
En III Reyes 3 podemos leer el título: Sabiduría de Salomón.
Este capítulo nos narra cómo Salomón llegó a ser el rey de gran sabiduría que ha trascendido hasta nuestros días. Por supuesto la Biblia trata el personaje de Salomón con gran respeto y le imbuye un nimbo de santidad que una lectura comprehensiva del texto puede ayudarnos a deshacer.
En cuanto leemos algún fragmento del Antiguo Testamento nos damos cuenta de que no comprende el hecho religioso como lo hacen los cristianos actuales. De hecho los personajes más santos, como puede ser el mismo Salomón, llegan a ser experimentados genocidas que no dudaran en eliminar a sus enemigos para consolidar su poder, valiéndose de cuantos medios encuentren a su alcance.
Los textos sagrados no esconden en ningún momento estos hechos aunque los apoyan y justifican sin dar a conocer los auténticos motivos que los impulsaron. Es una postura totalmente comprensible ya que cualquier otra hubiese significado unirse a la lista de víctimas reales.
Así pues los reyes encontrarán en estos textos un apoyo y la justificación a sus acciones y Salomón no es una excepción, más bien se convierte en paradigma de rey bíblico. En el tercer capítulo del tercer Libro de los Reyes se nos narra como, tras los debidos sacrificios a Yahvé, Salomón recibe la típica aparición de éste que, por su devoción, le concederá lo que desee. Muy prudentemente Salomón le pide la sabiduría necesaria para poder guiar a su pueblo con éxito. Ante tan desprendida petición Yahvé no pudo menos que conceder a Salomón un corazón sabio y prudente.
En el último versículo, tras el famoso juicio de Salomón, encontramos este fragmento: "y temieron al rey, viendo que había en él una sabiduría divina". Al calificar de divina la sabiduría de Salomón hacen elevan las decisiones del rey a inescrutables. No se pueden discutir sus órdenes ni objetar sus decisiones ya que fue el mismo Yahvé quien le inculcó esa sabiduría y una orden de inspiración divina no se puede contravenir sin ofender gravemente a Yahvé.
Así pues podemos concluir que realmente la sabiduría de Salomón no era más que una invención para poder disolver toda resistencia a las decisiones del rey, que al estar inspiradas por una sabiduría de origen divino se convierten en inescrutables y todo aquel que se oponga al poder de Salomón, no sólo se convierte en un rival político con poco futuro, sino también en un hereje y, por lo tanto, en un enemigo del pueblo siempre temeroso de la ira de Yahvé.
Con esta estrategia político-religiosa no nos extraña que, como dice la Biblia, el poder real se consolidase en manos de Salomón.
Hèctor Aleix Orengo Romeu.
Grupo de la tarde del Lunes de 5 a 7.
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