Se cumple medio siglo de la escritura de la obra drámatica cumbre del siglo XX

50 años " Esperando a Godot"

ENRIQUE HERRERAS

Y Godot creó el tatro contemporáneo de la nada. Precisamente se cumplen ahora 50 años de la escritura Eesperando a Godot, la obra cumbre del siglo XX, aquel que dejamos hace algo más de 10 años, cuando cayó el muro de berlín y el autor de la obra, Samuel Beckett (1906-1089). Cumbre porque, además de ser un gran poema dramático, puso patas arriba tanto el concepto teatral como el de hombre ( y con ello la política, la filosofía, etc.). Y todo partiendo del arte como fracaso, por su impotencia, por no tener nada que decir junto a la obligación de decirlo. O sea, las matemáticas, las certezas llevadas al absurdo. Término que nunca gustó al autor. Me contó Arrabal que cuando le llegó el famoso libro de Esllin, Beckett dijo: " Teatro del absurdo, ¡ qué absurdo!".

Pero ahí esta el término, para entendernos. Y "absurdo" en este caso no lo es por lo que dice una proposición, sino la realidad misma de la vida humana y del mundo. En su raíz misma, vino a decir Beckett, artísticamente ( bien pocas cosas dijo de otra manera), más allá de su parcial y superficial racinalidad, la existencia y el acontecer de las cosas reales carecen de sentidi para el hombre. He ahí el principal contenido: la falta de contenido. Y más después de la II Guerra Mundial, en la que las ideologías se quedaron en una cháchara vacía, y en una gran mascre. Todo ello expresado en una obra en la que aparecen dosespecies de clowns –más bien dos intelectuales venidos amenos- en un desierto –solo hay un arbol- que esperan a un tal Godot –un señor con barba blanca– que nunca llega. En una obra que no hay narración, ni siquiera acción, porque la propia narración la llevan los personajes. Toda una revolución teatral. Sin historia, reluce mejor lo teatral: el gesto y el silencio tienen tanto valor como la palabra. A partir de esta obra se han escrito múltiples interpretaciones, ríos de tinta salvo la del propio autor. No en balde señaló: "Si supiera quin es Godot lo habría dicho y no hubiera escrito la obra".

Pero por el contrario, y más allá de los aspectos puntuales, al relucir de esta obra, nos despierta una pasión artística a prueda de resfriados de inanidad. Mejor dicho, nos la ha despertado la llegada de la obra a Valencia (teatro Rialto) a través de una producción del Teatro Lliure (no podía ser otro) bajo la dirección de Lluís Pasqual. Nos lo despierta y nos habre a una discusión necesaria en estos tiempos tan ligeros. Nos estimula a seguir hablando de la función del arte. Y discutir (no el montaja que es impecable artísticamente hablando) sino una actitud que conlleva.

Ciertamente, hay que valorar el hecho de que Pasqual haya obviado las múltiples interpretaciones, quitar trascendentalidad y ofrecer armenidad. Además el que haya regresado a raíces, a lo que el autor dijo: "Estoy interesado en la forma de las ideas, pero no creo en ellas. Esta frase tiene una forma hermosa. Es la forma lo que importa".

EL SABOR DE LA NADA

Declaración que casa muy bien con la metalidad posmoderna. También es crítico Julio A. Máñez ha llegado a señalar que "se han dicho muchas tonterías a lo largo de estos cincuenta años sobre el significado de esta obra, que pasa por ser críptica". Y, más aún, se confirma a Susan Sontang (Contra la interpretación) cuand reivindica la relación erótica con la obra por encima de la transformación de la misma en el contenido. Afirmaciones, pues, que le vienen al dedillo a una obra que, repito, no tenía la pretensión de decir nada, sino expresar el risueño saber de la nada. Pero si no quería decir nada, al autor la debiera haber titulado: "Godot no vendrá". No lo hizo.

Por ello reivindico que una obra no es importante sólo por mayor o menor argucia para plantear la situación, sino que una obra es valiosa porque además de que se pueda tener con ella una relación erótica (que siempre es subjetiva) lleva consigo una buena cantidad de interpretaciones por delante y por detrás. Está hoy de moda decir que una imagen vale más de mil palabras. No es cierto. una imagen vale más de mil palabras siempre que provoque más de mil palabras. De lo contrario es una cháchara vacía. Y siempre se habla del mundo, no hay escapatoria. Es decir, cundo se dejen de buscar significados de Godot, éste dejará de existir, o se quedará simplemente un antiuado teatro, o Vladimir y Estragón servirán para anunciar coches...

Pasqual en este sentido, tampoco se ha evadido y se ha puesto entre las interpretacines esperanzadoras. Según señala en el programa de mano, el irlandés ya advirtió mucho antes de que cayese el Muro de Berlín, que Godot no llegaría. De ahí que haya que vivir la espera de la mejor manera posible ( tal vez por ello predomine el lado divertido de la obra) o mejorar sus condiciones ( el mensaje humanista). De lo que se olvida es de que sigue habiendo una ideología que no ha caído: el neoliberalismo. El Muro no ha caído, se ha transformado. No hay que olvidarlo, sino buscar nuevos significados. Godot creó el teatro de la nada, pero fue teatro ( y tanto), y el propio Godot se transformó en múltiples tesis ( y tantas). Beckett quiso ser nihilista y no lo consiguió (salvo para posmodernos resfriados); Beckett quiso permanecer en silencio, y no hubo manera. Por tanto, renuciar a cualquier reflexión ajena a la fábula es renunciar al arte.


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