Los sueños son fuente de inspiración; en muchos casos la
inspiración creativa abre paso a la consciencia a través
de los sueños.
Robert Louis Stevenson, autor de La Isla del Tesoro, soñó
el argumento de muchos de sus cuentos. Mozart, en sus sueños, escuchaba
música, la cual, después al despertarse, transcribía
al pentagrama. Coleridge soñó su poema Kubla Khan, a Wagner
le pasó lo mismo con el preludio de El oro del Rhin, Kekule ha descrito
detalladamente el sueño en el que se identifico con una serpiente
y obtuvo " la más brillante producción de toda la química
orgánica".
En conclusión podemos afirmar que hay alguna relación entre
sueños y creatividad. Para afirmar esto tendríamos que hacer
referencia a Freud cuando dice que en el momento en que soñamos,
algunas de las cosas olvidadas en el inconsciente saltan el muro de contención
de la censura y se nos manifiestan, aunque lo hacen disfrazadas.
Fue más tarde con el surrealismo cuando se estableció una
relación definitiva entre sueño y creación (Francia
1924).
En este sentido, podemos afirmar que las obras literarias de Oscar Wilde,
Charles Dickens y William Blake están íntimamente relacionadas
con las teorías expuestas en este trabajo y desarrolladas por Sigmund
Freud y su hija Anna Freud.