LA HISTORIA DEL VALENCIA
FUNDACIÓN. LOS PRIMEROS
PASOS Y EL CAMPO DE ALGIRÓS
Año 1919. En el
centro de la capital del Turia, en el Bar Torino, se gesta
la iniciativa de crear un club de fútbol. El primer
presidente del Valencia Football Club,
Octavio Augusto Milego Díaz, fue elegido
por azar: una moneda lanzada al aire sirvió para decidir
entre él y Gonzalo Medina Pernás, quien
finalmente se quedó con la parcela de la comisión
constituyente y de festejos.
Milego y Medina trabajaron codo con codo en un pequeño establecimiento de la calle Barcelonina que, en un principio, hizo las veces de sede del nuevo club. Junto a ellos estaban en aquella primera directiva valencianista los hermanos Pascual y Julio Gascó, Andrés Bonilla, José Llorca, Fernando Marzal y Adolfo Moya.
Sin embargo, la decisión de estos pioneros del Valencia no tuvo repercusión social y mediática, porque los periódicos de la época apenas se ocupaban del deporte y, además, la situación sociopolítica de España era incierta. Antes de la creación del Valencia Football Club, el fútbol existía ya en Valencia, a pesar de que no había un club hegemónico en la ciudad. Parece ser que el fútbol llegó a Valencia de la mano de los que, vinculados a la exportación de cítricos, habían estado en Gran Bretaña, cuna del balompié. Este fue el caso de Francisco Sinisterra o Ramón Leonarte. De la misma manera, era bastante común ver a los marineros británicos en los puertos valencianos jugando con un balón. Ya en 1908, en Valencia había equipos como el Levante, Gimnástico, Hispania o Hispano.
Una vez constituido el club, el primer partido disputado por el Valencia fue en terreno ajeno. Se celebró en Castellón, el 21 de mayo de 1919. Su rival, el Gimnástico valenciano. El resultado fue favorable para estos últimos por 1-0. La primera alineación valencianista de la historia tuvo como protagonistas a Marco, Peris, Julio Gascó, Marzal, Llobet, Ferré, Fernández, Umbert, Martínez Ibarra, Aliaga y Gómez Juaneda.
El primer campo propio del Valencia fue el desaparecido Algirós, inaugurado el 7 de diciembre de 1919. Algirós fue escenario de los partidos del club hasta 1923, fecha en la que se empezó a jugar en el campo de Mestalla. El día de la inauguración del primer feudo valencianista el invitado fue el Castalia de Castellón y el resultado fue un empate sin goles. Al día siguiente se volvieron a ver las caras ambos conjuntos y el Valencia se impuso 1-0.
Poco a poco, el público se fue animando a acudir a Algirós para ver el espectáculo futbolístico. Por aquel entonces las entradas ascendían a 25 céntimos y las recaudaciones empezaron a ser suficientes para sufragar los gastos.
Durante los años 20, el espíritu de revancha y la tensión deportiva iban en aumento cada vez que se enfrentaban los diferentes conjuntos en el Campeonato Regional. En 1923, el Valencia se proclamó campeón regional y pudo participar, por primera vez en su historia, en la Copa de España. La progresión en los resultados del equipo demostraba que estaba en disposición de liderar el fútbol de la capital valenciana. Tres o cuatro años después de su fundación, el Valencia ya era el enemigo más temible por el resto de equipos y su afición crecía cada vez más.
La importancia del conjunto valencianista se vio refrendada al contar con jugadores de gran calidad, como Montes o Cubells, a los que se les quedaba pequeño el fútbol regional. La afición se dividió entre los incondicionales de uno y otro jugador, como si de dos toreros se tratase: por un lado, estaban los cubellistas, y por otro, los montistas. Esta rivalidad era buena para el equipo, ya que ambos futbolistas tenían un objetivo común: defender los colores del Valencia Club de Fútbol.
Arturo Montesinos, Montes, debido a sus características físicas (medía 1’90 m), era un jugador más agresivo que Cubells. Eduardo Cubells, mucho más técnico que el anterior, fue el primer jugador internacional que aportó el Valencia y el segundo de la Comunidad Valenciana, tras Agustín Sancho, un jugador de Cabanes que militó en el F.C. Barcelona.
Volviendo a la primera participación del Valencia en la Copa de España, en la capital del Turia se creó una gran expectación. El rival fue el Sporting de Gijón. El partido de ida se disputó en el campo de Algirós, que registró un lleno histórico. El resultado fue 1-0 para los locales, tanto anotado por Montes. Un mes después, el partido de vuelta se saldó con una derrota abultada (6-1) del Valencia en Gijón, aunque como la competición era por puntos se jugó un tercer partido, celebrado en Oviedo, en el que el Sporting se impuso de nuevo por 2-0.
A pesar de la derrota, el Valencia aprovechó la oportunidad de medirse con un conjunto importante a nivel nacional, lo que aumentó el número de seguidores del equipo che. Este progresivo aumento del interés por el Valencia provocó que los dirigentes valencianistas buscaran parcelas en venta para construir un nuevo campo para el equipo. Se encontró una que estaba emplazada junto a la acequia de Mestalla.
MESTALLA: EL NUEVO
ESCENARIO DE LOS PARTIDOS
Ramón Leonarte fue
el presidente del Valencia que firmó la escritura de compra
del terreno de Mestalla en enero de
1923 y que costó 316.439 pesetas, una cantidad
considerable para la época que se sufragó a base de
créditos. El aforo del campo sería de 17.000 espectadores y
el proyecto se le encargó a dos hombres ligados a la entidad
valencianista: el arquitecto era Francisco Almenar,
futuro presidente, y el constructor Ramón Ferré,
que también era socio del club.
La inauguración del nuevo estadio tuvo lugarel 20 de mayo de 1923 y el invitado fue el Levante U.D. El resultado final fue 1-0 para el Valencia y el primer jugador que tuvo el honor de marcar en Mestalla fue Montes. Una semana más tarde fue un equipo escocés, el Dundee United, quien visitó Mestalla. Jugó dos días seguidos y ganó por 0-3 y 0-1, respectivamente Sin embargo, la decisión de estos pioneros del Valencia no tuvo repercusión social y mediática, porque los periódicos de la época apenas se ocupaban del deporte y, además, la situación sociopolítica de España era incierta. Antes de la creación del Valencia Football Club, el fútbol existía ya en Valencia, a pesar de que no había un club hegemónico en la ciudad. Parece ser que el fútbol llegó a Valencia de la mano de los que, vinculados a la exportación de cítricos, habían estado en Gran Bretaña, cuna del balompié. Este fue el caso de Francisco Sinisterra o Ramón Leonarte. De la misma manera, era bastante común ver a los marineros británicos en los puertos valencianos jugando con un balón. Ya en 1908, en Valencia había equipos como el Levante, Gimnástico, Hispania o Hispano.
Se puede decir que hasta 1923 no existía la figura del entrenador. Fue antes del inicio de la temporada 23-24 cuando el club contrató a un preparador checoslovaco, Anton Fivber, que fue el encargado de darle prestigio nacional al club de Mestalla. El trabajo del entrenador fue bueno, ya que promocionó especialmente la cantera, en un momento en que en este deporte se estaba imponiendo poco a poco la profesionalización.
En España se promovía, en esos momentos, la creación de una liga nacional que integrara a los mejores conjuntos del país. El Valencia tenía como objetivo participar en esa competición, pero al ser una entidad joven y no poseer un extenso currículum fue necesario esperar tres años para incorporarse a la Primera División. A finales de la década de los 20 aterrizó en el club valencianista Luis Colina, que ejerció de secretario técnico de 1928 hasta 1956 y cuya labor fue fundamental para cimentar los éxitos del equipo. Además de crear escuela, Colina se caracterizó por tener buen ojo para contratar a jugadores. Durante los años 20, el espíritu de revancha y la tensión deportiva iban en aumento cada vez que se enfrentaban los diferentes conjuntos en el Campeonato Regional. En 1923, el Valencia se proclamó campeón regional y pudo participar, por primera vez en su historia, en la Copa de España. La progresión en los resultados del equipo demostraba que estaba en disposición de liderar el fútbol de la capital valenciana. Tres o cuatro años después de su fundación, el Valencia ya era el enemigo más temible por el resto de equipos y su afición crecía cada vez más.
La Liga quedó dividida en una Primera y en una Segunda división. En Primera garantizaron su participación los seis campeones de la Copa de España: Athletic de Bilbao, Real Madrid, Barcelona, Real Sociedad, Real Unión de Irún y Arenas de Getxo, a quienes se les unieron los tres subcampeones de aquel torneo: Atlético de Madrid, Español y Europa. Había nueve equipos y faltaba uno para completar una liga que tendría diez equipos, y que tenía que salir de un torneo que enfrentó al Valencia, Betis, Sevilla y Racing de Santander. Los cántabros se ganaron el derecho a participar en Primera, mientras que el Valencia tuvo que jugar en la categoría de plata.
El primer campeonato de liga en que participó el Valencia -la temporada 28-29- contó, al igual que la máxima categoría, con diez equipos, que al final se clasificaron por el siguiente orden: Sevilla, Iberia de Zaragoza, Deportivo Alavés, Sporting de Gijón, Valencia, Real Betis, Real Oviedo, Deportivo de La Coruña, Celta de Vigo y Racing de Madrid.
El debut histórico del Valencia en la liga se produjo el 17 de febrero de 1929 en Mestalla, ante el Oviedo, con triunfo valencianista por 4-2. Ese día jugaron Pedret, Torregaray, Moliné, Salvador, Molina, Amorós, Pérez, Imossi, Navarro, Silvino y Sánchez. Imossi y Navarro marcaron un gol cada uno, mientras que Silvino anotó dos tantos.
En su tercera temporada en Segunda división el Valencia consiguió el anhelado ascenso a Primera, en una temporada 1930-31 en la que el conjunto dirigido por Fivber impuso su enorme superioridad. Los futbolistas que componían la plantilla del ascenso eran Cano, Villarroya, Conde I, Melenchón, Torregaray, Pasarín, Torres, Amorós, Arilla, Conde II, Imossi, Molina, Salvador, Costa, Navarro, Octavio, Perona, Picolín, Ricart, Rino, Sánchez, Torredeflot y Vilanova. Ese ascenso cerraba la primera gran etapa de la vida del club y abría otra de esplendor y de títulos. Tras cinco campañas de acoplamiento a la categoría, y el parón que supuso la Guerra Civil, llegaría la mejor década de la historia del equipo che.
EL VALENCIA SE HACE GRANDE
Tras la Guerra Civil, el Valencia se tuvo que
adaptar a la nueva realidad. Muchos de los futbolistas que
estaban en 1936 dejaron de pertenecer al
conjunto che tres años después. Los militares también
entraron, como en otros ámbitos de la vida, en el fútbol. En
el caso del Valencia, en junio de 1939 fue
nombrado presidente el comandante Alfredo Giménez
Buesa, con Luis Casanova de
vicepresidente. Entre los objetivos del nuevo régimen estaba
la eliminación del profesionalismo, que consideraban una
reminiscencia republicana. Otro puntal del valencianismo que
sufrió las consecuencias de la contienda civil fue
Mestalla, destrozado por los continuos bombardeos
sufridos. Se acometió una remodelación y ampliación del
estadio, que pasaría a tener una capacidad para 22.000
espectadores.
Con el traslado del comandante Giménez, la presidencia del club recaló en Luis Casanova. Con él llegaría la mejor época del club. En diez campañas, el Valencia obtuvo tres títulos de Liga y dos Copas, llamadas entonces del Generalísimo. El esplendor fue posible gracias a que se mantuvo la base de la plantilla anterior a la guerra, a la extraordinaria 'delantera electrica' que formaban Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza, por la personalidad del presidente Luis Casanova, por la trayectoria en el banquillo de hombres como Cubells, Moncho Encinas, Pasarín y Jacinto Quincoces, por la recuperación del estadio de Mestalla y por la fundación del equipo filial: el Club Deportivo Mestalla.
Pero no hay duda de que el Valencia tenía un gran equipo, posiblemente una de las mejores plantillas que haya tenido nunca, con Ignacio Eizaguirre (Álvaro y Juan Ramón) y la delantera eléctrica, formada por dos jugadores valencianos y tres vascos. Esta plantilla conquistaría el primer gran título nacional para el club: la Copa de 1941, ante el Español. Era el primer triunfo tras dos décadas de existencia, y la celebración en la capital del Turia fue apoteósica.
Una Copa, un tercer puesto en Liga,
varios internacionales en el equipo y una gran visión de
futuro del club posibilitaron que el Valencia se hiciera un
hueco entre los ‘grandes’ del fútbol español.
La guinda se puso en la temporada 41-42,
en la que el club de Mestalla ganó por primera vez en su
historia el campeonato liguero. Lo paradójico es que, en
aquel entonces, tenía mucha más repercusión la Copa que la
Liga. Pero sería injusto olvidar que en el torneo de la
regularidad el Valencia hizo una temporada magnífica. Logró
un auténtico récord de goles (85 en 26 partidos), hizo de
Mestalla un auténtico fortín (sólo ganó el
Atlético Aviación) y se mostró intratable. Además, su
delantero centro, Edmundo Suárez, Mundo
, fue el máximo goleador con 27
dianas.
Tras un paréntesis de una campaña, en la temporada
43-44 el Valencia volvió a hacerse con la
Liga. En esta ocasión, el Valencia se
mantuvo en lo alto de la clasificación desde el principio
del torneo. En esta ocasión, solamente el Barça ganó en
Valencia (3-4), en el segundo partido liguero y
Mundo volvió a ser el pichichi, con
27 goles. La superioridad del Valencia
restó emoción a la Liga, aunque dejó
encantados a sus aficionados, que vieron cómo su equipo
sumaba el tercer título en cuatro temporadas. Pero en los
años cuarenta también hubo sinsabores para los intereses
valencianistas. De hecho, el club de Mestalla
es el único del fútbol español que ha perdido tres finales
consecutivas. El Valencia fue subcampeón de Copa en
1944, 1945 y 1946,
y lo volvió a ser en 1970, 1971
y 1972. Lo curioso es que las tres finales
perdidas en la década de los cuarenta tuvieron el mismo
escenario: el estadio Olímpico de Montjuïc. El estadio
barcelonés fue considerado gafe por los aficionados
valencianistas de la época. En la primera final el Valencia
perdió 2-0 frente al Atlético de Bilbao, por 3-2 también
ante el club bilbaíno en 1945 y por 3-1 ante el Real Madrid
en 1946.
La tercera liga conseguida por el Valencia fue en la
campaña 46-47, año en el que se instauró la
quiniela. En esta ocasión, el Valencia tuvo que sufrir hasta
el final para conseguir el triunfo. El inicio del campeonato
fue malo y en la octava jornada el club che estaba a dos
puntos del colista. Se llegó a la última jornada sin nada
decidido y se tenía la sensación de que el Atlético de
Bilbao iba a ser el campeón, aunque también tenían algunas
opciones el Atlético de Madrid (que dejó de ser Atlético de
Aviación a partir de enero de 1947) y el Valencia. En el
último partido, el equipo, entrenado por Pasarín, se impuso
6-0 ante el Gijón. El resto de los rivales tropezaron. El
Bilbao empató 3-3 en La Coruña y el Atlético de Madrid cayó
en casa ante su eterno rival, el Real Madrid, 2-3. El
Valencia fue campeón por su diferencia particular de goles
con el equipo vasco, al que había ganado tanto en San Mamés
como en Mestalla. Al no haber ni marcadores electrónicos ni
los programas radiofónicos, el teléfono fue el que informó
de la consecución de la tercera liga.
El final de la década de los
40 reflejó el cambio generacional que estaba
sufriendo el equipo, en el que comenzaban a despuntar
jugadores como Puchades y Vicente
Seguí.
El Valencia había perdido sus tres finales anteriores
jugadas en Barcelona. En la final de Copa
de 1949, que enfrentó al Atlético de Bilbao
y al Valencia, los valencianistas jugaron en la capital de
España una final muy reñida que se resolvió con un gol de
Epi y que ponía punto final a una
generación de jugadores que habían sido muy rentables para
el Valencia Club de Fútbol.
A pesar de que no se pudieron repetir los éxitos logrados en la década anterior, en los años cincuenta, sobre todo en la primera mitad de la década, el fútbol desarrollado por el club de Mestalla volvió a brillar. La calidad de los futbolistas era grande, pero una serie de factores influyeron para que el rendimiento fuera menor. En esta década llegaron los jugadores extranjeros al fútbol español, lo que acrecentó el poderío de algunos clubes, como el Real Madrid de Di Stéfano y el Barcelona de Kubala.
El futbolista más destacado del
Valencia de los cincuenta fue, sin ninguna duda,
Antonio Puchades. Muy pronto, el de Sueca se
convirtió en el estandarte del equipo y, hasta su retirada,
pieza fundamental en el club.
En esta década se acometieron las obras de remodelación
y ampliación del estadio: la creación del Gran Mestalla. El
reto del club era crear un marco donde disputar los
encuentros acorde con la importancia del equipo, de la
ciudad y con el gran número de aficionados valencianistas.
El objetivo se consiguió, pero el enorme esfuerzo económico
repercutió negativamente sobre la plantilla, que, en
ocasiones, no pudo ser reforzada en condiciones.
La remodelación, que permitió que
Mestalla pudiera dar cobijo a 45.000
espectadores, supuso una inversión próxima a los cien
millones de pesetas, una cifra muy alta para aquellos
tiempos. Pero la casa de los valencianistas se convirtió en
uno de los mejores estadios españoles, lo que con el tiempo
le llevaría a ser sede de la selección nacional en el
Mundial de 1982 celebrado en España, así como en los Juegos
Olímpicos de Barcelona ’92.
Otro nombre destacado en el Valencia de los 50
es Jacinto Quincoces. Con él se afianzó un
nuevo Valencia, con los jugares más jóvenes de la década
anterior como Monzó, Pasieguito, Puchades o Seguí,
y los fichajes (Wilkes, Santacatalina, Buqué, Sendra,
Mañó, Mangriñán, Quincoces II, Pla, Sócrates, Gago, Badenes,
Quique, Fuertes o Taltavull, entre
otros). La continuidad de Quincoces como
entrenador se prolongó desde 1948 hasta
1954.
La temporada 50-51 fue la primera en
la que participaron 16 equipos. El campeonato del Valencia
fue muy irregular. En Mestalla cayeron los
grandes y los equipos mejor clasificados, pero se perdió
ante del Deportivo y el Celta y no se pudo pasar del empate
ante conjuntos como el Santander o la Real Sociedad. El
Valencia acabó tercero y en la Copa del Generalísimo se cayó
a las primeras de cambio ante el Real Madrid. El presidente
presentó la dimisión, aunque Luis Casanova
fue convencido para continuar en un cargo que no abandonaría
hasta 1959.
El Valencia accedió a dos finales de Copa, ambas
disputadas contra el Barcelona. La primera fue en
1952. Ese año la liga no fue mala, ya que el equipo
se clasificó en quinta posición, en la que sería la peor
campaña de Quincoces como técnico che. En
Copa, tras superar a Sevilla y Zaragoza,
llegó a semifinales, donde se vio las caras con el Real
Madrid, al que también se impusieron. El último escollo para
lograr el título era el Fútbol Club Barcelona, con el que se
midió en Chamartín el 25 de mayo de 1952. Badenes
adelantó al Valencia en dos ocasiones y encarriló la final
para el conjunto valenciano. Pero el auténtico ‘palo’ estaba
por llegar: antes del descanso, el conjunto blaugrana logró
acortar diferencias. En el segundo tiempo todo fueron
desgracias para el conjunto dirigido por Quincoces
y la remontada del Barça se consumó, logrando un marcador
final de 4-2.
En la temporada 51-52, el
Mestalla jugó en Segunda División. El entrenador,
Carlos Iturraspe, le pidió a Juan
Ramón que participara con el filial valencianista.
Con el veterano jugador de Erandio, el
Mestalla quedó segundo clasificado y
disputó la liguilla de ascenso, en la que superó al Gijón,
Santander, Alcoyano, Logroñés y Ferrol, aunque el club
renunció al ascenso del filial. Esta decisión generó una
fuerte polémica en Valencia, ya que había aficionados que
consideraban que el equipo debía subir, aunque el Valencia
dejó claro que la función del Mestalla,
fundado en 1944, debía ser la formación de
jugadores para la primera plantilla.
La temporada 52-53
fue buena para el Valencia. Se proclamó subcampeón jugando
muy bien y con una plantilla renovada con jugadores
mestallistas, como Sendra, Mañó, Mangriñán
y Sócrates. El Barcelona fue el campeón y
el Valencia echó por tierra sus aspiraciones en el último
mes de competición. Además, el mismo Barça se encargó de
eliminar al Valencia en la Copa.
La liga siguiente pasó bastante inadvertida, aunque lo
cierto es que los de Quincoces acabaron en
tercera posición, por detrás de Madrid y Barça. Lo mejor de
aquel año fue la consecución de la Copa del
Generalísimo. El rival fue de nuevo el Barcelona,
pero esa vez el equipo catalán cayó estrepitosamente por
3-0, por lo que el club de Mestalla se tomaba una merecida
revancha de la final de 1952. Aquel 20 de
junio de 1954, Quincoces
alineó a Quique, Monzó, Puchades, Badenes,
Pasieguito, Seguí, Sócrates, Juan Carlos Quincoces
(sobrino del entrenador), Mañó, Fuertes y
Buqué. Los goles fueron anotados por
Fuertes, en dos ocasiones, y
Badenes. Éste fue un triunfo histórico en Chamartín
y la imagen de la final fue la del guardameta Quique
sentado en el larguero, que simbolizaba la superioridad del
Valencia.
Con este título de Copa,
el Valencia cerró el capítulo de éxitos deportivos bajo la
presidencia de Luis Casanova. Tras la
Copa, se vivió una etapa de transición que
no agradó a la afición. Hasta finales de esta década, aunque
seguía habiendo jugadores de calidad, el club de
Mestalla no estuvo nunca en situación de ganar la
Liga ni volvió a acceder a una final copera.
Además de Puchades, otros grandes
jugadores pasaron por las filas valencianistas en la segunda
mitad de la década. Uno de los de más calidad fue
Servaas Wilkes, un holandés procedente de Italia
que era un auténtico malabarista con el balón en los pies y
que encandiló a la afición en sus tres temporadas como
jugador del Valencia.
Durante once temporadas, el navarro Juan Carlos
Quincoces vistió la elástica blanca y demostró ser
un defensa efectivo y muy regular, que jugó todos los
partidos oficiales desde la campaña 54-55
hasta la 58-59 (120 encuentros consecutivos
de Liga, más los de Copa).
En enero de 1956
debutaba con el Valencia Manolo Mestre, un
jugador nacido en Oliva y que se convirtió en el
valencianista que más partidos de Liga había disputado en
este club hasta que Ricardo Arias le superó
en los noventa.
La riada que afectó a Valencia en 1957
también salpicó al club de la Avenida de Suecia. Tras este
desastre siguieron años de austeridad y de mediocres
resultados deportivos. Definitivamente, el presidente que
más años ha estado en el club, Luis Casanova,
dejaba la presidencia tras casi dos décadas. El mandatario
no negó nunca que la muerte de su estrecho colaborador
Luis Colina fuera uno de los factores
determinantes de su decisión. Le sustituyó Vicente
Iborra. Con él, pero sobre todo con su sustituto
Julio de Miguel, el Valencia entraría en
los años sesenta, caracterizados por los éxitos europeos.
El 2 de julio de 1961, con la ciudad de Valencia aún conmocionada por el fallecimiento del brasileño Walter en un accidente de tráfico ocurrido en la carretera de El Saler, Julio de Miguel Martínez de Bujanda accedió a la presidencia del club. Comenzaban así otros diez años buenos para la historia del Valencia. Al mismo tiempo, en el fútbol español se imponía una nueva necesidad: competir en los torneos continentales y demostrar el poderío midiéndose con otros conjuntos europeos.
Uno de los primeros éxitos del nuevo
presidente fue que aceptaran al Valencia sen la Copa
de Ciudades en Feria, competición en la que por
aquel entonces se participaba por invitación, y no por una
buena clasificación liguera. De Miguel,
además, conseguía fichar a un gran jugador: el brasileño
Waldo Machado, que daría grandes tardes de
fútbol en Mestalla y se convertiría en uno
de los máximos goleadores de la historia che. Sus golpes
francos, sus remates inverosímiles y su fútbol alegre
dejaron huella tanto en España como en Europa durante diez
años. La pareja ideal de Waldo fue
Vicente Guillot, que tuvo una carrera paralela a la
del brasileño, con el que se entendió a la perfección.
Los éxitos europeos del Valencia han venido
acompañados, por lo general, de ligas discretas. Eso ocurrió
la temporada 61-62, en la que el Valencia
aseguraba la victoria en casa pero fuera no conseguía
arrancar ningún positivo. Acabó a doce puntos del Real
Madrid, en séptima posición.
En la Copa de Ferias,
el primer rival que había que superar era el Nottingham
Forest, uno de los grandes del fútbol inglés. El partido de
ida, en el City Ground de la ciudad británica, se saldó con
un espectacular 1-5 favorable al conjunto che. Tras pasar la
eliminatoria ante los ingleses, el siguiente equipo en caer
fue el Lausana. El Valencia ya estaba en cuartos de final y
el rival que le tocó fue el potentísimo Inter de Milán, al
que derrotó en Mestalla 2-0 y empataron a tres en la capital
lombarda.
El Valencia arrolló en semifinales al MTK de Budapest,
venciéndoles por 3-0 en Valencia y 3-7 en Budapest, en una
de las grandes goleadas europeas del conjunto valencianista.
En la final esperaba un viejo conocido: el Fútbol Club
Barcelona. El triunfo fue histórico. El 6-2 endosado al
Barça, en una final europea, enloqueció a los miles de
aficionados valencianistas que llenaron Mestalla aquel 12 de
septiembre de 1962. La final estaba
sentenciada y en el partido de vuelta, en el Nou Camp, el
resultado fue de empate a uno. En los dos encuentros de la
final participaron Zamora, Piquer, Quincoces,
Mestre, Sastre, Chicao, Héctor Núñez, Guillot, Waldo,
Ribelles y Yosu.
El campeón de la Copa de
Ferias reeditaría su título la temporada siguiente.
Los primeros escollos fueron tres equipos escoceses: el
Celtic de Glasgow, el Dunfermline y el Hibernians de
Edimburgo. En semifinales tocó el Roma. Un 3-0 en Mestalla y
una ajustada derrota por 1-0 en el Olímpico romano
adjudicaron al Valencia el pasaporte para una nueva final.
El rival en la final fue el Dynamo de Zagreb. El
partido de ida se disputó en la ciudad por aquel entonces
yugoslava y tras adelantarse el conjunto local, el Valencia
remontó por obra de Waldo y José Antonio Urtiaga. El partido
de vuelta se celebró un 26 de junio de 1963
en Mestalla, donde 50.000 espectadores pudieron comprobar la
superioridad del Valencia, que se impuso al equipo balcánico
por 2-0, con tantos anotados por Mañó y
Héctor Núñez.
La temporada siguiente el Valencia volvió a llegar a la
final de la Copa de Ferias, esta vez tras
dejar en la cuneta al Shamrock Rovers irlandés, al Rapid de
Viena, al Ujpest Dosza húngaro y, en semifinales, al Colonia
alemán. Tras superar a los alemanes con muchos apuros
esperaba en la final otro equipo español: el Zaragoza de los
cinco magníficos. A diferencia de la final
anterior, el triunfo esta vez cayó de lado de los
aragoneses, que se hicieron con la Copa por 2-1. Los dos
goles maños fueron logrados por Villa y Marcelino, mientras
Urtiaga hacía el único tanto valencianista.
El equipo che recibió un duro golpe
en la final contra el Zaragoza. Esa derrota dio paso a tres
años de incertidumbre, hasta que en julio de 1967
se conseguiría un nuevo título, esta vez la Copa del
Generalísimo.
El Valencia seguía renovándose. Llegaba el turno para
jugadores como Juan Cruz Sol y Pepe
Claramunt. La incorporación de estos dos hombres
fue clave para que el club de Mestalla volviera a ocupar un
lugar importante en el fútbol español.
Con ellos, y con futbolistas como Waldo
o el guardameta asturiano Abelardo, el
Valencia llegó a la final de Copa de 1967.
El camino fue largo y complicado, aunque las primeras
eliminatorias, ante Cádiz y Betis, se salvaron con holgura.
En cuartos de final, el Valencia tuvo que deshacerse del
Real Madrid y, ya en semifinales, del Elche, otro club
histórico de la Comunidad Valenciana. El Valencia estaba de
nuevo en una final de Copa y tenía que verse las caras ante
un antiguo rival: el Athletic de Bilbao.
Roberto Gil levantó la cuarta
Copa en la historia del Valencia, al imponerse 2-1
en Madrid al conjunto vasco, con goles del paraguayo
Anastasio Jara y Paquito. Esta
nueva Copa del Generalísimo significó un
nuevo regalo para los miles de aficionados valencianistas.
La temporada siguiente se produjo el debut del Valencia
en la Recopa, competición en la que el
Valencia pudo superar dos eliminatorias ante el Crusaders de
Irlanda del Norte y el Steaua de Bucarest, mientras que cayó
eliminado ante el Bayern de Munich, que ya contaba en sus
filas con los legendarios Sepp Maier y Franz Beckenbauer.
Después de aquella Copa de 1967, el
Valencia tuvo tres años discretos, hasta el inicio de la
década de los setenta, en la que volverían los títulos.
Alfredo di Stéfano aterrizó en el Valencia en abril de 1970, en un momento malo para el club de Mestalla, sustituyendo al tándem formado por Enrique Buqué y Salvador Artigas. En esa temporada, el Valencia volvió a perder una final de Copa en Barcelona, esta vez ante el Real Madrid (3-1). Montjuïc volvió a ser un estadio gafe para los intereses del Valencia, que en esa final lo tuvo todo a su favor: el Madrid se presentaba a ese partido con una de las peores clasificaciones ligueras de su historia, en la primera parte cayeron lesionados Grosso y Amancio, pero los madrileños se impusieron finalmente.
La primera temporada de Di
Stéfano al frente del equipo es una de las más
intensas, recordadas y emocionantes de la historia
valencianista y significó la última liga conseguida hasta la
fecha. Di Stéfano hizo un conjunto nuevo,
sólido y fuerte en defensa con hombres como Sol,
Aníbal, Jesús Martínez y
Antón, envolviendo a un seguro en la
portería: Abelardo. Fútbol inteligente y
preciso en el centro del campo, donde el punto de referencia
era Pepe Claramunt; y una delantera ágil,
rápida e ideal para el contragolpe que tuvo en Forment,
Valdez, Sergio y Pellicer a sus piezas básicas.
La temporada 70-71 era la última que
disputarían 16 equipos y tras los primeros partidos el
Valencia era un serio aspirante a perder la categoría. Poco
a poco, los resultados fueron acompañando y el Valencia se
afianzó en la zona media de la tabla. El gran partido de ese
campeonato fue el que se jugó en el Nou Camp. Allí el
Valencia se impuso al Barcelona 0-2, con
goles de Claramunt y Valdez,
y Abelardo detuvo una pena máxima. Fue un
espaldarazo para que el Valencia presentara sus credenciales
para ganar el título.
Lo que más se recuerda de aquella temporada es el
último partido de liga, disputado en Sarriá. El Valencia
llegó como líder, con 43 puntos, mientras que el Barcelona y
el Atlético de Madrid, que se enfrentaban entre sí, tenían
42 y 41, respectivamente. El equipo de Di Stéfano necesitaba
un punto que no consiguió, ya que cayó ante el Español por
1-0, pero al empatar colchoneros y culés el título fue a
parar a las arcas valencianistas. Muchos analistas coinciden
en que el Valencia ganó su cuarta liga gracias a la solidez
defensiva y a los únicamente 19 goles que
recibió Abelardo.
Finalizada la liga, el Valencia
afrontaba la Copa convencido de que se podía repetir el
doblete logrado en 1944, El conjunto che llegó a la
final, eliminando a Mallorca, Betis, Málaga y, ya en
semifinales, al Sevilla. Llegaba a la final sin conocer la
derrota, con dieciocho goles marcados en
ocho partidos, como campeón liguero y con la moral por las
nubes. El escenario fue el Santiago Bernabéu y el rival, un
escocido Barcelona. El triunfo fue para el equipo catalán,
que, en una gran final, venció a los valencianistas por 4-3.
El Valencia no pudo poner la guinda a una de las mejores
temporadas de su historia.
La consecución del título de Liga dio la oportunidad de
estrenarse en la Copa de Europa, máxima competición del
fútbol continental. El paso del Valencia por esta
competición fue efímero, ya que superó al Luxemburgo y al
Hajduk Split y en tercera ronda cayó ante el Ujpest Dosza.
A pesar de que posiblemente el Valencia tenía mejor
equipo que el que ganó la Liga, en la temporada 71-72 sólo
se pudo conseguir el subcampeonato. Era el vigente campeón,
y todos los equipos le tenían muchas ganas. Las
incorporaciones de Quino, Adorno
y Lico mejoraron el potencial del equipo,
aunque no fue suficiente para repetir el éxito de la
anterior campaña y el campeón fue el Real Madrid.
Una vez más, el Valencia volvió a perder una final de
Copa, esta vez ante el Atlético de Madrid por 2-1. Se
adelantó Salcedo, empató Valdez y el gol de la victoria
madrileña fue anotado por José Eulogio Gárate. Esta derrota
supuso un nuevo revés para los más de 20.000 valencianistas
que presenciaron el partido.
En 1973 se produjo
el adiós del presidente Julio de Miguel, un
año después de la muerte en Mestalla del gerente
Vicente Peris, su mano derecha. Tras la marcha del
presidente, el Valencia pasó por la Liga sin pena ni gloria.
En la primera edición de la Copa de la UEFA, competición
sustituta de la Copa de Ferias, el Valencia debutó ante el
Manchester City, pero cayó en la siguiente ronda ante el
Estrella Roja de Belgrado.
Francisco Ros Casares tomó el relevo
de Julio de Miguel, con una directiva con
mucha oposición que tuvo, como mayor éxito, la adquisición
de los terrenos de Paterna, donde se ubicaría la futura
Ciudad Deportiva del Valencia.
El fútbol español abrió sus fronteras, lo que permitió
que cada equipo pudiera tener en sus filas a dos jugadores
extranjeros, lo que finiquitaba el problema de los oriundos.
Uno de los primeros en llegar a Mestalla fue Salif
Keita, un delantero de Malí que venía de triunfar
en el fútbol francés. El otro fichaje extranjero fue el
austriaco Kurt Jara. La temporada fue mala
y el Valencia ni siquiera participó en competición europea,
hecho que no se producía desde su debut en 1961.
A pesar de que esta etapa fue muy complicada, el
Valencia no dejó de contar con grandes jugadores en sus
filas, como fue el caso de Johnny Rep, un
magnífico extremo derecho holandés procedente de uno de los
mejores equipos europeos del momento: el Ajax de Amsterdam.
Tras la era Ros Casares le llegó el
turno a José Ramos Costa, proclamado
presidente en enero de 1976. Bajo su
presidencia, el club de Mestalla vivió una trayectoria
deportiva marcada por los títulos de Copa en 1979
y Recopa en 1980, aunque desde el punto de
vista económico el Valencia comenzó su endeudamiento,
provocado, en gran medida, por las obras de remodelación de
Mestalla para ser sede en el Mundial de 1982.
Con el inicio de la temporada
76-77 se abrió una etapa completamente
diferente para el valencianismo. Al Valencia llegó el
paraguayo Heriberto Herrera como entrenador
y como jugadores se incorporaron, entre otros,
Castellanos, Diarte, Carrete, Botubot, Arias y,
sobre todo, Mario Alberto Kempes.
Kempes ha sido el jugador más
importante que ha pasado por la entidad che, tanto por sus
éxitos internacionales (fue campeón con Argentina del
Mundial de 1978) como por su labor en el Valencia Club de
Fútbol. Kempes fue el máximo goleador de la
Liga española en dos ocasiones, en las temporadas
76-77 (24 goles) y 77-78 (28
goles), máximo goleador del Mundial celebrado en su país en
1978 y artífice de la Copa
de 1979 y de la Recopa de
1980. Su carisma, sus golpes francos y su
habilidad para el gol provocaron que un periodista argentino
le rebautizara con el sobrenombre de ‘Matador’
y que todos los domingos, en Mestalla, se
escuchara aquello de ‘No diga Kempes, diga gol’.
Un entrenador destituido (Heriberto Herrera), un crack como Kempes en el equipo, jugadores de la tierra en expansión como Enrique Saura o Ricardo Arias, un buen rendimiento de los recién fichados Castellanos, Carrete y Botubot fueron las claves de la primera temporada de Ramos Costa como presidente.
Otro de los nombres importantes del
valencianismo que surge en esta época es el de
Ricardo Arias, el jugador que más veces ha vestido
la camiseta blanca en toda la historia. Durante dieciséis
temporadas, el futbolista de Catarroja fue protagonista de
los momentos más brillantes y de los más tristes de la vida
valencianista.
El hispano-francés Marcel Domingo
sustituyó a Heriberto Herrera al frente del
equipo y fue el encargado de devolver al Valencia a Europa,
tras un lustro de ausencia. Domingo, que
venía de entrenar al Burgos, se trajo consigo a tres
jugadores, entre los que destacó el guardameta
Manzanedo.
Pasaban las temporadas y el Valencia nunca carecía de
jugadores de mucha calidad. Otros en llegar en estos años
fueron Daniel Solsona y Rainer
Bonhof, internacional alemán que había sido campeón
del mundo en 1974. El jugador catalán, por
su parte, ha sido uno de los jugadores más técnicos que han
estado enrolados en las filas valencianistas.
La temporada 78-79 destacó por el papel copero. La competición no fue fácil. El conjunto dirigido por Pasieguito, que había sustituido a Domingo, tuvo que medir sus fuerzas ante el Barça. El partido de ida tuvo un resultado esclarecedor: Barcelona 4 - Valencia 1. La eliminatoria parecía sentenciada y pocos creían en la remontada valencianista. Pero en el partido celebrado en Mestalla el Valencia dio la vuelta a la eliminatoria y venció al conjunto blaugrana por 4-0, resultado que permitiría al Valencia seguir en la Copa... y llegar a la final.
Tras el Barça los rivales fueron de
Segunda División, y el Valencia superó holgadamente tanto a
Alavés como a Valladolid. Se llegó a la final ante el Real
Madrid. El escenario, el Vicente Calderón. En las gradas,
25.000 aficionados valencianos que ondearon las senyeras
en la capital de España, celebrando uno de los mejores
triunfos de la historia del club. El Valencia, que jugó con
el uniforme de la senyera, formó con
Manzanedo, Carrete, Arias, Botubot, Cerveró, Bonhof,
Castellanos, Solsona, Saura, Kempes y Darío
Felman, y también participó Tendillo.
El Valencia venció 2-0, ambos goles de la estrella argentina
del equipo che. Junto a Kempes, el hombre
más destacado de aquella final fue Arias.
La fiesta en la capital del Turia fue total. Pero aún
sería mayor la temporada siguiente, de nuevo en competición
europea. Tras el título de Copa del Rey el
Valencia disputó la Recopa de Europa.
Pasieguito retornó a la secretaría técnica
y se volvió a confiar para el asalto europeo en
Alfredo di Stéfano. Gracias al título europeo,
tanto la Liga como la Copa pasaron a un segundo plano. La
temporada 79-80 fue la del mayor éxito (si
exceptuamos el subcampeonato conseguido en la Champions
League de la temporada 1999-2000) internacional del
Valencia. El conjunto de Mestalla tuvo que imponerse a
rivales de entidad, como el BK Copenhague, el Glasgow
Rangers, el Barcelona, el Nantes galo y, ya en la final, el
Arsenal londinense.
Unos 7.000 valencianos se desplazaron a Bruselas para presenciar la final europea ante los gunners del Arsenal, que eran inferiores en número a los aficionados ingleses presentes en el estadio Heysel. El equipo estuvo integrado por Pereira, Carrete, Arias, Tendillo, Botubot, Solsona, Bonhof, Subirats, Saura, Kempes y Pablo. Ya en la prórroga, Castellanos suplió a Subirats. El partido fue discreto y de mucha tensión. Después de 120 minutos de juego y con 0-0 en el marcador, la final se resolvió desde el punto de penalti. Le correspondió tirar al Valencia y a Kempes, quien falló el lanzamiento. Mal empezaban las cosas. Pero Ian Brady, el cerebro del Arsenal, erró también el suyo. Posteriormente se marcaron ocho consecutivos (los valencianos por parte de Solsona, Pablo, Castellanos y Bonhof) y se dio paso a una segunda tanda. Ricardo Arias batió a Pat Jennings y Pereira se convirtió en el héroe de la final al detener el lanzamiento de Rix. La euforia se desató y Saura fue el encargado de recoger la Copa más importante que han levantado los jugadores del Valencia.
El Valencia de la temporada
80-81 es el Valencia de la Supercopa.
Esta competición, que enfrenta al ganador de la Copa
de Europa con el vencedor de la Recopa,
no había sido ganada por ningún equipo español hasta ese
año. Algunos jugadores del Valencia de entonces se han
quejado en repetidas ocasiones de que aquel título no ha
tenido especial significación en España hasta que lo
consiguió el Fútbol Club Barcelona en 1992, una década
después que el conjunto de Mestalla.
El rival del Valencia fue un viejo conocido, el
Nottingham Forest, vigente campeón de Europa y de la
Supercopa y poseedor de un gran potencial. La competición se
disputaba a doble partido. Los ingleses vencieron en la ida,
en el mítico City Ground, por 2-1, y el tanto valencianista
fue anotado por el argentino Felman. Todo estaba por decidir
en el Luis Casanova. El Valencia saltó al campo con
Sempere, Cerveró, Botubot, Arias, Tendillo, Castellanos,
Saura, Solsona, Morena, Kempes y Felman.
El único gol del partido lo marcó el uruguayo
Fernando Morena y el valor doble de los goles en
campo contrario dio al Valencia el último título europeo
conseguido hasta la fecha.
En cuanto a la Liga, el Valencia tuvo opciones esa
temporada de lograr el campeonato, aunque no lo alcanzó. Se
clasificó en cuarto lugar, a tres puntos del campeón: la
Real Sociedad. Una de las causas del discreto final de liga
valencianista fue la marcha de dos de las estrellas del
equipo, Mario Alberto Kempes y
Fernando Morena, que retornaron a sus países de
origen, para jugar en River Plate y en Peñarol,
respectivamente.
. A partir de entonces, la situación social y deportiva
del Valencia Club de Fútbol comenzó a empeorar. La
celebración del Mundial en España supuso un fuerte
endeudamiento para la entidad, ya que las obras de
acondicionamiento del estadio corrieron a cuenta del club.
En la temporada 81-82, el Valencia tuvo un
papel secundario y acabó en quinta posición. Tras la marcha
de Kempes y Morena llegó
al equipo un gran jugador, el danés Frank Arnessen,
que sólo pudo rendir el primer año, ya que las lesiones le
tuvieron apartado mucho tiempo de los estadios. Ese año
debutó también un joven futbolista de Betxí que marcaría una
época: Roberto Fernández.
En la temporada siguiente (82-83) se
empezó a vislumbrar el desastre que se avecinaba. El
panorama económico era desalentador. Con Miljan
Miljanic como entrenador, las únicas alegrías de la
temporada fueron la victoria en Mestalla
ante el Barça de Diego Maradona, la vuelta de Kempes
al equipo tras su efímero paso por River y eliminar al
Manchester United, Banik Ostrava y Spartak de Moscú en la
Copa de la UEFA. El resto todo fueron problemas y angustias.
A falta de siete jornadas para el final, y con el Valencia
en una situación agónica en la tabla clasificatoria,
Koldo Aguirre tomó el relevo a Miljanic,
que había sido destituido tras caer 5-2 en Sarriá.
El Valencia llegó al último partido de liga con la
obligación de ganar y esperar el resultado de sus rivales
por la permanencia para no bajar a Segunda División. El
partido, en Mestalla, le enfrentaba ante un
Real Madrid que se jugaba el título liguero. El Valencia se
impuso 1-0, con gol de Tendillo, y además le favorecieron
los otros marcadores registrados en aquella jornada: el
Racing de Santander perdió en Madrid ante el Atlético y el
Celta de Vigo en Valladolid, ambos por 3-1, mientras que Las
Palmas cayó 1-5 en el Insular ante el Athletic, que con ese
resultado se proclamó campeón. El Valencia, milagrosamente,
había salvado la categoría.
Las dos siguientes temporadas (83-84 y
84-85) fueron de transición hacia tiempos
peores. Ramos Costa había dejado la
presidencia, ocupada ahora por el cardiólogo Vicente
Tormo. La deuda del club ascendía a más de 2.000
millones de pesetas y el número de socios había sufrido un
acusado descenso. Ante la mala situación del club,
comenzaron a subir numerosos canteranos, entre los que
destacaba un hombre que lo dio todo en el Valencia:
Fernando Gómez Colomer.
La situación se había complicado hasta límites
insostenibles. Muchos jugadores no cobraban las fichas y el
club estaba endeudado hasta los topes. La responsabilidad de
entrenar al equipo recayó en Óscar Rubén Valdez.
Los fichajes no salieron bien, ya que tanto Muñoz
Pérez como Sánchez Torres pasaron
por Valencia con más pena que gloria. El descenso de
categoría se consumó en esa fatídica temporada: la
85-86. El equipo no empezó mal pero se fue
complicando la situación poco a poco. En la jornada 22 el
Valencia cayó por 6-0 en Atocha, lo que provocó la
destitución de Valdez y que volviera
Di Stéfano al banquillo valencianista. A
falta de cuatro jornadas para el final, el Valencia estaba
abocado al descenso, aunque una victoria en el Sánchez
Pizjuán de Sevilla (0-2) y en casa ante el Hércules (3-1)
dio un rayo de esperanza para la permanencia. El conjunto
consumó el descenso al caer derrotado 3-0 en el Nou Camp, y
al empatar interesadamente Cádiz y Betis. Esa igualada puso
fin a 55 temporadas ininterrumpidas en la élite del fútbol
español, con cuatro Ligas, cinco
Copas, dos Copas de Ferias, una
Recopa, una Supercopa y
una historia plagada de grandes jugadores de talla
internacional. El descenso ha sido el momento más duro de
toda la vida del club de Mestalla.
Jugadores, directivos y muchos
aficionados coincidieron en que el descenso a Segunda sirvió
para que el Valencia se recuperara de sus males y volviera
por sus fueros. Quince años después, el descenso es historia
y el Valencia se codea con los mejores equipos españoles y
europeos. Incluso ha rozado la gloria, al estar a punto de
hacerse con la Liga de Campeones, la
antigua Copa de Europa, en una final española que le
arrebató el Real Madrid en París en mayo de 2000.
El presidente del Valencia tras el descenso fue
Arturo Tuzón. La afición, muy dolida por jugar en
la categoría de plata, no abandonó al Valencia y dejó
patente su amor por el club de Mestalla,
aumentando el número de socios. El Valencia fue campeón de
Segunda, por lo que retornó a Primera un año después del
descenso.
En Segunda División se formó el bloque del buen
Valencia de los años siguientes, con Fernando,
Quique, Giner,
Voro, Revert, Arroyo,
Fenoll, Bossio y los
consolidados Sempere, Subirats
y Arias, la mayor parte valencianos y
valencianistas.
Tras el ascenso, el Valencia buscó consolidarse en las
temporadas siguientes. La temporada 87-88,
en la que participó durante seis meses el argelino Rabah
Madjer, cedido por el Oporto, fue de transición y el equipo
acabó en decimocuarta plaza, en la que fue la última
temporada de Alfredo di Stéfano en el banquillo
valencianista, en su tercera etapa como técnico che.
Para encarar la temporada siguiente, la directiva de
Tuzón pensó en Víctor Espárrago, que entrenaba al Cádiz. El
uruguayo era un hombre serio que transmitió su personalidad
al equipo. Llevó al Valencia a una tercera posición en la
Liga 88-89 y a un subcampeonato en la
89-90.
La temporada 89-90 fue brillante para
el Valencia. El equipo realizó una magnífica Liga y una
aceptable Copa del Rey, además de disputar dos eliminatorias
de la Copa de la UEFA, ante el Victoria de Bucarest y el
Oporto de Rabah Madjer, que eliminó injustamente al club
valencianista. En Liga, el comienzo fue decepcionante,
aunque el conjunto dirigido por Espárrago comenzó a
reaccionar y mejorar su fútbol. Ya iniciada la Liga recaló
en el Valencia el delantero búlgaro Luboslav
Mladenov Penev, que llegó del CSKA de Sofía avalado
por su facilidad de cara al gol. Además, esta temporada
sirvió para despedir a Javier Subirats,
tras doce años como valencianista.
. Para la siguiente temporada, la directiva presidida
por Arturo Tuzón apostó por el mismo bloque
que había conquistado el subcampeonato, con el refuerzo de
Roberto, que volvía después de pasar por el
Barcelona. Sin embargo, en este ejercicio el Valencia no
pudo pasar de la séptima posición. En la Copa de la UEFA, la
Roma eliminó en cuartos de final al equipo che con un
arbitraje polémico que influyó en el resultado final de la
eliminatoria. También cayó en cuartos el conjunto
valencianista ante el Mallorca, lo que provocó la decepción
de los aficionados.
En la temporada 91-92, el conjunto blanco realizó un
importante esfuerzo económico para reforzar la plantilla.
Tras el adiós de Víctor Espárrago, recaló
en el banquillo el entrenador holandés Guus Hiddink,
que se había proclamado campeón de la Copa de Europa
dirigiendo al PSV Eindhoven. En cuanto a los fichajes, los
más destacados fueron los del malogrado delantero panameño
Rommel Fernández y el lateral izquierdo
brasileño Leonardo. En Liga, el equipo de Hiddink
terminó en cuarto lugar, mientras que en la Copa del Rey el
Real Madrid eliminó al Valencia en cuartos de final. Una
temporada más, se cerraba el ejercicio con superávit, lo que
realzaba la gestión de Tuzón al frente del club.
Existía una gran ilusión por las posibilidades del
nuevo Valencia, que en aquella campaña vivió momentos
importantes en aspectos extradeportivos, como la
inauguración de la Ciudad Deportiva de Paterna, la
transformación del club en Sociedad Anónima Deportiva y la
presencia de la selección olímpica española que disputó sus
partidos de los Juegos de Barcelona en Mestalla.
Ricardo Arias, el jugador que más temporadas y partidos
oficiales ha disputado con el Valencia en toda su historia,
se retiró esa temporada. El valencianismo se quedaba sin uno
de los jugadores más regulares y de más clase de su
historia, pero su lugar quedaba bien cubierto por otro
defensa valenciano: Paco Camarasa.
En 1992 empezaba
una nueva etapa para el club de Mestalla,
que pasaba a ser una Sociedad Anónima Deportiva. La
agitación social fue protagonista en los cinco años
posteriores. Tras el indiscutible éxito de gestión económica
de Arturo Tuzón, la derrota de Karslruhe
supuso el principio del final de su etapa como presidente
del Valencia.
La temporada 93-94 comenzó bien para un
Valencia que pronto se colocó en la primera posición de la
Liga y que comenzó la UEFA eliminando al Nantes francés, en
el que despuntaban los entonces jóvenes Loko, Makelele,
Karembeu y Pedros. Ese verano, el Valencia había contratado
al montenegrino Predrag Mijatovic, que
llegó a ser uno de los mejores jugadores del Valencia en
dicha década pero que tuvo una salida escandalosa del club.
Como líder de la Liga, el 2 de noviembre de 1993, el
Valencia jugó en Alemania el partido de vuelta de la segunda
ronda de la UEFA. En la ida, los de Hiddink
habían ganado por 3-1, con lo que parecía probable el paso a
la siguiente ronda. Pero una abultada derrota por 7-0 supuso
para el Valencia la mayor humillación europea de su
historia. Hiddink se tambaleaba y fue
destituido tras perder en Gijón el fin de semana siguiente.
Guus Hiddink fue sustituido por
Francisco Real, hasta entonces miembro de
la secretaría técnica del club, que no logró levantar la
moral ni los resultados del equipo y que, tras cinco
jornadas, dio paso a Héctor Núñez, un
delantero uruguayo que había jugado en el Valencia en los
años 60. Mientras, el consejo de Administración de
Arturo Tuzón se resquebrajaba. Las dimisiones y los
escándalos internos acabaron con la dimisión de Tuzón, al
que sustituyó de forma provisional Melchor Hoyos.
Se había abierto un proceso electoral que llevaría a
Francisco Roig a la presidencia, tras ganar en las
urnas al otro candidato, Ramón Romero.
Mientras, a la estrella del equipo, Lubo Penev,
se le detectaba un cáncer de testículos que le mantuvo un
año inactivo, pero del que afortunadamente se repuso por
completo. También comenzaba a jugar sus primeros partidos un
jovencísimo Gaizka Mendieta, que había sido
fichado del Castellón y que se convirtió en la gran estrella
del Valencia. La tragedia personal se cebó en el Valencia en
septiembre de 1993: el delantero panameño Rommel
Fernández, cedido al Albacete, perdía la vida al
sufrir un accidente de automóvil.
El 9 de marzo de 1994 fue elegido
Roig presidente. Su primera decisión, horas
después de ganar las elecciones, fue destituir a
Héctor Núñez como entrenador y nombrar secretario
técnico a Jesús Martínez. Mientras decidían
el nombre de su sustituto, José Manuel Rielo
pasó de segundo entrenador a técnico principal. La elección
de Roig para el banquillo fue sorprendente:
Guus Hiddink era nuevamente el elegido,
apenas cinco meses después de su destitución. El Valencia
enderezó algo su rumbo y acabó la Liga con un mejor fútbol y
mejores resultados.
Francisco Roig aprovechó el Mundial de
1994, que se disputó en Estados Unidos,
para contratar al que se convertiría en el entrenador
campeón del torneo, el brasileño Carlos Alberto
Parreira. Otros de sus fichajes más destacados
fueron el de Andoni Zubizarreta, portero
titular de la selección española, y el delantero ruso
Oleg Salenko, que se acabaría proclamando
‘pichichi’ del Mundial pero que no brilló
en Valencia como en Estados Unidos. En la temporada
94-95, el Valencia llegó a la final de la Copa del
Rey, no sin antes despedir al técnico. Parreira
fue cesado en las semifinales de Copa, frente al Albacete, y
Rielo volvió a hacerse cargo del equipo. La
final de Copa se disputó ante el Deportivo de La Coruña, el
24 de junio de 1995, y fue suspendida por una espectacular
tromba de agua que cayó en el Santiago Bernabéu con 1-1 en
el marcador. Hubo de jugarse el tiempo que restaba tres días
después. Tras el doble traslado de la afición valencianista
a Madrid, el disgusto no pudo ser mayor: un gol de Alfredo,
nada más reanudarse el partido, privó del título al
Valencia. Pese a la decepción, la ilusión de la afición y
sus ganas de títulos llevó al público a llenar
espontáneamente Mestalla, para recibir a
unos cabizbajos subcampeones de Copa.
La temporada 1995-96 empezó con nuevo
técnico. El veterano Luis Aragonés fue el
elegido para llevar al Valencia al subcampeonato de Liga con
un equipo en el que destacaban Zubizarreta,
Camarasa, Fernando y Mijatovic. El
Atlético de Madrid, que había contratado a Lubo
Penev, fue el campeón de Liga y de Copa del Rey
aquella temporada. ‘Pedja’ Mijatovic, el
gran ídolo del momento, se marchó al Real Madrid abonando el
importe de su cláusula de rescisión, lo que supuso una
afrenta imperdonable para el valencianismo.
En el verano del 96, Francisco
Roig cumplió su aspiración de fichar a
Romario. El genial y díscolo delantero brasileño,
sin embargo, chocó con el carácter de Aragonés
y fue cedido al Flamengo. Su contratación coincidió con la
del ariete argentino Claudio ‘Piojo’ López,
otro futuro ídolo de la afición valencianista. Los malos
resultados de Liga provocaron la destitución del técnico
madrileño y en su lugar se contrató a Jorge Valdano.
El técnico argentino debutó en noviembre de 1996
y completó una nueva temporada sin títulos y con la
eliminación copera ante la UD Las Palmas, entonces equipo de
Segunda División, y el ‘KO’ en la UEFA ante el Schalke 04
alemán que acabaría ganando dicha competición. En diciembre
de ese año, el Valencia contrató a otra estrella
sudamericana, el argentino Ariel ‘Burrito’ Ortega.
Valdano comenzó la temporada
97-98, pero fue destituido en la tercera jornada
tras perder contra Mallorca, Barcelona y Racing de
Santander. También había sido cesado Jesús Martínez
como secretario técnico, cargo que pasó a ocupar el
valenciano Javier Subirats. El sustituto de
Jorge Valdano fue el italiano
Claudio Ranieri, que pronto chocó con
Romario -repescado tras la cesión- y Ortega
y cuyos inicios no fueron especialmente brillantes. Tanto
desorden deportivo desembocó en la dimisión de
Francisco Roig como presidente. Pedro
Cortés, hasta entonces vicepresidente, asumió la
dirección del club el 2 de diciembre de 1997.
El Valencia era penúltimo en Liga y se cruzaba en Copa con
el modesto Figueres, al que eliminó con apuros.
Ranieri se tambaleaba pero fue mantenido en su
puesto. El Valencia acabó la Liga en novena posición,
ganándose el derecho a participar en la Copa Intertoto, una
nueva competición que daba acceso a la Copa de la UEFA. El
único fichaje que había hecho el Valencia a mitad temporada
fue el del delantero rumano Adrian Ilie,
cuyos primeros meses como valencianista fueron
espectaculares.
Claudio Ranieri empezó la campaña
98-99 clasificando al Valencia, a través de
la Intertoto, para la Copa de la UEFA, en la que fue
eliminado por el Liverpool. En Liga, el Valencia acabó
cuarto, con lo que se ganó el derecho de participar en la
Liga de Campeones, competición que había sustituido a la
Copa de Europa. Pero el gran éxito de esa temporada fue en
Copa del Rey: el Valencia ganó el torneo,
en el estadio Olímpico de Sevilla, al imponerse al Atlético
de Madrid por 3 a 0 el 26 de junio de 1999,
con un golazo de Mendieta y dos del
‘Piojo’ López. La euforia vivida por la afición del
Valencia fue indescriptible, y los merecidos festejos aún se
recuerdan. Veinte años después, llegaba un nuevo título a
las vitrinas del club. Los héroes del campeón de la final
fueron Cañizares, Angloma, Djukic, Roche, Carboni,
Mendieta, Milla, Farinós, Vlaovic, Ilie y
Claudio López. También jugaron Juanfran,
Angulo y Björklund.
Pero Ranieri no continuó dirigiendo al
Valencia. El técnico romano se había comprometido con el
Atlético de Madrid en la primavera de 1999,
equipo al que él mismo había privado de ganar la Copa del
Rey. Para sustituirle se eligió al argentino Héctor
Cúper, que había llegado al Mallorca dos temporadas
antes ofreciendo un rendimiento asombroso para la entidad
balear: una Supercopa de España, una final de Copa del Rey y
una final de Recopa. El fichaje más destacado de aquel
verano fue el del interior izquierdo argentino
‘Kily’ González. La inercia ganadora de ese
Valencia le permitió iniciar la temporada 1999-2000
ganando un nuevo título, la Supercopa de España,
frente al FC Barcelona. En Liga terminó en tercera posición,
por detrás del campeón, el Deportivo de La Coruña, y del FC
Barcelona. Pero el gran éxito fue europeo: en la primera
participación del Valencia en el formato ‘Champions
League’, el equipo llegó a la gran final asombrando
al mundo por su fútbol y su ambición. Lamentablemente, en la
final disputada en París, el 24 de mayo de 2000,
ganó el Real Madrid por 3-0. Se había rozado la gloria
máxima, y el Valencia se había convertido en el equipo de
moda en Europa.
El adiós de Claudio López, que se
marchó al Lazio italiano, y el de Farinós
al Inter- y Gerard al Barcelona, marcaron
el inicio de la actual temporada, la 2000-2001.
Cúper continúo como entrenador y algunos de
los fichajes más destacados de ese verano fueros los del
uruguayo Diego Alonso, el noruego
John Carew, el ex atlético Rubén Baraja,
el argentino Ayala y el lateral brasileño
Fabio Aurelio.
La primera mitad de la temporada 2000-2001
estuvo marcada por la buena trayectoria en la Liga. El
equipo arrancó con buen pie el campeonato y se mantuvo como
líder durante más de diez jornadas. Después del descanso
navideño, el Valencia C.F. empezó a pagar la exigencia
máxima que requiere una competición tan absorbente como la
Champions League. Tras superar las dos
fases de liguillas, el equipo de Cúper eliminó al Arsenal en
cuartos de final y al Leeds United en semifinales, y se
preparó para medirse al Bayern de Múnich en la gran final.
Nuestro equipo rozaba el cielo de nuevo. Después de París,
esta vez la cita con la gloria llegaba en Milán. El partido
culminante de la UEFA Champions League se disputó el 23 de
mayo en San Siro. Mendieta marcó de penalti
en el inicio del choque, Cañizares paró una
pena máxima a Mehmet Scholl y Effenberg fijó el empate tras
e descanso gracias a otro penalti señalado por el colegiado
Dick Jol. Después de la prórroga, la lotería de los penaltis
decidió que el Valencia
fuese de nuevo subcampeón de Europa, un hito empañado por el
deseo de triunfo pero que supuso la cima europea de la
historia de nuestro club. El golpe de Milán fue difícil de
superar para los nuestros, que en las últimas jornadas de
Liga cayeron hasta el quinto lugar de la tabla, quedándose
fuera de la edición 2001-2002 de la Champions League.
El mes de julio trajo el adiós del presidente D.
Pedro Cortés, que presentó la dimisión por
motivos personales y se marchó con la satisfacción de haber
conseguido una Copa del Rey, una
Supercopa y dos subcampeonatos de la
Champions. Su relevo en la presidencia lo tomó D.
Jaime Ortí, que manifestó su intención de
mantener la buena línea que había llevado al club a ser
admirado en toda Europa. También hubo cambios en en el
banquillo y en la plantilla. Rafa Benítez,
después de ascender al Tenerife, sustituyó a Héctor
Cúper como entrenador. Entre los jugadores, se
marcharon Mendieta, Deschamps, Milla, Zahovic
y Gerardo, y llegaron Marchena,
Mista, Curro Torres, Rufete, De los Santos y
Salva. Todos forman la base de un nuevo
Valencia que parte con las máximas aspiraciones en Liga,
Copa del Rey y UEFA Cup de cara a la temporada
2001-2002. ¡Ojalá continúen los éxitos!
En las temporadas 2001/02 y 2003/04 el
Valencia CF ha vivido algunos de los momentos más gloriosos
de la historia de la institución, justo en el momento que se
cumplía en el año 2004 el 85 aniversario del nacimiento de
la entidad. Con la suma de dos Ligas, una UEFA Cup y una
Supercopa de Europa, en este sexenio mágico se han logrado
nada menos que cinco títulos de primer nivel y dos finales
de UEFA Champions League.
Pese a la eclosión de los grandes
presupuestos y los fichajes megamillonarios, el Valencia CF
ha sido de largo el mejor de España en este inicio del siglo
XXI y uno de los mejores del mundo. Una gran planificación
deportiva, la permanencia de un bloque sólido y la seguridad
y paciencia en el equipo en momentos puntuales han
convertido al club que preside D. Jaime Ortí en uno de los
referentes de este deporte en la actualidad.
Todo comenzó en la Temporada 2001/02 que trajo la
conquista de la Liga 31 años después. El equipo tuvo las
nuevas incorporaciones del técnico Rafa Benítez procedente
del Tenerife y de Marchena, Mista, Curro Torres, Rufete, De
los Santos y Salva. Con una pretemporada ilusionante, el
comienzo de la Liga presentaba al Valencia CF como uno de
los candidatos al título. Además en el primer encuentro se
podría ver la verdadera medida del equipo.
Ese primer partido de Liga deparó una victoria
importante, significativa. Ante el Real Madrid. Con
contundencia y claridad. Lo que siguió un record de
imbatibilidad de 11 encuentros consecutivos batiendo el que
estaba vigente la temporada 1970/01, justo cuando se había
conseguido la última Liga.
Sin embargo la conquista Liguera no sería un camino de
rosas. Tras la derrota en Coruña ante el Depor el nueve de
diciembre de 2003, el equipo estaba obligado a ganar al
Espanyol en Montjuic para no quedarse descolgado. Tras ir
perdiendo en el descanso por 2-0 un inicio de segunda parte
espectacular volteó el marcador al definitivo 2-3 con un
resultado que daría mucha moral al equipo en el futuro.
. Así, la segunda vuelta de la competición fue
definitivamente histórica. El equipo de Benítez pasó una
pequeña crisis tras perder en el estadio Santiago Bernabéu
por 1-0 pero se sobrepuso a la adversidad y logró cuatro
victorias y dos empates en los siguientes seis encuentros.
Los partidos ante Las Palmas, Athletic de Bilbao, Alavés
Real Zaragoza y sobre todo el soberbio triunfo ante el FC
Barcelona dieron la seguridad suficiente al bloque para
afrontar con garantías los 10 últimos encuentros ligueros,
claves en una competición cómo esta.
Y en uno de estos encuentros fundamentales también se
cruzaría el Espanyol. Con un resultado desfavorable de 0-1 y
la expulsión de Carboni antes de llegar al descanso, el
equipo se creció ante la adversidad y dos goles de Baraja
hacían cruzar al Valencia CF del fino paso de la ilusión a
tocar la gloria. Además la derrota del Real Madrid en Anoeta
dejaba el título de Liga a tres puntos.
La estación final fue La Rosaleda. En una fecha que ya
ha pasado a la historia del valencianismo, el 5 de Mayo de
2002. La expedición se recluyó en Benalmádena, cerca del
escenario del partido para huir de la increíble euforia que
se vivía cerca del equipo. Y vaya si se notó la confianza y
seguridad de un bloque destinado a pasar a la historia. No
se tuvo que padecer demasiado. Un gol tempranero de Ayala y
otro con un suspense innecesario de Fabio Aurelio al borde
del descanso certificaban la quinta Liga. ¡El Valencia era
31 años después campeón de Liga! El estadio del Málaga fue
todo un torrente de emociones. Los aficionados fundidos en
un eterno abrazo con sus ídolos, sonidos de traca que
retumbaban en todo Andalucia, banderas blanquinegras y
valencianas besando el cielo andaluz. Un escenario idílico
que se repetía y se multiplicaba en la ciudad al ver a
centenares de miles de valencianistas disfrutar como nunca
lo habían hecho. Generaciones enteras de hinchas del
Valencia disfrutaron toda la madrugada e incluso se
desplazaron directamente al Aeropuerto de Manises esperando
el vuelo de una expedición procedente de Andalucía y que
arribó a la una de la tarde.
Toda la Ciudad enloquecida salió a la calle para
recibir en un día lluvioso al Campeón de Liga. Pese al clima
desapacible el Ayuntamiento, Basílica, Generalitat se
vestiría de blanco y negro. El climax arribaría en el Camp
de Mestalla. Con un comportamiento excelso de la afición, el
equipo cerraría una jornada inolvidable que afortunadamente
no se tardaría en repetir.
La conquista Ligera dio paso a una campaña 2002/03 que
tuvo un sabor un tanto agridulce. El Valencia CF comenzó la
campaña con la misma plantilla que fue campeona y con la
vuelta a la UEFA Champions League como uno de los objetivos
prioritarios. La Liga no tuvo un mal comienzo. De hecho en
la jornada octava gracias al tanto de Fabio Aurelio el
equipo sumó su quinta victoria en ocho partidos invictos y
finalizó el año como el mejor conjunto de la primera
división en un año 2002 glorioso tras la conquista Liguera.
Sin embargo la campaña no finalizaría con los resultados
apetecibles aunque sería una gran advertencia para el
futuro.
De este modo la Temporada 2003/04 se planteaba como un
reto. El Valencia Club de Fútbol acababa de quedarse fuera
de la UEFA Champions League y se tenía que conformar con la
UEFA Cup, un premio corto para la categoría de un equipo que
había demostrado ser campeón. Su orgullo y ganas de volver a
triunfar impulsaron un inicio de temporada histórica. Tras
el empate ante el Real Valladolid, el equipo realizaría el
mejor arranque liguero de la historia con seis victoria
consecutivas ante rivales del calibre de Real Madrid,
Atlético de Madrid, Málaga, Osasuna, FC Barcelona y
Espanyol..
De este modo La Liga 2003/04 confirmaba un rosario de
consecuciones de récords. Sumó 77 puntos consiguiendo 23
victorias, más triunfos que ninguno siendo el máximo
goleador con 71 goles (una de las medias más altas de la
historia de la institución), repitiendo como el menos
goleado con tan sólo 27 goles encajados. Además fue
considerado el mejor club del mundo el mes de abril entre
otros numerosos títulos honoríficos que redondearon la
conquista de la Liga solamente un año después.
Centenares de miles de personas salieron a la calle
para celebrar este triunfo histórico y las imágenes del
Aeropuerto de Manises recibiendo al equipo y su posterior
recorrido por las calles de la ciudad dedicando el triunfo a
la Virgen de los Desamparados y saliendo al balcón de la
Generalitat y el Ayuntamiento, se mantendrán en la memoria
colectiva del Valencianismo para toda la vida.
Mientras la Liga se conseguía poco a poco, otro tanto
iba sucediendo en la UEFA Cup. El equipo abría el fuego ante
el AIK Solna Sueco en octubre en una eliminatoria que costó
más de lo previsto dada la fortaleza física de los suecos
que estaban mejor en estas alturas de principios de
temporada. Una doble victoria por 1-0 certificaba el pase a
una siguiente ronda que enfrentaría al equipo de Benítez
ante el Maccabi Haifa israelí.
El partido de Mestalla terminaría con un preocupante
empate a 0. Además la situación bélica que se vivía en ese
país dificultaba más aún la consecución de la eliminatoria.
No obstante una justa resolución de la UEFA emplazó a que el
encuentro se jugase en campo neutral, concretamente en
Rótterdam. El resultado, concluyente, cuatro goles a cero y
un paso más en el camino imparable de la conquista del
título europeo.
En la tercera ronda depararia el Besiktas, el primero
de los rivales turcos que se enfrentó al Valencia CF en su
trayectoria. Otro resultado ajustado en el partido de ida
(3-2) trajo la incertidumbre para el encuentro de vuelta en
el infierno otomano. Sin embargo el carácter de campeones
del Valencia CF de nuevo consiguió una victoria concluyente
por 0-2.
En los octavos de final, otro rival turco, en esta
oportunidad de nombre impronunciable pero que se había
convertido en la revelación del campeonato. El
Gençlerbirligi había eliminado hasta la fecha al Parma,
Sporting de Lisboa y Blackburn Rovers con lo que el
encuentro en el estadio 19 de Mayo no se preveía nada fácil.
Sin embargo el 11 de marzo, fecha donde se jugó el
encuentro, no se recordará precisamente por el
acontecimiento deportivo sino por el atentado en Madrid que
segó la vida a casi dos centenares de personas. Dada la
magnitud de la catástrofe la UEFA estuvo a punto de
suspender el partido pero finalmente se decidió jugar y que
finalizó con otro resultado en contra de 1-0.
Otra vez en la vuelta se decidiría la eliminatoria. Y
otra vez el equipo remontaría un resultado adverso con una
circunstancia novedosa y adicional como fue el gol de
Vicente en el minuto cinco de la primera parte de la
prórroga que supuso el primer gol de plata de la historia de
la UEFA. El resultado final, 2-0 a favor, otra eliminatoria
sufrida y los cuartos de final ganados a pulso. A falta de
cinco partidos, el Girondins de Burdeos era el próximo
rival. El optimismo pues reinaba en el Valencia CF que en
estas fechas por el mes de abril se había convertido en un
equipo imparable. Y a fe que lo demostró en Burdeos
derrotando con claridad a los franceses por 1-2 y dejando en
franquicia el pase a las semifinales. Otro sendo 2-1 en el
Camp de Mestalla y las semifinales en unos días. Nada menos
que ante el Villarreal en el denominado “ Euroderbi”.
Sin duda fue la eliminatoria más apasionante de todas
las disputadas. El primer encuentro se definió por la
igualdad y la emoción pese a que el resultado de 0-0 fue
injusto dado el fútbol desplegado por los dos equipos. El
Valencia CF fue superior aunque se dio por bueno el empate.
Además dado el clima de fraternidad que existió entre los
dos equipos, parecía justo que el pase a la final se
decidiera en una gran fiesta en el Camp de Mestalla.
Como se preveía fue otro encuentro vibrante, jugado de
poder a poder y en donde la responsabilidad pesó en el
desarrollo del partido. Un detalle, en esta oportunidad un
penalti sobre Mista y la transformación del propio
delantero, decidió la eliminatoria. Pese al acoso del
Villarreal, de nuevo la solvencia defensiva del Valencia CF
dejó la puerta a 0 y el resultado final de 1-0 trajo la
apoteosis en el Camp de Mestalla y la fiesta en toda la
ciudad. Ese jueves siete de Mayo fue una prolongación de la
felicidad que embargó al equipo durante todo el mes. Pasase
lo que pasase en Goteborg, sede de la final, el equipo ya
había completado su temporada más dorada. La conquista de la
UEFA Cup se veía, por lo tanto, como el broche de oro a una
trayectoria impecable.
Pero el equipo viajó con la intención de ganarla y
desquitarse definitivamente de las finales de París y Milán.
Por eso lo vivido ese 20 de Mayo fue una invitación a la
historia. Con un partidazo de todo el equipo, especialmente
de Mista y Vicente, autores de los dos goles, el Valencia CF
derrotó con contundencia al Olympique de Marsella y volvía a
reinar en Europa después de la mítica Supercopa de Europa
del año 80. Se acababa de cristalizar el primer doblete
histórico de la entidad.
Como puntilla a este doblete, la
Supercopa de Europa conquistada en Mónaco el 27 de Agosto de
2004 convirtió ese año en el más grande de siempre, y que
fue ratificado el 11 de enero con el nombramiento del equipo
como el mejor del mundo.
El último título sumado por la entidad se logró la
temporada 2007/08 con la conquista de su séptima Copa del
Rey. El equipo fue eliminando de forma sucesiva al Real
Unión Club de Irún, Real Betis, Club Atlético de Madrid y en
semifinales al FC Barcelona tras una victoria épica en el
partido de vuelta disputado en el Camp de Mestalla que se
resolvió con el resultado a favor de 3-2. La final,
disputada en el estadio Vicente Calderón el pasado 16 de
abril de 2008, la conquistó el Valencia CF gracias a un
contundente 3-1 después de un inicio arrollador con dos
goles de Alexis y Mata en los primeros 10 minutos, y la
puntilla de Morientes a falta de siete para la conclusión
del encuentro. En ese momento las gradas del coliseo
madrileño, repletas de aficionados blanquinegros, pudieron
explotar de alegría y celebrar de esta forma un trofeo
ganado de forma más que merecida.