Las líneas maestras que marcan el desarrollo de Las Bodas de Isabel quedaron definidas desde la primera edición, pero eso no quiere decir que sean unas fiestas que repiten el mismo guión año tras año. Igual que el nuevo modelo que presenta un fabricante de automóviles tiene que superar en todos los aspectos a la versión anterior – ser más bonito, más amplio, más cómodo, más potente- y dotado de las últimas tecnologías-, las séptimas Bodas dejaron pequeñas las del 2002.
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Los grupos organizados confirmaron su crecimiento imparable, el número de espectáculos aumentó notablemente, la representación teatral del drama de los Amantes resultó espectacular, el ambiente general que respiraban las viejas calles de Teruel parecía salir del Túnel del Tiempo. Todo fue a más, en cantidad y calidad.
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Comerciantes y particulares se esmeraron más en preparar un escenario acorde a la época de Isabel y Juan Diego, una de las novedades fueron las exhibiciones de cetrería y la presencia de asnos y dromedarios, ¡Teruel realmente era una ciudad del siglo XIII!.
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