¿Qué hice en septiembre de 2008?
Planear.
Lunes 1: Hoy tenía examen, pero no llego a tiempo, así que me lo tomo con calma. De todas formas, por más que lo intento, no logro sentirme culpable. Más tarde, leo un mail y me convenzo de que tampoco ha pasado nada.
Miércoles 3: Por la mañana no para de sonar el teléfono. Un montón de gente que me hace pensar en cambiar de número. Por la tarde Pablo manda un mensaje al móvil, que recibo por casualidad, porque llega en un momento en el que no hay música y, además, estoy cerca del aparatejo. El mensaje es para invitarme a cenar y, como no tengo absolutamente nada para comer en casa, excepto un paquete de pasta, cometo la estupidez de aceptar. Tampoco es tan grave, porque llego a las nueve y cuarto y salgo a las diez y media. Es decir, lo justo para hacer la cena, consumirla, sentarme un rato ante el totem familiar (la tele) a modo de sobremesa y excusarme con los exámenes de septiembre. Han sido casi dos meses sin noticias de esta familia, pero lo poco que ha cambiado ha sido para peor. Sobre todo Pablo. De paso, recojo el "detalle" que me han traído de Andalucía... otra botella de aceite... ¿no hay otra cosa por ahí abajo? Lo mejor (hay que mirar siempre la parte positiva) es que no va a haber cumple de Pablito, así que me ahorro el regalo y, si puedo arreglármelas, el mío se celebrará sólo si puedo contar con mi sobrino y, para hacer bulto (y fastidiar), se lo diría como mucho a la familia Trapp.
Jueves 4: Me paso algo más de hora y media hablando por teléfono con Fran y Miguel, sólo para terminar recordando que no tengo tiempo que perder... así que, después, paso algo más de una hora hablando con el hermano de Alex... lo que representa más de una hora el tiempo medio que paso hablando con Alex... que me llama al rato y me habla durante casi diez minutos sobre lo que quiere que le haga, le consiga, le grabe, le... y cuelga porque tiene muchas cosas que hacer.
Lo mejor del día: voy por la Avenida del Puerto y un niño de unos diez años me para, hace la fuente con el agua que llevaba almacenada en la boca y me mira esperando un comentario. Yo le felicito, por supuesto, porque lo ha hecho muy bien. Mucho mejor de lo que piensa.
Viernes 5: No es que esté muy satisfecho con lo que he hecho hoy, pero se veía venir...
Jueves 11: Últimamente, cuanto más planeo algo, peor resulta. Hoy hubiera debido ir definitivamente al cine o, por lo menos, haber tenido una larga y agradable conversación por la tarde... pero la paso diciendo gilipolleces con un impresentable. Y, por la noche, y para resarcirme, pretendía pasar un par de horitas leyendo tranquilamente mientras escuchaba tres o cuatro sonatas para piano de Beethoven... pero acabo en la otra punta de Valencia, donde no me apetecía nada ir, malcenando una minicena insustancial, viendo una estúpida película en dvd y regresando a casa a patita (en 59 minutos). Todo perfecto.
Y mañana más, seguro.
Viernes 12: Hablo con dos ninios y me entero de que ya han jugado un montón de partidos "de pretemporada", como los llaman ellos, y no me han llamado para que vaya... lo que me hace albergar esperanzas de que no me llamen nunca más y pueda dejar de futbolear. Sobrino aparte, por supuesto. Por la tarde me gasto parte del dinero que no tengo en algo que quiero y sigo pensando que me mimo demasiado.
Jueves 18: Viene Pablo a casa, pero no para lo que uno creería de no conocerlo bien, sino a por un juego para la Play. Más tarde, sobre las diez de la noche, llama Alex, con un montón de excusas por no haber llamado antes... y, por supuesto no ha sido culpa suya, sino de las circunstancias (lo que más me ha gustado ha sido lo de llamarme anoche a las doce, para ser el primero... y quedarse dormido en el intento... angelito... y habría colado si su madre no me hubiera dicho ayer que nunca se acuesta antes de la una).
Viernes 19: Gasto doce euros en aprender algo que ya sabía y me prometo no volver a olvidarlo.
Sábado 20: Hoy tocaba jornada de desagravio, pero primero llama el relleno para decirme que no puede ser porque van "a probarse ropa" al Corte Inglés ya que el mes que viene han de ir a una boda y no tienen nada decente que ponerse (cada vez está más claro que el mundo está lleno de subnormales, y los padres de estos están entre la élite). Después, y tras tres llamadas (la primera no consigue nada, la segunda descuelga una niña de siete años que, muy seria ella, me informa de lo que quiero saber y a la tercera consigo por fin mi objetivo) hablo con mi sobrino, que tampoco puede hoy, y la semana que viene ya veremos... Y yo, por mi parte, decido montarme la fiesta en casa y ya he limpiado a fondo cocina, baño, salón, dormitorio... y creo que voy a atreverme con el estudio de una vez, y a ver qué pasa.
Viernes 26: Suena el teléfono varias veces... la primera sobre las nueve de la mañana, pero prefiero no pensar en ella por ahora; la segunda poco después de comer, para pedir ayuda; la tercera la mejor, sin duda... llama mi sobrino, quedamos para mañana por la tarde, no acepta mi sugerencia sobre la tapa de boli rojo y promete hacerme un estupendo regalo de cumpleaños.
Sábado 27: ¡YA NO TENGO TORTUGASSSSSSS! Llevo un buen rato dando saltos por la casa y sonriendo como un bobo cada vez que paso ante el baño, pero es que todavía no me lo creo... cinco años limpiando caca de tortuga cada diez minutos y con la casa apestando a pescado podrido... Además, Miguel aprovecha para dejarme los dos primeros ladrillos de "Memorias de Idhún", que voy a tener que leerme justo cuando no tengo tiempo para leer... por si fuera poco, he abierto el primero y, sólo con ver la cita que encabeza el libro, se me han quitado las pocas ganas que tenía de leerlo.
Al poco de la desaparición tortuguil llama mi sobrino con mala noticia... hemos de quedar una hora más tarde... además, como juega a las tres en La Malvarrosa, puedo ir al partido...
Puedo ir al partido... voy al partido y, como soy tonto de remate, acabo haciendo el idiota y tardo una hora en volver a casa, así que no hay nada que hacer.
La parte positiva es que, si todo va mal, la semana que viene no convocarán a mi sobrino y tendremos todo el sábado por la tarde para hacer lo que queramos... es decir, lo que quiera él.
Domingo 28: La estupidez de ayer pasa cuentas y estoy para el arrastre. Además, acudo a una reunión a tres bandas y media completamente inútil, porque una de las partes sigue siendo autista y la conversación de anoche, a dos bandas y media, era más que suficiente.
Lunes 29: Nueva conversación a dos bandas, para confirmarme que la tercera parte sigue siendo despreciable. Por lo menos, luego llama Alex y me quita un poco de cabreo.