En las gradas donde se construye el Integral, me vino a encontrar el segundo constructor. Su rostro era como siempre, redondo, blanco, llano, semejante a un plato de porcelana, y en este plato se me servía ahora algo repugnantemente dulzón. Dijo:
- Cuando usted estaba enfermo, en ausencia del jefe supremo, ayer sucedió algo...
- ¿Qué sucedió?
- Imagínese, cuando tocaron para el mediodía y salimos, uno de los nuestros descubrió a un individuo sin número. No me cabe en la cabeza cómo pudo entrar. Le llevaron al Despacho de Operaciones y allá ya sabrán sonsacar al pájaro... el por qué y cómo... - sonrió dulzón.
Marisa Rosaleny Gradolí