Las numerosas ciudades-estado griegas eran independientes y gozaban de diferentes sistemas de gobierno. Sin embargo las poleis más poderosas ejercían influencia sobre las otras y, en algunas ocasiones, intentaban dominarlas. Para evitar la preponderancia y subsiguiente tiranía de una de ellas otras poderosas comunidades-estado formaban ligas, alianzas y firmaban tratados. Como interesante ejemplo podemos observar las alianzas entre las poleis argiva, lacedemonia, tebana y ateniense desde la época de Pisístrato a Filipo II.

Un esbozo de liga peloponésica se forma ya en el siglo VI a. C. alrededor de Esparta. Aunque apenas constituye algo más que un sistema de alianzas. Al menos quedaba clara la antagonía con Atenas. Esta liga excluye a la ciudad de Argos que, en esa época gozaba de gran fuerza. Al parecer Argos se encontraba políticamente más cerca de Atenas que de las otras poleis del Peloponeso. Esta liga no interviene, dada su debilidad, cuando Clístenes entra en conflicto con Beocia y Eubea en el 506 a. C.

 La Guerras Médicas consiguen aliar todas las poleis griegas en la liga de Corinto en contra del enemigo persa. Esparta finalmente se retira de la guerra al levantarse contra ella muchas poleis aliadas por sospechar de su jefe Pausanias (se dijo que trataba con Jerjes, rey de los persas).

 Cuando acaban las guerras médicas el ateniense Arístides crea en 478 la confederación marítima de Delos. Aunque al principio es una simple alianza militar (sinmaquia), el pago de tributos por parte de las poleis aliadas a Atenas para mantener una flota de guerra permanente, atrae la codicia ateniense y en el 454 se traslada el tesoro de la confederación de Delos a Atenas. Poco a poco Atenas va imponiendo su autoridad a las poleis de la liga: impone su moneda, su sistema de pesos, organiza la forma de gobierno y, en el 469, se prohibe el derecho de secesión. Se puede decir que estamos ante un imperio ateniense ya que en época de Pericles hay doscientas ciudades integradas en la confederación.

 Esta preponderancia ateniense empieza a ser molesta para muchas ciudades. Naxos, por ejemplo, quiso salir de la confederación y fue severamente reprimida. La postura de Esparta ante Atenas era de clara antagonía y potencia cualquier rebelión contra ella. Así las ciudades de la confederación empiezan a reaccionar contra el poder ateniense. La guerra del Peloponeso no es más que la prolongación de las pequeñas guerras emprendidas por estas y otras ciudades contra Atenas. El conflicto de Atenas con Corinto y Megara provoca un enfrentamiento directo con Esparta, que se alía con Tebas. Atenas y Esparta, ya agotadas ante el gran esfuerzo bélico, firman la paz en Nicias el 421 a. C.

 Así se inicia la decadencia de Atenas y Esparta reinicia las hostilidades y finalmente en el 404 Atenas se rinde ante Esparta. Aquí comienza la hegemonía espartana que fue menos pronunciada que la de Atenas pero también de gran opresión para las poleis subyugadas. Ante esta situación el pueblo de Tebas se subleva contra el gobierno prolacedemonio y agrupa a su alrededor la Liga de Beocia. Atenas, a su vez, recompone una confederación marítima menos tiránica que la anterior. La alianza de estas dos importantes poleis acabará con la derrota de la liga espartana en la batalla de Leuctra el 371 que tuvo mucho que agradecer a las excelentes tácticas del caudillo tebano Epaminondas.

 Así Tebas pasa a ser la primera potencia de Grecia. Aunque esta preponderancia no había de durar mucho. En Mantinea el 362 a. C. Tebas se enfrenta con una liga formada por las ciudades de Esparta y Atenas. Con la muerte de Epaminondas en esta batalla acaba el predominio Tebano. Con la llegada de Filipo II y, posteriormente, Alejandro se pondrá fin a la división política de la Hélade instaurándose un nuevo orden que desemboca en el imperio helenístico. Aunque antes de esto aún podemos constatar una última alianza entre Atenas y Tebas para combatir el avance de Filipo. Esta alianza sirvió de poco ante la excelente organización del ejército macedonio que venció y así acabó con la última resistencia que podía encontrar en la Hélade.

 

 Podemos concluir, una vez vista la gran diversidad de las alianzas llevadas a cabo, que las comunidades-estado griegas nunca tuvieron amigos sino aliados, es decir que sólo actuaron según su conveniencia sin detenerse ante prejuicios contra otras ciudades. Ya vemos como Atenas y Esparta se pasan dos siglos peleando y cuando Tebas se hace con el poder se alían para combatirla. Asimismo también se puede apreciar como la hegemonía entre las ciudades se va sucediendo gracias a los juegos políticos y sistemas de alianzas entre ellas. También podría deducirse un orden de alternancia sistemática en esta hegemonía ya que cuando una polis por fin consigue la preponderancia sus aliados dejan de apoyarla y se alían con las poleis con las que antes combatían. La posesión de la hegemonía implica el rehacer el sistema de alianzas siempre con una pérdida de poder suficiente para que la segunda polis en importancia ocupe la cabeza de la Hélade. A mi parecer éste es un buen sistema de regulación del poder ya que ninguna ciudad podrá nunca ser tan poderosa como para poder vencer a todas las otras poleis juntas.

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