LORENA NAVARRO SANZ                FILOLOGÍA INGLESA
TEATRO INGLES SIGLOS XIX Y XX        GRUPO A


TRABAJO SOBRE EL FUTURO DEL TEATRO Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS


En este trabajo el tema que vamos a desarrollar es el expuesto más arriba en el titular, cómo creemos que será la situación del futuro dentro de unos años; teniendo en cuenta las nuevas tecnologías que se están incorporando en las representaciones teatrales.

En principio, los sujetos cognitivos cumplimos nuestra tarea de recibir información y transformarla en conocimiento de dos maneras distintas: en primer lugar, recibiendo y procesando directamente información sobre el mundo externo a nosotros; es decir, sufrimos en carne propia el drama, o el trauma, de la existencia, y acumulamos experiencia personal. En segundo lugar, hacemos hincapié en la información de la observación de experiencias ajenas. Es obvio que este segundo proceso no podría siquiera empezar a darse, de no ser por la puesta en operación de mecanismos de proyección: es decir, que aprendemos en piel ajena en la medida en la que reconocemos en otro un simulacro de nosotros mismos, en su esfuerzo cognitivo nuestro propio esfuerzo, en su lucha para aprender a vivir, algo de nuestra lucha.  En este sentido, tiene poca importancia el que el otro sea un ser humano o una creación de la ficción. Lo que cuenta es la fuerza comunicativa con la que la experiencia ajena nos impacta y nos fuerza a compartirla, y esto es un problema de lenguaje. Si una escena en vivo, en la cual estemos presentes, nos impacta más que un reportaje leído en un diario, es porque en la primera operan los mecanismos de la comunicación corporal además de los otros de la comunicación verbal. Entre estos dos extremos está toda la gama de los géneros narrativos y dramáticos, tanto aquellos cuyo referente se supone real como aquellos cuyo referente es de ficción.
El teatro nos ofrece el ejemplo de uno de estos géneros intermedios. El personaje teatral, al leer el guión de una obra, parece mantener todavía un parentesco bastante estricto con el protagonista de una novela o un poema épico; pero cuando su piel es endosada por un ser humano en carne y hueso, que utiliza todos los recursos comunicativos de su humanidad, entonces el personaje teatral salta de nivel, adquiere vida, se vuelve  activo. El teatro es un juego de simulación interactivo, en el que experimentamos indirectamente lo que sería el coste de vivir  En esta luz el teatro aparece, desde el principio y por su propia naturaleza, como la verdadera realidad virtual. Si aceptamos este principio, el auxilio de los ordenadores para la representación teatral se puede considerar como una mejora útil y legítima de las herramientas comunicativas y cognitivas; si no lo aceptamos, si creemos que la realidad virtual está en las máquinas y no en nuestras mentes, caeremos en el espejismo tecnológico.
En 1915 tiene lugar el surgimiento del cine de montaje. El nuevo medio permitía dos cosas: por un lado permitía someter la recitación del actor al ritmo abstracto del flujo de imágenes, al mismo tiempo que aplanaba la diferencia entre el cuerpo real del actor y el volumen falso de los escenarios. Por otro lado, permitía obtener efectos parecidos a un "escenario viviente", sustituyendo el movimiento de la cámara al de la maquinaria automática. Desde el comienzo, las tendencias vanguardistas en teatro se encuentran en una relación estrecha con la innovación tecnológica. Esta provee al director una dimensión virtual, en la que las experimentaciones pueden hacerse fácilmente y con un costo incomparablemente inferior al que sería necesario para experimentar con escenarios reales.

Durante la mayor parte del siglo XX, hasta bien entrados los años ochenta, la experimentación con los aspectos técnicos de la puesta en escena tiene su terreno privilegiado en el cinematógrafo: por mucho que el teatro rico de Broadway se apresure a utilizar tecnología cada vez más costosa y sofisticada, ésta no constituye sino una parte pequeña de la gran comilona tecnológica que, mascada y predigerida por la industria del armamento, es regurgitada y reciclada en los estudios cinematográficos,

La imaginación, a finales de los años ochenta, parecía haberse establecido como enemiga de la ilusión: Entre los dos tipos de espectáculo, generador de imaginación que se convierte constantemente en ilusión, quedaba el mimo, aunque también quedaban entre imaginación e ilusión ciertos tipos de teatro tradicional, como el Ricardo III mitad hombre, mitad insecto de Londres, 1983, o de teatro-danza, como los juguetes mitad animales, mitad sólidos geométricos de Mummenschantz. Lo demás parecía ser conservación, reproducción, revisitación irónica del pasado.

Luego llegó la realidad virtual, aunque nadie sabe exactamente qué es. La fuerza provocadora del concepto está en su percibida contrariedad y de poco serviría explicar que, en efecto, lo "virtual" es antónimo de lo "actualizado" y que la realidad siempre es un enredo de los dos estados.
La trampa de la "realidad virtual" consiste en que parece utilizar tecnología para actualizar en tiempo real nuestras representaciones virtuales, mientras que en realidad usa nuestras acciones para representar en tiempo-máquina los sueños virtuales que duermen dentro de la tecnología. Los problemas éticos relacionados con la realidad virtual no son argumento para este trabajo; sí lo son, en cambio, las posibles aplicaciones de la realidad virtual al mundo del teatro.

La conclusión que podemos sacar de este trabajo es que es posible las limitaciones del "teatro tecnológico" sean superadas. Por lo dicho anteriormente, debería quedar claro que la utilización de las nuevas tecnologías en el teatro abre la posibilidad de construir escenarios virtuales que "correspondan a los desplazamientos" de los personajes en el espacio. Ya el teatro tradicional está, desde hace varias décadas, utilizando pantallas de proyección para comentar momentos claves de la acción escénica; ahora el teatro tecnológico abre la perspectiva de un escenario convertido en una sola, inmensa pantalla.