Camino hacia Dènia,diluviando. Llegada a Dènia, inundaciones. Primer
camping, desalentador. Y esta foto corresponde al momento en el que desplegamos la famosa tienda para nueve. Caras compungidas
y desencajadas ante tal acontecimiento. ¿Cómo nos meteríamos siete en una tienda como esa? Después se descubrió el pastel: la
tienda era de cinco. Merecen comentario especial Toni y María que durmieron en el avance. Para los novatos, la de rojo es Blanca.
Después de sobreponernos a semejantes acontecimientos y una vez montada la tienda,
procedimos a prepara la cena. Sopita, fiambre y otros víveres típicos de una acampada. Las perspectivas comenzaban a mejorar.
Momento de gran interés cultural, todos observamos como se calientan nuestros alimentos.
Bajo una luz cegadora (gracias Ruthy), pudimos disfrutar de una cena pantagruélica bajo las estrellas. Cociner@s, todo "riquisísimo".
Con los mismos protagonistas que en la foto anterior, no seríamos delincuentes juveniles si
no hubiera una estampa como esta: ¿Qué puede hacer un grupo de chavalillos un viernes por la noche después de cenar? Pues eso, VIVA EL ALCOHOL Y
LA BUENA MÚSICA. Mistela, sangría, cerveza y "qüisqui" nunca faltarón.
Bueno, bonita estampa. Nosotros buscábamos escalar el Montgò
pero, lógicamente, ninguno sabía como llegar a él. Pues, después de mucho preguntar a los guiris, encontramos una
M en el camino. Todos decididos, seguimos tal indicación hasta el final para descubrir que dicha M no significaba
Montgò, sino que era la publicidad de una galería de arte. Después de hayarnos en un callejón sin salida y de las per-
tinentes risas, encontramos un bello mirador desde el que pudimos observar esta bella postal. Sin palabras.
Al día siguiente, cual fué nuestra sorpresa al ver
el día tan estupendo que había salido. Pues nos dirigimos a escalar una de las montañas más carismáticas
de nuestro paraje: el Montgò. Segundo intento de una autofoto después de que Pepe se hiciera una a sí mismo.
Tranquilo, Pepe, sabemos que buscabas protagonismo. Anécdota del día: cogimos la bolsa que no era y, en lugar
de llevarnos la comida, cogimos los víveres del desayuno. Imaginaros que comida tuvimos.
Después de sobreponerse a los miedos de las alturas y escaladas,
Ruth se sentía como pez en el agua. Prueba de ello es que María consiguió subirla a no sé dónde para que se hicieran
una foto. La carita de Ruth no tiene desperdicio.
Por fin alcanzamos uno de nuestros objetivos: la
"Cova de l'aigüa". Como su nombre indica, es una cueva con agua. Es curioso porque hace un fresquito
agradable y, de vez en cuando, notas como las gotas caen sobre tu cabeza y no está lloviendo. ¿Estábamos
locos? No, habíamos llegado a la Coveta. En la foto se puede apreciar la humedad existente en aquel lugar
como muestran las manchas de agua en la roca.
Esto es en el interior de tal cueva. Hay como una especie
de balsa o algo así y, ante el sofocante calor que hacía, nuestros tres intrépidos se lanzarón al agua para re-
frescarse los pinreles. Los síntomas de congelación posteriores no deben comentarse.
Después de un duro día caminando, regresamos al campamento base.
Gracias a Pepe y Alba (y, en menor medida, Blanca) la cena degustada fue a base de espárragos recolectados directamente
del monte. El sabor, inigualable. La gatroenteritis, inexistente. Momento en el que nos dedicamos a la preparación de dicha
cena: un increible revuelto de espárragos (iba pa tortilla, pero se quedó en eso).
Podreis apreciar que no exageraba. En estos momentos, después de cenar,
empezamos a notar en nuestras piernas el pesado camino del día. Hombre, seis horas caminando no son para menos. De todos modos,
la fiesta nocturna no acabó ahí. Somos blandos, pero de nuevo una buena música nos animó hasta el final.
Pues lo que os decía: apareció el alcochol y desapareció la dignidad. Ya veis
el estado de alguno de nosotros, pero Antonio describe mejor que nadie nuestro momento de estupidez (sana estupidez, por supuesto).
Lástima que la sangría murió pronto, si no hubiera habido cosas mayores.
El domingo fue un día relajado. Blanca y Javi tuvieron que irse nada más despertar
y al resto los echaban del camping, así que se decidió recorrer el pueblo para conocer a los lugareños. Podemos apreciar (si no tuvieramos
interferencias) la belleza del casco antiguo deniense.
Suponemos que esto es el emblemático Castillo de Dènia. Pero hay un problema:
¿Cuándo le dió tiempo a TOni a cambiarse de sexo? La verdad es que te has convertido en una buena moza, pero... Algún día tendremos la
explicación. Mientras, disfrutad de la puerta del castillo y ¡de los calzoncillos de Pepe! ¡¿Pero qué está pasando?!
Como podeis observar, el domingo salió un día peor que el anterior, pero ello no
impidió a nuestros protagonistas disfrutar de una magnífica paellita en la playa. Foto de la tan premiada playa de Dènia que, así vista
no tiene mucho más que nuestra playa de las Arenas (jeje). Esta quizá fue la foto más triste pues fue el final de fiesta. Pese a todo, el tiempo
acompaño y tuvimos nuestra acampada perfecta como todos deseábamos. La próxima, con toda la tropa (y con una tienda adecuada, por favor).
