Querido Mario:
No sé cómo no te he podido decir esto antes. Durante todo este tiempo he intentado ocultar mi amor por ti, pero ya no puedo continuar así, y creo que debo decírtelo.
Te amo Mario, te amo cómo ningún hombre ha amado jamás a otro hombre, y por nada del mundo desearía perderte, porque eres el hombre más hermoso, dulce y encantador que he conocido jamás.
Mi corazón arde en deseos de besarte y acariciarte, de estrecharte entre mis brazos y fundirnos en un solo beso; y de poder decirte algún día: "te quiero, amor mío". Pero el cruel destino ha querido separar nuestros corazones y que nuestras vidas sigan cursos diferentes, deseando que nuestro amor sea imposible.
Pero así y todo, seguiré soñando con que algún día lleguemos juntos a ser adorables ancianitos, y que tú me digas: "¿recuerdas aquellas noches de pasión salvaje y desenfrenada que pasamos tu y yo juntos a la luz de la luna haciendo el amor, cual animales en celo satisfaciendo sus más puros instintos sexuales?
Ya no sé qué hacer. Ahora estoy dispuesto a lanzarme al vacío por nuestro amor, y sólo una palabra tuya podrá hacerme cambiar de idea.
No, No aguanto más, amor mío. Lo siento mucho.
Adiós cariño mío, adiós para siempre.
P.D.: Cuando leas esta carta yo estaré cayendo al vacío desde lo alto de un tren... Y si sigo con vida lo celebraré con una enculadita rápida, de esas que te hacen estremecer de pasión... y de dolor.