El último retrato de Goya (1989):
Durante el largo periodo de caos que
marcó en España el salto de siglos entre el XVIII y el XIX, en una época de
agitación política y guerras patrióticas, Francisco de Goya tuvo que ganarse la
vida como pintor de Corte, haciendo retratos de
familia real y de la aristocracia. Pero su retrato más importante quizá
no sea ninguno de ellos, sino el fenomenal retablo que integran sus dibujos y
grabados, hasta pintar el rostro monstruoso y revuelto de su tiempo.
El último retrato de Goya está inspirado en diversos episodios de la
vida del artista. Es, por así decirlo, una serie de diálogos de alto contenido
iconográfico, la antítesis de una «comedia de época». Los autores, dando
réplica al genio inventivo y a la tremenda expresividad de Goya, trazan una
semblanza del pintor que nos lo sitúa en su tiempo sin dejar de presentárnoslo
como un hombre que nos habla desde el presente, como si hubiera conocido
nuestros problemas actuales, como si hubiera pintado el futuro.