...es la cosa mas fácil de este mundo. Sobre todo si decides ir en fin de semana, momento en el cual deciden cerrarar todas las oficinas de información a la vez. Que maravilla!!
Asi que aunque hayas ido mas veces no te hagas y el chulo y pienses.-Seguro que me acuerdo de donde estan todos esos monumentos y paisajes naturales tan estupendos que vi la última vez- .Te llevarás una gran sorpresa cuando te des cuenta de que no encuentras nada. Eso es lo que me ocurrio a mi. Ya se que soy mujer y dicen las malas lenguas que somos nosotras las que no tenemos el mas mínimo sentido de las orientacion. No estoy para nada deacuerdo con esa terrible y estúpida teoria y para demostrar que no es cierto estoy yo, que soy la excepción que confirma la regla. Alli me planté sin mapa alguno y con una gran confianza en mi misma.
Fuí al mismo hotel que la última vez, en la variedad está el gusto. Allí sigue el mismo ancianito entrañable de siempre, por muchos años espero.
Nada mas dejar la mochila en el hotel me decidí a hacer turismo. Y el mejor sitio para empezar fué el bar chichas. Me sorprendió el hecho de que me dieran una tapa de regalo con la birrita, costumbre admirable que no ha sido adquirida en Valencia.
De este modo pude reponer las fuerzas perdidas durante el trayecto de tres horas y media que parecieron 10 debido a los continuos traqueteos del tren. Llamar traqueteos a esos terribles espasmos que provocaban sensaciones indescriptibles a mi pobre estómago es algo muy suave. Parecia que en cualquier momento el tren iba a descarrilar, si habeis subido en ese tren sabeis a lo que me refiero, verdad? Pero que se puede pedir por 2850 pts ida y vuelta.
Tras este breve receso continué mi trayecto por Cuenca. Nunca dejara de sorprenderme esta maravillosa ciudad, no os decia de broma lo de que siempre se encuentran lugares nuevos. Tampoco esta vez conseguí recorrerla entera.
Si no vas en coche, mejor ni te molestes. La primera vez que fuí a Cuenca, si que encontré la oficina de turismo abierta, así que con toda mi inocencia pregunté que autobus podia tomar para ir a la ciudad encantada. Cual fué mi sorpresa cuando me dijeron que el único modo de ir allí era en taxi, por el módico precio de 6000 pts. Eso si, el taxista te esperaba una hora mientras se toma unos taquitos de queso y una coca-cola (que no cervecita, estamos hablando de profesionales de la conducción), para llevarte sano y salvo a Cuenca. Supongo que muchos de vosotros afortunados conductores habreis logrado llegar hasta allí, y os habreis percatado de que ver la ciudad encantada en una hora supone verla corriendo, sin ninguna posibilidad de perderte por aquellos lares y poder sacar las correspondientes fotos con foca o metiendole la mano en la boca a la cabeza, bueno, lo típico.
Tengo que decir que hace no mucho logré ir con una conquense, su marido y como no,su coche y quedé fascinada de aquellas piedrecitas que colocadas estrategicamente simulaban una gran variedad de animalitos y objetos variados.
Continuara...