Ficha de representación: La senyoreta Júlia, de August Strindberg
Vista el: sábado, 13 de noviembre de 2004
En: Teatro Talía, Valencia
Carlos Rubio Alcalá- Grupo B
En La senyoreta Júlia se produce un conflicto de trágicas consecuencias entre los deseos humanos y lo que viene forzado por la realidad. Julia es una mujer rica e independiente que juega a seducir a su criado Joan la noche de San Juan. Él es de origen humilde, pero muy orgulloso, y parece resistir todos los embates de ella, hasta que finalmente accede a sus deseos. Sin embargo, a la mañana siguiente descubrimos que todo ha cambiado: Joan en realidad la estaba engañando para poder chantajearla, y se revela como un hombre sin escrúpulos, que la fuerza a querer huir con él. Cuando al final se revela que esta huida también es imposible, Julia se quita la vida cortándose la garganta con una navaja.
La obra es representada por tres actores en los papeles de Julia, Joan y Cristina, la cocinera. Al comenzar la obra, se produce una identificación entre los protagonistas y dos elementos: Julia, con los pies en un barreño, es el agua, y Joan, ante una hoguera, es el fuego. La pugna entre estos dos elementos lleva adelante la trama de la obra; sin embargo, el agua se ve incapaz de apagar el fuego que arde en Joan, y que consume a Julia. Los actores hacen un buen trabajo, aunque en mi opinión no terminaban de convencer. El principal problema es que, tal y como interpreta la actriz el personaje de Julia, no parece creíble que una mujer que se nos presenta como muy fuerte, inteligente y criada en ideas sobre la independencia de las mujeres, vaya a suicidarse por haberse acostado con el criado, aun teniendo en cuenta la época de escritura de la obra (1888).
El espacio escénico es la cocina de la mansión de Julia. En la primera parte de la obra la cocina se encuentra bien ordenada, con todos los enseres bien colocados: cacerolas, objetos de cerámica, vasos y hasta flores en una cesta. En la segunda parte, sin embargo, tras la fiesta de San Juan que se ha celebrado, todo el escenario aparece deshecho. Un hecho destacable es que el telón no cae en ningún momento. Antes de representar la función, los actores están sobre el escenario colocando todo en su sitio. De la misma manera, entre las dos partes son ellos los que se encargan de cambiarlo todo a la vista del público. Este hecho, unido a la música muy alegre con que se acompaña el cambio de escenario tiene un efecto contraproducente, pues se rompe en el público la sensación de seriedad de la obra. Una música más triste o unos cambios de escenografía más tradicionales habrían sostenido mucho mejor el hecho de asistir a una tragedia.
La iluminación consiste en la lámpara que hay sobre la mesa de la cocina, y tiene algunos efectos interesantes, como la bengala que se enciende en el cambio de escenario, o el juego de sombras producido al golpear las lámparas y dejarlas balanceándose sobre el escenario. Al igual que con el cuidado atrezzo y escenografía, el vestuario escogido es del tipo del que se debía usar a finales del siglo XIX.
En suma, es
una obra recomendable, aunque desde mi punto de vista no llega a cumplir con
todas las expectativas que se podrían haber creado de antemano ante el texto
más famoso de August Strindberg.