nuevas tecnologías para la expresión teatral, de acuerdo, serán un elemento que enriquecerá y ampliará el lenguaje. Pero evitemos perdernos en presentar la evolución y el porvenir del teatro sólo por aquí. Tenemos que recordar y reivindicar lo que el teatro sabe hacer y de hecho consigue en la evolución interior del individuo. Teatro como reflejo de lo que el ser humano es y ofrece como persona. No olvidar que somos más que consumidores y productores, que apreciamos y compartimos la fuerza espiritual del creador, para nuestro perfeccionamiento interior.
Esto es lo que se debe buscar, y es un discurso claramente contrario a lo que hoy el capitalismo impone. García Lorca dijo: “Un pueblo que descuida su teatro, si no está muerto, está moribundo”. A lo que sobran comentarios con tan sólo mirarnos al espejo, o a las páginas de nuestros diarios.
Muchos son los que ante el nacimiento de un nuevo medio auguran la muerte de lo que consideran su lógico precedente. Pasó con la fotografía y el cine, pasó con el cine y la televisión, y está pasando con la televisión e internet. ¿dónde se supone que queda el teatro con respecto a esto? Siempre se ha intentado meter al teatro en el mismo saco de lo que por inercia llamamos “entretenimiento”. Adaptaciones cinematográficas de obras de teatro (Shakespeare en cabeza); retransmisiones teatrales por televisión y últimamente todo tipo de experimentos en internet (teatro interactivo). Pero creo que conviene centrarse en la relación entre cine y teatro para aclarar mejor el lugar que debe ocupar el teatro en nuestros días. Los dos medios cuentan historias y nos influyen con ellas, pero ahí acaba toda coincidencia. El cine ha reflejado la realidad en todos sus sentidos (costumbrista o fantástica, directa u onírica...), y la sociedad, de forma inconsciente y subliminal, ha ido mirándose en el cine, creando desde él su propia realidad, en un círculo vicioso. Pero lo más importante a reseñar, es que el ser humano reflejado en una pantalla no es nada, la técnica lo transforma en un fantasma que desaparece a los límites de un rectángulo luminoso. El cine, el actor de cine, el autor de cine, no siente al público, no existe comunicación alguna con quien ha creado. Esta es la mayor diferencia entre uno y otro, y esta es la mayor grandeza del teatro: no sólo muestra, sino que comparte.
El teatro es siempre Arte por su carácter único, porque la representación que estamos viendo nunca será interpretada ni recibida igual. Intentar olvidarse del teatro suplantándolo por el cine o cualquier otro medio es una aberración, y adaptarlo a estos medios es dejar de llamarlo por su nombre.
Con todo esto, confiamos en que el teatro jamás entrará a formar parte de un entretenimiento para las masas, jamás será rentable para nadie más que para el que quiera enriquecerse por dentro. Podremos decorar su lenguaje todo cuanto queramos, podremos hacer evolucionar sus contenidos, y podremos presenciar también como “el pueblo llano” ahoga poco a poco la definición de teatro. Podremos vivir todo esto, pero efectivamente, jamás veremos morir el teatro. Porque siempre habrá alguien que escriba, porque siempre habrá alguien que interprete, y porque siempre habrá alguien que lo aplauda.
Bibliografía:
http://www.uv.es/~fores/teatrouvp.html
http://www.forum.deusto.es/archivos/pdf/Confe_I16C04.pdf