Un músico Pop es un mecanismo humano de fascinación. La extrañeza ante él es el primer hito del recorrido de la fascinación. Pasado el momento de la sorpresa el mecanismo debe permanecer intacto en su reducto, inviolable. A ese reducto Goette lo llamaba personalidad. El artísta se diferencia del resto de los hombres porque construye y reconstruye su personalidad. Es lo que le dá derecho a formular exigencias en la vida y ante sus semejantes. Eduardo Benavente poseía personalidad en el sentido Goetiano, veía el mundo con ojos diferentes y exactos. Su estética era despiadadamente heróica y piadosamente irónica. El signo de una inteligencia de primer orden es el de que es capaz de detenerse sobre dos ideas contradictorias sin perder por ello la capacidad de funcionar. Debería entenderse que en las cosas no existe la esperanza y sin embargo estar decidido a cambiarlas. Escribió Scott Phitgeral. Eduardo benvente no era un alma lavada, sabía que toda vida es un proceso de demolición de cosas nunca demasiado tangíbles. La nieve es de una pureza engañosa. Le gustaba ser rapido, eficaz y preciso, esa frase podría haber sido su lema. Eduardo Benavente murió en accidente de automóvil el 15 de mayo de 1983. Benditos sean los muertos sobre los que cae la lluvia.