Levante - dimarts, nou de novembre de 2004


Golf y rascacielos

RAFAEL RIVERA - Universitat Politècnica de València.

Parece que vuelven las carreras a la ciudad. Tener la calle más larga, la sala de congresos más grande o el rascacielos más alto, de pronto, vuelve a considerarse una virtud. Como en los años setenta matricular más coches que nadie, en los ochenta hacer el paseo marítimo más espectacular o en los noventa el parque temático más maravilloso que puedan imaginar.

Luego hemos sabido que todo era mentira, y cuando se hacen estudios rigurosos sobre las ciudades españolas en las que se vive mejor, ninguna tiene la calle más larga ni el edificio más alto. Ninguna compite por matricular más coches ni por arañar unos metros más de la altura de cornisa. Siempre son ciudades de tamaño medio donde el nivel de equipamientos es relevante, donde se respeta el paisaje y la arquitectura, donde se cuidan la nuevas actuaciones, se piensa en modernidad, se escucha al ciudadano, se promueve la solidaridad y el mestizaje. Es ahí donde prefieren vivir los ciudadanos.

Sin embargo, en nuestra ciudad se va a construir el edificio más alto del país, que mañana o pasado ya no lo será, y eso parece un logro, aunque sólo los privilegiados puedan comprar un piso. Ya ven, tendremos una torre enorme aunque, ni viviremos mejor ni seremos más felices.

Pero hay más. También tendremos la mayor densidad de campos de golf por metro cuadrado, o por habitante, como prefieran. Porque la administración, para hacer negocios inmobiliarios, quiere que tengamos edificios altos y afición al juego de la pelotita y el agujero, ocupando el territorio a diestra y siniestra y alterando definitivamente nuestro paisaje, y con él, nuestra cultura. Esta ley que están tramando, puede ser el atentado mayor que se produzca contra nuestra cultura. Ríanse de las hamburguesas importadas o de los anglicismos en el idioma. Se trata de imponer no sólo un juego, sino una imagen de nuestro entorno. Cuando aterrizó la moda del paddel, aquello fue más inocuo, se fue el presidente, porque los presidentes siempre acaban pasando, y la alteración fue mínima.

Pero cuando pase esta administración, que acabará pasando, no crean, estaremos infectados de golf hasta la médula, si alguien no lo remedia. Y cuando miremos hacia allá, veremos tapices verdes donde había olivos, agujeros y banderitas, donde había huerta, y hoteles estrellados, los más altos, si puede ser, donde había arquitectura popular o simplemente había monte, que tampoco está mal. Pero, eso sí, algunos serán más ricos.