Y desaparezco...

Ya no estás, sola. Tu mirada perdida, sin forma. Te sentaste en un sillón dejando el tiempo pasar, y no volverás a levantarte más. Desde que se fue dices que no eres nada, no puedes olvidar. Te quedas callada, sin querer respirar. No quieres seguir queriendo, no puedes seguir fingiendo. ¿Lo extrañas? Te creo. Cualquier suspiro de ilusión se ha desvanecido ya, y solo te queda el recuerdo, recuerdo muerto. Recuerdo incierto. Te duermo. ¡Si quisieras reaccionar! Te darias cuenta de que nada es igual, de que todo ha cambiado, de que te puedes levantar. Todos giran y tu estás, muerta en vida en ese lugar, ese sillón viejo, esperando por esperar. Alguien que viene, alguien que se va, pero nunca será él. No, nunca más. Un año, dos años, tres quizá, ¿todavia no has despertado? No volverá a tu lado. Despierta. Te levantas, reaccionas, piensas, reflexionas. Te das cuenta de que todo acabó, y por fin, tiras el sillón.