Ficha de representación: Sopa de pollastre amb ordi, de Arnold Wesker

 

Vista el: sábado, 27 de diciembre de 2004

En: Teatro Rialto, Valencia

Carlos Rubio Alcalá- Grupo B

 

Sopa de pollastre amb ordi (el título original, Chicken soup with barley) cuenta la historia de una familia socialista a lo largo de veinte años del siglo XX. Al principio son jóvenes, están llenos de ilusiones y de esperanzas. Sin embargo, sus deseos fracasan, sus esperanzas se quedan en nada y poco a poco, se van pasando “al otro bando”, hasta que sólo queda la madre, luchadora hasta el final. Después del tiempo transcurrido, tanto su familia como su ideología están deshechos. La obra está bien llevada a escena, pero tiene varios defectos que pueden arruinar parte de la función, y que comentaré más abajo.

Entre los actores destaca Pilar Martínez en el papel de Sarah Kahn. Es una actriz muy buena que logra lo que pocos actores llegan a conseguir: que no parezca que está actuando en absoluto. En el resto del reparto, los actores más jóvenes salen peor parados, pues se sitúan en el otro extremo, en el que resulta evidente que actúan y no parece que pongan mucha pasión en el texto. Además, y a pesar del pequeño tamaño del teatro, a veces resulta difícil escuchar lo que dicen.

La escenografía elegida es una mesa que representa el comedor de los Kahn sobre una plataforma giratoria. Aquí está una de las pegas de la función: ¿por qué es necesario poner público a ambos lados del escenario, haciendo que éste tenga que ser giratorio? De esta forma, a veces los actores dan la espalda a la mitad del público durante escenas enteras, lo que es muy incómodo, ya que hablan hacia el otro lado del teatro. Con todo el público a un lado, se habría ahorrado la aparatosidad del escenario giratorio y los actores habrían estado de frente todo el tiempo. Si se hizo de esta forma para poder ocupar más asientos, se podrían haber usado las localidades de anfiteatro, como en la representación de Hedda Gabler.

El paso del tiempo tampoco resulta demasiado evidente. La proyección a ambos lados del escenario del año en que se ambienta cada acto no es suficiente, y puede pasar desapercibida para espectadores sentados en el centro con poca visibilidad sobre las paredes laterales. También en los cambios de acto está el que es para mí el peor defecto de la representación: el intento de actualización del tema mediante la música y el baile estilo hip-hop. Resulta tan anacrónico que saca por completo al espectador de lo que está viendo. El actualizar una obra para que no resulte anticuada está bien, pero cuando esa actualización está vacía de contenido (pues la letra de la canción sólo explicita lo que Wesker ya cuenta de forma mucho más sutil con el diálogo de sus personajes) y además desentona tan claramente con el resto, el efecto es desastroso. No obstante, no todas las decisiones en el montaje de la obra son malas. Por ejemplo, el final resulta llamativo y apropiado: menos Sarah, todos los personajes han sucumbido, por eso todos son inválidos, todos van en silla de ruedas.

Iluminación, vestuario y efectos sonoros son correctos, sin nada que destacar o reprochar en ellos.

En suma, resulta una obra recomendable por la gran calidad del texto en el que se basa y algunas muy buenas interpretaciones, pero que queda lejos de la perfección por lo que parecen malas elecciones a la hora de llevarla a escena.