Teatro Inglés
de los siglos XIX Y XX.
Eva Serra. García.
Grupo A.
En este trabajo voy a hacer un análisis
comparativo de tres obras de tres autores diferentes, "Look back in Anger",
"Waiting for Godot" y "The Kitchen", de Osborne, Beckett y Wesker, respectivamente.
Los tres pertenecen a la llamada generación de jóvenes descontentos,
siendo el primero de éstos, John Osborne el pionero de este sobrenombre
de los autores de los años cincuenta.
"Look back in Anger" (1956), la obra del
dramaturgo y guionista británico John Osborne, habla de la rebelión
contra las costumbres tradicionales. Marcó un hito en el teatro británico
posterior a la 11 Guerra Mundial. Se trata de una obra dividida en tres actos,
el primero de los cuales se encuadra en primavera; el segundo, dos semanas
después, y el tercero, varios meses después. Tiene muy pocos
personajes, cinco en concreto, destacando Jimmy Porter, Cliff Lewis, y Alison
Porter. El personaje de Jimmy no para de quejarse de todo aquello que le
rodea, y de discutir con su mujer, Alison, y su amigo Cliff. Es el que da
pie a la célebre frase de jóvenes descontentos. Va a tener
un hijo con Alison, pero ésta pierde el bebé. Es una mujer
que depende mucho de su marido, el cual comienza una relación con una
amiga suya del colegio, Helena, a la que finalmente abandona para volver
con su mujer, a la vida que tenían antes. Es una obra muy lenta, con
pocos cambios, pero con muchos detalles en el decorado, el salón de
la casa de los tres personajes principales.
"Waiting for Godot" es una obra en dos
actos de Samuel Beckett, escrita y publicada en 1952. Pone en escena a dos
parejas de personajes (Estragon y VIadimir, el amo Pozzo y el esclavo Lucky)
en el mismo escenario durante los dos actos. Vladimir y Estragon, bajo un
árbol del camino, en el campo, esperan a Godot, del que no saben nada
más que lo que anuncia un niño al final de cada acto, - que
irá mañana-. En esa espera se encuentran por casualidad con
Pozzo y Lucky. Pozzo tiene atado con una correa a Lucky, y quieren distraer
su aburrimiento.
La obra no tiene fin, las situaciones
se repiten. La situación es un absurdo, ampliada por los diálogos
de sordos (juego con el sentido de las palabras, preguntas y respuestas desfasadas...),
los gestos de los personajes, que en el segundo acto rozan la farsa. La obra
es una constatación desesperada de la condición humana en espera
de un sentido exterior que nunca llega. La falta de intriga, de sorpresa
teatral, y la banalidad del discurso se saltan todas las reglas de la dramaturgia.
Esperando a Godot señala una ruptura muy clara en la literatura teatral
que abre paso al teatro del absurdo.
Es una obra que tiene muchas interpretaciones
posibles, pues Godot, se puede interpretar como que existe, como que no,
como que es Dios...
Al igual que la obra anterior, tiene cinco
personajes, aunque esta vez se trata casi de un diálogo entre Estragon
y VIadimir, con las apariciones del niño, al final de cada acto. También
se pueden ver las aportaciones de Pozzo, no así las de Lucky, (quién
tiene un nombre un tanto irónico, ya que estando sometido a Pozzo,
se llama "afortunado"), ya que solo hace un largo monólogo, en el
que no hay mucho sentido, pues lo dice todo de un tirón, sin pausas.
El escenario tampoco varia mucho, se mantienen todo el tiempo en torno a
un árbol en el campo. El mensaje que se extrae de esta obra, es el
de la espera, pues los personajes la mantienen, sin saber lo que les deparará
su futuro inmediato. A pesar de que amenazan con ahorcarse en varias ocasiones,
su fe, y su ilusión de ver a Godot, les lleva a mantener la espera
una y otra vez.
La última obra, "The Kitchen""
(1958), de Amold Wesker, es la que mantiene más diferencias con respecto
a las dos anteriores. Es una obra más rápida, con treinta personajes,
dividida también en dos partes con un interludio.
La cocina de un gran restaurante en la
que se reúnen los 30 trabajadores se convierte en un microcosmos que
permite reflexionar sobre una sociedad en la que no parecen existir más
aspiraciones que las de tener comida, trabajo y sueldo. Cocineros, camareras,
limpiadoras, el dueño, el chef..., todos tienen su razón y
su manera de sobrevivir en la cocina dé este restaurante que muchas
veces chocan con las de sus compañeros. Y así surge la envidia,
el odio, la piedad, la amargura, el racismo... y los sueños. Porque
todos están de acuerdo en que la realidad que viven es muy mejorable.
La culpa la tienen los inmigrantes, pero no sus compañeros, que esos
son de los buenos. Pero la culpa la tienen también los populares,
y los socialistas, y el dueño del restaurante y el capital, y los
sindicatos...
La obra, en el primer acto, muestra con
gran vivacidad y buen sentido del humor, la vida cotidiana; luego en la segunda,
nos damos cuenta de las ilusiones del personal, nos enfrentaremos con distintas
ideas y posturas en la vida. En el tercer acto, el director del restaurante
no podrá entender la agitación de sus empleados, no entenderá
que la ira de uno de ellos, en un ataque de violencia y desesperación,
detenga bruscamente todo el proceso culinario. La obra es ágil, de
constantes movimientos escénicos, de cortos diálogos que casi
se sobreponen; es un texto que permite gags cómicos y los aúna
con la belleza de algunas intervenciones.
Las tres obras mantienen unas características similares,
con las citadas diferencias, pero a pesar de ellas, las 3 manifiestan un mensaje
claro, son obras de complicada comprensión, en las que para llegar
a entender de forma completa, hay que tener un profundo conocimiento de las
características de la época, las situación social, política,
del autor, etc.