Érase una vez...
El espejo
Los pájaros que emiten escalofriantes silbidos se confunden con sombras de los árboles olvidados.
Entre tinieblas la oscura luna brilla, baila en el cielo como única llama de vida que aún arde en el mundo. En soledad camina, se dirige a un precipicio. Un destino fatal elegido por voluntad propia, perseguido durante años sin más motivo que la dulce apariencia, sin otro apoyo más que soledad.
Muerte como remedio a todos los males, como única garantía de seguridad.
A menudo piensa que no está haciendo lo correcto y mira hacia atrás para intentar rescatar las razones que guardan la fuerza de la verdadera felicidad.
Pero la vergüenza gana siempre la batalla y es ella la que se niega a mostrar los sentimientos que se ocultan tras la vanidad y la fría necesidad material.
En su camino encuentra un espejo y, sintiendo que no le queda nada que perder, se mira en él sin miedo, desnudando cada parte de su piel.
- Bella eres, capaz de enamorar un corazón de cristal como el mío, sin embargo, la magia acaba tras tu dulce faz, pues vacía de sentimientos estás.
Y los resquicios de su horror pretenden despertarse al ver el reflejo de un monstruo.
La sangre quiere arder en sus venas, la preocupación quiere invadir su mente pero, entonces, se da cuenta, y maldice al espejo y la verdad que guarda.
Ya no se oyen los pájaros y no brilla más la luna en el cielo. La poca vida que le queda pierde el sentido que podía tener.
Se apaga finalmente el cielo, la muerte aguarda y el rumbo triste e inalterable de sus pasos la siguen cada vez más de cerca.
Pronto llegará el día en el cual las heridas sanen. Atada a la eterna nada sentirá por fin el calor de su merecido castigo. Y lágrimas de emocionante dolor volverán a salir de sus ojos, intentando sofocar el fuego del infierno que acogerá al cuerpo sin alma.
Cuento de hadas
En la eterna espera de nuevo, sin saber a qué aferrarse. La niña triste se pierde en los pensamientos nostálgicos. Su amor se escapa de sus manos.
Fue como en un cuento de hadas.
Él, con cara infantil, cara de duende, la miró. Y ella, sonriendo, le devolvió la mirada de asombro.
"¿Eres real? No puedo creérmelo.
Él le cogió de la mano y le empezó a decir galanterías, como si se hubiese quedado hechizado por su sonrisa y su mirar.
Se gustaron, se tocaron, se hablaron. Y fue como si ya se conociesen. Ella reconoció en su voz un tono familiar. Le había visto, quizá en otra vida, pero estaba segura de que el destino le mandaba encontrarle y enamorarse de él. Sí, no había duda, estaban destinados el uno para el otro.
Luego fueron juntos a pasear por la playa para ver el sol aparecer. Y allí, en la playa, se contaron su historia.
Las vidas que les habían llevado a ese curioso destino. el pasado que había servido para encontrarse. Todos los momentos, hasta los más insulsos y aburridos, habían cumplido una misión importante. Todas las penas y alegrías parecían cobrar un sentido específico.
La niña sentía que su sueño se hacía realidad. Allí, delante suyo, aparentemente solo había un chico. Pero en su mente, en su alma algo le decía que, tras esa simple apariencia, se escondía el tesoro que llevaba buscando hacía años.
Era su príncipe azul, el chico de sus sueños.
Las estrellas y, más tarde, el amanecer, le mandaban señales, murmullos. Oyó como el mar susurraba en sus oídos: "es él, es él" "bravo" decían las estrellas " le has encontrado"
. La arena, el viento, los pescadores:" bravo, bravo". El mundo la aplaudía, la felicitaba.
Y apareció el sol enorme para saludarla y también felicitarla. Para alumbrar el primer día de su curioso enamoramiento.
Ya hacía años de ese curioso suceso pero ella aún lo recuerda con tal precisión que le asusta. Parece que el color de esos ojos verdes la hubiese trastornado de tal manera que jamás en la vida pudiese quitárselo de la cabeza. Esa mirada interesada, curiosa, extraña, pero a la vez tan familiar que la encontraba, que le preguntaba, que la buscaba.
Ella le miraba sin entender por qué le regalaba el destino una mirada tan hermosa como aquella. Sin entender cómo un chico tan guapo se hubiese interesado en su persona.
Supuso que , al conocerla, su interés desaparecería y por ello no fue todo lo sincera que pudiese haber sido.
Besarla, quería besarla. pero ella prefirió no hacerlo y no se arrepintió. Mas ahora mismo no sabe qué no haría por tener la oportunidad de volver a esa playa, a ese momento, a esa mirada preciosa de cuento.
Para besarle con la magia y la ternura que jamás hubiese experimentado.
Tocarle, descubrir que es real. Y abrazarle para sentir cómo su corazón late junto al suyo. Y darle toda su alma para que la guarde y la mime. Y tener ella la suya para cuidarla como al tesoro más preciado que en su vida pueda volver a encontrar
Creyentes
Luchan por el amor que ya todos parecen haber olvidado.
Errado momento para hablar de sentimientos profundos. Errado momento para derrochar aquello de lo que no hay mercado.
Quieren caminar a contracorriente sin mirar las consecuencias fatales.
Aman a una edad temprana, en un país que tiende a la cosificación de todos los entes.
Vuelan por cielos de aires turbulentos y se oponen rotundamente a despertar, poner los pies en el cuelo y conformarse con ver las estrellas desde muy lejos. Conformarse con estar juntos aunque separados, unidos por sólo un vínculo interesado, vivir facilitándose la existencia el uno al otro y no suponiéndolo todo el uno para el otro.
Como creyentes en tiempo de agnosticismo. Pretenden levantar iglesias enormes sobre desiertos de nada existencial y hablar del espíritu en un mundo que va congelándose por el efecto material.
Triunfador
Como un pájaro que aprende a volar y se enamora del arte para el cual la naturaleza le ha creado, comenzó él a volar adquiriendo conocimientos que le prometían la libertad.
Con un impulso en su interior que le pedía no parar hasta agotarse, hasta que la conciencia de su propio vacío le despertase una mañana maldita.
Él quiso pertenecer al grupo de los triunfadores. quiso ser roca a la que ninguna ola vence. quiso ser iceberg y heló su corazón hasta vaciarlo de toda emoción. Quiso ser libre de cualquier otro corazón que lo quisiese encarcelar. quiso con su razón alcanzar la felicidad. y su gélido plan se estrelló contre las pasiones mundanas, se encontró con las miserias del mundo.
Intentó huir de ellas pero el fango de los perdedores le tenía ya muy calado.
Por supuesto no halló felicidad alguna alejándose de la instintiva suciedad y murió solo, rodeado de mucha gente que se aprovechaba de su éxito. Se suicidó al no ver luz en los focos encendidos que iluminaban su triste espectáculo.
Enferma de vida
Parada en el sillón, esperando al último y más temido respiro. La vida continúa a su alrededor pero ella ya no avanza más, sólo va a peor.
Su brazo está roto, no le permite hacer nada con la mano derecha. Si hubiese nacido zurda quizá pudiese peinarse y hacer las cosas que antes hacía.
Sabe mejor que nadie lo que siente y la familia no le logra entender. No entenderán nada hasta que sufran su dolor en su propia piel.
Come sin ganas, todo sabe a lo mismo y traga medicinas que le ponen aún más enferma.
Dios es quien le ayuda desde el cielo porque sabe que siempre tuvo una fe profunda en él. Es él quien la levanta cada mañana para regalarle nuevos días de prosperidad junto a su adorable familia.
Pero hace ya un tiempo, no recuerda cuánto, que los días sólo se repiten. Las ideas en su mente se han parado y ella misma está cansada de oír una y otra vez sus lamentos. No puede defenderse frente al tiempo que la hunde más y más en la impotencia, en el castigo de verse inútil para todo. Solo puede hablar de lo putrefacto que está el mundo, de la decadencia de todo el mundo exterior, que es reflejo de su interior.
Quisiera ponerse buena, aún espera que vuelva la cálida primavera entre la espesa niebla de ese eterno invierno.
Al menos sus palabras serán recordadas por las generaciones más jóvenes que, cuando lleguen a su edad, entenderán a su abuela. Son ellos su razón de seguir viviendo. Pero también tiene una familia en el cielo, que le recibirá pronto con los brazos abiertos. Los que deje en la tierra lo sentirán con gran pena pues se volvieron locos cuidándola y protegiéndola.
Todos la ignoran cuando les pide que le dejen descansar en paz de una vez, que no quiere ver más hospitales con más enfermos putrefactos y viejos como ella.
Solo una niña que creció muy deprisa parece escucharla. Está callada pero al mirarla ella sabe que la entiende. La admira tanto que no sabe por qué los demás no quieren salvarla de su dolor.
Enferma de vida, con un exceso de días a su espalda con el que ya no puede cargar. Parece absurdo tener miedo a una muerte que podría traerle la salvación. Pero ese miedo es más real que todo lo que ha conocido.
Toma su dosis, acaba su plato y se rinde ante él durmiendo en el silla para echar solo una pequeña siesta y seguir demostrando que es una superviviente.
No estoy de acuerdo
Estoy de acuerdo en que tu vida y la mía caminen separadas.
Que te veo charlar y reír con otra gente y pienso que eres más feliz que antes. Y yo, como siempre, intento hacerme la víctima, quedándome en mi rincón para ver si sientes al menos pena por mi y te acercas para volver a regalarme tu calor.
Calor que recuerdo me agobiaba a la vez que me adulaba y eso me gustaba porque me hacía sentirme importante. Pensaba que cada día contaba y cada día no tenía más sentido que el de ilusionarte un poco más para dejarte con más ganas. Mi intención no era mala aunque cueste entenderlo. También quería que tú me ilusionaras aunque no me percaté de que no eras el ilusionista que creía conocer.
Te sentiste engañado y me dejaste a un lado para ya nunca considerarme parte de tu vida. Huiste del dolor como un gato del agua y ahora eres alérgico a mi mirada.
No te pienso ni tocar aunque miento si digo que no tengo ganas de estar contigo de nuevo a solas. Sintiendo tu abrazo. Me encantaría volver a ver tus ojos de sol pidiéndome explicaciones. Me encantaría volver a sentir contigo. Sentir que estoy viva y que significo algo para alguien. Que alguien se va pensando en mí. Que tendré a alguien con quien celebrar los aciertos, alguien a quien contarle mis penas.
Ya ni me hablas y ,mucho menos, me escuchas. Con un saludo apresurado debo conformarme. Parece que mis viejas historias ya no te interesan. Yo que te he hecho llorar, reír, pensar, sufrir, te he inspirado, te he he hecho luchar y descubrir el sabor amargo del amor. Puede que las cosas malas ganen a las buenas. Pero tú también me hiciste sentir como una perra traicionera y me pusiste furiosa más de un vez. .
Pero si yo, aún así, te echo de menos. Dime si tú no sientes el mismo vacío. Si no te mueres por una de esas conversaciones, aunque fuesen llenas de reproches y ataques hacia la forma de ser de cada uno. Si no sientes ni un poco de añoranza, si tu corazón no late melancólico recordando esos momentos que vivimos, será que sólo yo era la bohemia, loca poeta y absurda compañera. Será que sólo alguien se formó una ilusión y sólo alguien se alimentaba del calor que desprendía nuestra relación.
Yo aquí, pasado el tiempo, sigo viéndote desde mi escondite y el no saber si te arrepientes me deja loca y me hace pensar que estuve sola en aquellos momentos. Y ahora más que nunca, soy yo la engañada, la que no siente más que frío y se queda con las ganas.
¿Estoy de acuerdo con haber salido de tu vida? No lo estoy para nada. No lo estoy, por supuesto. Y si no te lo digo es por falta de valor. Pero en el fondo sé que no estoy de acuerdo y me muero por gritarte que aún respiro y aún tengo mucho que contar. Gritarte que tengo frío, que necesito tu amistad para sentirme en paz.
¿Acaso hay alguien que ahora te pregunta por tu vida, por tus sentimientos?¿ Alguien que no huye de tu soledad ni tu debilidad? Yo no tenía miedo de escuchar tu silencio ni de llenarlo con cualquier argumento. No tuve miedo de llenar las horas grises.¿ Acaso encontraste a alguien que se atreve a confesar su soledad y a fundirla con la tuya para hacerla desaparecer? Una poeta más desinteresada que yo o más loca. Preséntamela entonces, es una urgencia