
Mas o menos a los 4 años me regalaron mi propio tocadiscos (una mochilita con su propio altavoz) y un par de discos de Parchís y Enrique y Ana (las tablas de multiplicar!) que me aprendí de principio a fin. Una vez explicado mi trauma, en realidad mi primer contacto con la musica fue gracias a la colección de vinilos de mis padres. Allí descubrí a los clásicos del rock (beatles, pink floyd, elo, boston...) y también descubrí que los singles se rayan si los pintas con plastidecor :S.
Después de entrar por la puerta grande en el mundo de las religiones monoteístas (tomando la primera comunión), mis yayos, que nunca me habían regalado nada memorable, echaron la casa por la ventana y me preguntaron qué prefería: un ordenador o una guitarra eléctrica. Una vez tuve la guitarra, mis padres me buscaron un profesor que, a pesar de mis intentos de aprender a tocar el twist and shout, insistía en que las mejores canciones para aprender los acordes eran las canciones de la misa. Eso acabo significando para mi una guitarra encima del armario y mas tiempo para otras actividades.
Durante algunos años mi único contacto con la música fue conectarme el equipo de mi padre y oir sus vinilos cuando el no estaba en casa, ya que tenía prohibido terminantemente acercarme a ellos después de joder un par de agujas de tocadiscos y otros tantos discos. Más o menos a los 12 años ocurrió uno de los cambios mas importantes de mi vida, ya que la tecnología entró en mi casa por dos vías: en un viaje a Andorra conseguí un walkman (sin auto-reverse) que usualmente utilizaba para fregar los platos y hacer deberes, y aproximadamente al mismo tiempo en mi casa consideraron que ya era suficientemente mayor como para meterme la radio (ojo! de doble pletina!) en el baño. Y ese tipo de cosas, a esas edades, te hacen pasar muchas horas oyendo música. Empecé a cantar con el walkman puesto y me convencí de que lo hacía bien (sin querer darme cuenta de que cuando paraba de cantar lo oía igual de bien), pero donde daba el do de pecho era en la ducha. Allí decidí que me dedicaría a cantar, ya que con mi prodigiosa voz alcanzaba incluso los mas altos registros de Freddie Mercury. Ahí fue cuando el destino me regaló la pubertad y con ella el cambio de voz. Casi a la vez empecé a viciarme a Nirvana y Iron Maiden, y a partir de ahí tomé el camino del metal (que oye, tal vez no sea el mejor, pero de los mas divertidos sí).
A los 18 más o menos entré, animado por mis mejores amigos Nieves y Dani, en mi primer grupo, el cual se separó a los pocos meses sin tener aún nombre, pero en el que aprendí que si solo cantas tú no suena tan bien como con el walkman. Unos dos años después, me encontré a un viejo amigo del instituto, Migue, al cual hacía años que no veía, en un garito de valencia en el que acababa de ver un cartel de "se busca cantante". Resultó que él era el cantante de Allegory pero se lo iba a dejar para dedicarse a otros proyectos. Esa misma noche me presento a Silvia, con la que quedé para que me presentara al resto del grupo. El cartel aún lo tengo en casa de recuerdo, y el resto... es otra historia.