La segunda estrella a la izquierda...

Hey! Teachers! Leave them kids alone!

La frasecica de arriba, como ya habrá observado todo buen aficionado a la música clásica, corresponde a un verso del tema "Another brick in the wall (Part II)" de Roger Waters/Pink Floyd, cuya letra completa se incluye junto a estas líneas, original y traducida, para mayor ilustración.

Tal vez la primera etapa en la formación de un profe sea la que inicia como estudiante, así que me he propuesto dejar aquí un resumen más o menos detallado de los que me tocaron a mí... por lo menos de aquellos a los que recuerdo, que deben ser los que dejaron huella (y, por ello, los más importantes), porque a la gran mayoría los ha borrado una gran goma Milan, de aquellas blancas, que olían a nata y mi madre no me compraba nunca porque eran más caras que las normales, rosas, verdes o beiges, que sólo oían a goma. Curiosamente, casi todos los profes que recuerdo fueron espantosos...

Begonia: Este fue mi primer cole (bueno, guardería) y, como sólo asistí un año, sólo debí tener un profe, que debió ser profa, pero de la que no recuerdo absolutamente nada. De hecho, si sé que fui a ese cole es porque mi madre me lo recordaba cuando pasábamos por delante, aunque para entonces ya era una peluquería.

Noddy: A unos cien metros del anterior estaba mi segundo cole (ahora residencia privada), con nombre premonitorio, y en el que estuve dos años. El primero con Doña Amparo (pronúnciese "doñamparo") de "seño", pero mi único recuerdo de todo aquel curso es el de una botella de vinagre perennemente instalada en la mesa de la profe. De todas formas no debió enseñarme mucho, porque para cuando entré en la guardería. yo ya leía, escribía, sumaba y restaba sin problemas.
El segundo con Mari Carmen, que todavía me saluda, abraza, besa e interroga cada vez que nos cruzamos. Mis recuerdos más claros de ese año son ajenos a la enseñanza: Juan Carlos (un compa del que no recuerdo más que el nombre) tenía un imán y yo hubiera dado cualquier cosa (menos mis discos de los Beatles) por una maravilla como aquella; la vacaburra de Rosana (entonces y ahora) mordiéndome el hombro hasta que la seño me la quitó de encima, y la fuente que había en el patio, llena de vasitos para beber sin mojarse (el mío era rojo y plegable). Mi única imagen de Mari Carmen dentro de clase es de cuando me preguntaba la lección con el libro encima de su mesa y no se daba cuenta de que yo me limitaba a leerla desde donde estaba, porque a la pobre jamás se le ocurrió que un alumno suyo fuera capaz de leer de un libro al revés. Un día tendré que decírselo, porque me sabe muy mal tenerla así de engañada.

Villareal: Aquí duré más años... y mi despedida fue mucho más rotunda. El cole estaba repartido por distintas plantas bajas, en tres edificios diferentes y no muy cercanos, y con casi todas las aulas aisladas entre si. Esto quiere decir que, cuando un profe mandaba a alguien a por tiza al despacho del director !tenía que salir a la calle para llegar hasta allí! o que todas las aulas contaban, en una esquina, con una especie de armario empotrado que contenía una taza de water, sin lavabo ni papel (que tenías que pedir al profe de turno si ibas a mayores) por lo que, las más de las veces, la clase disfrutaba de un intenso aroma a cloaca. Pero, sin duda, lo mejor era que el patio se encontraba en lo que, según me contó mi madre, que pasaba por allí de pequeña, fue un huerto de flores (todavía quedaba un arbusto de diminutas rosas), todo él rodeado de una alta tapia. Como ocupaba toda una manzana, para acceder a él había que cruzar una calle, dos veces al día. ¿Marciano? Puede ser, pero no recuerdo que jamás hubiera un atropello, porque por aquellas calles no pasaban coches ni por despiste (y, más de treinta años después, siguen sin hacerlo). Actualmente, las plantas bajas que ocupaba este cole contienen distintos negocios (un bar, un locutorio...) menos las de sexto y séptimo, que esperan su derribo mientras alojan a una familia gitana que, de vez en cuando, recuerda al mundo que antes hubo allí niños encerrados por el expeditivo procedimiento de lanzar a la calle variado material escolar (como, por ejemplo, pupitres). Por su parte, el patio ha sobrevivido convertido en parque, aunque sólo queda un árbol de los originales, salvado del asesintato porque nos encadenámos a él cuando iban a talarlo y, después de muchas protestas de la asocicación de vecinos, fue indultado.
· Don Juan: Sólo recuerdo el nombre del profe... y a un compañero de clase, porque nos dedicábamos a contarnos las mentiras más grandes e increíbles que jamás he inventado/escuchado. Alguna de ellas, sin embargo, con el tiempo dejaron de ser mentira, mira tú por dónde...
· Don José: Este me quería mucho y, cada vez que le hablaba a mi madre de mí, se pasaba todo el rato acariciándome el pelo. Hoy supongo que lo habrían acusado de pederasta por menos que eso, pero entonces ese término se lo huberan aplicado a alguien con problemas de gases. De Don José sólo recuerdo que, para castigarnos a Horacio (mi compi/mejor amigo en ese curso) y a mí (no parábamos de hablar) nos puso una regla en equilibrio entre las dos cabezas, amenazándonos con tomar medidas si se nos caía... y se nos cayó, evidentemente, así que nos pasamos todo el curso sentados a ambos lados de la mesa del profe, constantemente vigilados y trabajando sin parar. Mi primer recuerdo consciente de estar en un aula es de este curso, operando con regletas de Cuisiner.
· La srta. Ángela: La primera profe que recuerdo con pelos y señales. Me odiaba a muerte y yo no le hacía el menor caso, lo que parecía molestarla mucho. Su modo de enfrentarse a la clase era genial: primero daba palmetazos en la mesa hasta que todo quedaba en silencio, después informaba de lo que se iba a hacer (abrir el libro de sociales por la página cuarenta y tres, sacar el cuaderno de ejercicios y ese tipo de cosas) y procedía a hacernos leer el tema, leer las contestaciones a los ejercicios del día anterior o lo que tocara, siempre en medio del más absoluto silencio. El aula contenía varias mesas rectangulares de un hierro pintado varias veces (la última en azul marino) que, en invierno, era como trabajar sobre un cubito de hielo, y en las que se sentaban seis alumnos. Esas mesas estaban organizadas por niveles (que se alcanzaban al responder a las preguntas de la seño; si respondías bien avanzabas puesto, si te equivocabas retrocedías), esto es, una estaba encabezada por el primero de la clase, a su derecha se sentaba el segundo (ambos puestos ocupados alternativamente por Soledad y un niño cuyo nombre no recuerdo), luego el tercero... y así hasta el sexto; la siguiente mesa comenzaba encabezada por el séptimo, la siguiente por el decimo tercero... hasta llegar al "pelotón de los torpes", que nos sentábamos en sillas de pala, en lo que debió ser la plataforma para la mesa del profe, instalada junto a la cristalera que separaba nuesta aula de la de octavo, por lo que se gozaba de una panorámica excelente sobre "la clase de los mayores". Yo me aburría soberanamente en esas clases, monótonas, repetitivas y nada interesantes, conducidas por una señora (que, pensándolo bien, debería estar por los veintipocos años) que se dirigía casi en exclusiva a la primera mesa, sólo prestaba atención al resto de la clase cuando esa mesa estaba atendida y, a mi pelotón, tan sólo cuando nos hacíamos notar. No recuerdo si "la señorita Ángela" logró enseñarme algo de forma consciente, pero yo, por mi parte y observando a través de los cristales, aprendí a sumar y restar polinomios, dividir por Rufini, un montón de elementos químicos... todo ello absolutamente inútil en mi curso, por supuesto.
¿Por qué estoy convencido de que esta individua me odiaba? Muy sencillo:
a) Al poco de iniciarse el curso hubo un concurso de dibujo (los niños eran utilizados para todo, entre otras cosas para venderles cosas a sus padres, diseñar papeles pintados, escribir redacciones para la Coca-Cola...) y, cuando entregamos nuestras obras, la mía acabó en la papelera (era un retrato de perfil, porque acababa de descubrir que podía dibujar perfiles, de James Dean, aunque supongo que sólo yo sabría ese último dato). No me di cuenta hasta que quedaron todos los dibujos colgados en la pared en espera de ser entregados a los representantes del concurso, preguntar dónde estaba el mío y recibir por contestación que ese no servía.
b) Cuando se acercaba la semana de los cromañones, digo las fallas, tuvimos que construír una cada uno, por supuesto, y la mía tenía como figura central un enorme pozo de petroleo, que fue arrancado de cuajo por esta energúmena, no recuerdo si medió alguna razón o fue un arrebato de inspiración.
c) Un día, debió ser por aquello de introducir un elemento de variación en la clase, tuvo la idea de hacernos realizar un mural en grupo... y a mí me encasquetó como compañero a un niño nuevo que no se juntaba con nadie (y, cuando intento recordarlo sólo me viene a la cabeza Manolito, el amigo gallego de Mafalda), cuya madre me dejó en la puerta mientras le pegaba el broncazo del siglo cuando me presenté por la tarde en su casa armado de cartulina y un puñado de fotos de animales, para luego cerrarla de un portazo y hacer que me ganara yo otra bronca por haber vuelto a casa solo... y una tercera por haber hecho el trabajo solito en lugar de en grupo.
d) En un examen de sociales, donde se trataba de las tribus nómadas, apunté el hecho de que los camellos eran sedentarios y nunca se alejaban demasiado de un territorio conocido donde sabían encontrar agua y comida sin dificultad pero, por su gran resistencia, eran utilizados por esas tribus nómadas en contra de su naturaleza. Todo ello leído poco tiempo antes en un libro de Felix Rodríguez de la Fuente.... Y esta sujeta habló con mis padres y les dijo, en pocas palabar, que yo era un inútil sin remedio y, como prueba, comentó que, en el último examen de sociales había escrito que el camello era un animal sedentario ¡¡¡PORQUE PASABA MUCHA SED!! Y lo hizo como venganza, porque unos días antes había preguntado la lección por sorpresa, comenzando por el primero de la clase, como siempre... y este falló... y el segundo... y el tercero... y todos... hasta que llegó a mí (por primera vez, según recuerdo) y cometí la estupidez de responder bien... por lo que hube de recoger mis trastos y trasladarme a la primera mesa, donde le quité el puesto al primero de la clase. No lo hice de buena gana, evidentemente, porque yo quería estar en mi sitio, junto a la cristalera, y los de la primera mesa no me caían demasiado bien, pero no me quedó más remedio. Al día siguiente, al entrar en clase, me senté en mi sitio de siempre y fui obligado a instalarme de nuevo en la cabecera de la clase. Evidentemente, para poder volver a mi sitio, a partir de ese momento fui mudo en clase, con lo que fui retrocediendo puestos hasta que volví a sentarme en mi querida silla de pala.
Hay e, f, g... pero como ejemplo ya vale. Tan sólo una "anécdota" más, que ilustrará muy mucho mi idea de que me odiaba: ya he dicho arriba que el patio del colegio estaba en otra manzana, rodeado de una tapia con una sola puerta y contenía varios árboles... a los que estaba terminantemente prohibido trepar... bien, pues todos los niños, TODOS, jugaban al fútbol (menos el "Manolito" de antes, un niño muy gordo y dos de mis compañeros en "el pelotón de los torpes") y yo solía jugar con las niñas a pillar, el escondite, el pañuelo... menos cuando jugaban a la goma, que nunca me ha gustado (creo que lo veía muy "de niñas") y, un día, mis dos compis del pelotón y yo nos subimos a un árbol y, cuando nos dimos cuenta, el patio estaba desierto, porque al acabar el recreo se llamaba a los niños con dos palmadas que sólo escuchaban los que estaban a cuatro metros de quien palmeaba, pero el resto de críos seguía gregariamente a quienes empezaban a formar para marchar a clase... nosotros, en lo alto del árbol, en la otra punta del patio, ni escuchamos ni vimos nada, así que, cuando nos dimos cuenta de que estábamos solos en el patio, bajamos del árbol, nos escurrimos entre las rejas de la puerta, cruzamos la calle, entramos en la clase (las puertas comunicaban directamente la calle con el aula y no se cerraban con llave mientras estábamos dentro)... y se armó la gorda... la seño nos preguntó de dónde veníamos, se lo dijimos y nos pegó un tortazo descomunal que dejó al primero que lo recibió con la cara como un tomate, al segundo le dió con menos fuerza y a mí no me hizo más que un poco de aire... No sé lo que hicieron los otros dos, pero yo lo primero que hice en cuanto llegó mi madre al cole fue decirle lo que había pasado, tortazo incluído, así que por la tarde, al llegar de vuelta al cole, mi madre fue a buscar al director, entraron en clase y allí, delante de todos los niños, dejó bien claro que no denunciaba al centro por haber perdido a tres alumnos sin haberse dado cuenta (y era bastante evidente que faltábamos en clase, porque nos sentábamos en una tarima elevada) pero que, si se repetía el hecho o alguien me volvía a poner la mano encima, no tardaría cinco minutos en dar parte. Bien por mi mamá, pero sólo empeoró las cosas... al acabar el curso volví a ser amablemente desestimado como futuro alumno y no logré llegar a ocupar jamás un pupitre en el aula tras la cristalera. Claro que, de haber seguido en este centro, tampoco lo hubiera conseguido, porque lo cerraron un par de años después.

ENGEBA: Este colegio surgió de la fusión de tres centros, por lo que contaba con tres directores (Don Santiago y Doña Ana, que también eran profes y Don José, que sólo era inútil) y su nombre, que todavía conserva, viene de la ENseñanza GEneral BÁsica. Está situado en los bajos de un edificio, su patio está en las terrazas interiores y todavía sobrevive, aunque ahora ha ampliado su campo e incluye secundaria. Aquí fue donde empecé a jorobarlo todo: por primera vez cuestioné la autoridad (toda, cualquiera), propuse cambios, expresé mis posicionamientos, me enfrenté a supersticiones y oscurantismo... con el resultado evidente: todo el mundo por un lado y yo por otro. Lo mío no era (ni es) eso de "más vale estar solo que mal acompañado", sino más bien "más vale estar solo". Ah, y también fue cuando me mudé definitivamente a Nod.
· Don Santiago: Muy mayor el hombre, de hecho, falleció a los pocos años, y se le tomaba el pelo muy fácilmente. Yo me pasé castigado un par de meses de un frío invierno por no saber dividir... cuando en realidad dividía perfectamente y las hacía mal para no tener que salir al patio y poder quedarme almorzando calentito en la clase.
· La Srta. Alicia: El profe de inglés en sexto fue Don Miguel, que debería tener unos veinte años, pero al año siguiente lo sustituyó Alicia, que tampoco era mucho mayor. Miguel sabía hablar en inglés, no tengo ni idea de si lo hacía bien o mal, y lo demostraba en clase. Alicia no sabía hablar en inglés y hasta tenía problemas con el vocabulario del libro. El resultado es que nadie consiguió más que aprenderse de memoria varias frases hechas y gran parte del vocabulario. Yo no aprendí inglés hasta que salí de este cole.
· Don Adolfo: No tenía ni idea de lo que explicaba (que era Ciencias Naturales) y tenía que leer continuamente lo que venía en el libro. Se sacaba la cera de los oídos con la tapa de los bolis de sus alumnos y los mocos con el meñique derecho para después pegarlos bajo su mesa. Ponía motes a quien le cayera mal por cualquier razón peregrina (hasta que llamó "conguito" a un alumno negro y sus padres, abogados ambos, le respondieron con una bonita denuncia)... el profe ideal. A mis padres se les ocurrió contratarlo para que me diera clases particulares, porque yo no aprobaba ni un examen... y él se pasaba el tiempo mirando como hacía los deberes sin decir ni pío, porque yo no tenía ningún problema y, además, siempre hacía todos los deberes y hasta me leía los temas en su momento... pero luego no entregaba nada y dejaba en blanco los exámenes o contestaba lo primero que me pasaba por la cabeza... pero no dijo en ningún momento que yo no necesitara ayuda.
· La Srta. Fina: La profe de lengua en sexto y, después, de religión, así que no recuerdo mucho de ella, porque me expulsaron de esa clase a los cuatro días.
· Don Francisco: Profe de lengua en séptimo y octavo, dibujo en sexto y séptimo y de pretecnología en los tres cursos. Otro espanto de profe. Cuando pienso en él siempre lo veo arrastrando a hostias a un alumno de punta a punta de la clase (había tirado la papelera) con cara de odio y dando gritos. Nunca le tuve respeto, porque era muy desagradable, pero desde en tonces se convirtió en la primera persona a la que desprecié conscientemente. En clase de lengua explicaba las cosas una vez, generalmente leyendo el ejemplo que venía en el libro, y luego ponía todos los ejercicios posibles. Si los hacías bien, estupendo, de lo contrario te llevabas un negativo, pero no te volvía a explicar nada. En pretecnología el alumno era mi padre, así que me dedicaba a pasear por la clase eluyéndolo y nunca me dijo nada. En dibujo se limitaba a poner modelos (fotocopias o láminas de Emilio Freixas) y te miraba mientras intentabas copiarlas. Un éxito de profe.
· Don Joaquín: Profe de mates en sexto y séptimo y de gimnasia para los tres cursos. Como profe de mates era terrible y consiguió hacerme aborrecer la materia en un par de clases, porque no me enteraba de nada. Su modus operandi era pasar por encima del tema, hinchar a la clase a ejercicios y ponerse a hablar con los integrantes del equipo de balonmano o futbito. Como profe de gimnasia tampoco era mejor: ponía a toda la clase a correr dando la vuelta al patio mientras él entrenaba al equipo de balonmano o de futbito. Consiguió hacerme aborrecer la gimnasia hasta tal punto que, desde el primer día, me negué en redondo a hacer el mínimo ejercicio (y hasta ahora jamás he dado una sola clase).
· La Srta. Pilar: Sociales. Nunca me ha gustado la historia. Al principio porque no le veía el sentido a aprenderse una lista de fechas, nombres, batallas... ocurridas hace doscientos, mil o dos mil años, y después porque no me creo las historias oficiales y nada de lo que se enseña en esas clases es demasiado pertinente, da una idea equivocada (sesgada, artificial, parcial...) de la historia de la humanidad, es sexista, belicista, violenta... un asquito. La parte de geografía era más interesante, pero lo de aprenderse listas (en este caso de capitales, países, ríos, cordilleras, cabos...) nunca ha sido lo mío. En séptimo le caí bastante bien porque hice un bonito móvil con Pitufos y se lo regalé, pero luego, como vio que siempre iba leyendo por los rincones, me dejó un libro y, cuando después de leerlo le di mi opinión, quedó tan escandalizada que no volvió a acercarse a mí (el libro era "El diario de Ana Frank"). Sus clases eran bastante aburridas, porque cuando das historia y geografía a base de libro... pues poco puedes hacer para que resulte interesante.
· Don José Luis: El hijo barbudo del director... si el padre era apodado "El pelícano" (nunca supe por qué ni me molesté en preguntar), el hijo tenía que ser... "El pelicanito". Trabajaba en un banco por las mañanas y daba mates y dibujo en octavo por las tardes. Espero que entendiera de dinero, porque lo que era de niños... Debería saber bastantes mates, pero era incapaz de hacerlas comprensibles y mucho menos interesantes; monótono como era (sólo de mirarlo te daban ganas de bostezar) convertía todo en monótono y aburrido... hasta las clases de dibujo, donde la mitad de los trabajos eran "dibujo libre", pero si aparecías con algo psicodélico y lleno de color, una composición lineal casi op-art, una hoja en blanco (era una nube vista desde dentro) o cualquier cosa que no fuera una casa, un árbol y un pozo lo tenías muy crudo. Yo lo tenía supercrudo.

MEDITERRANEO: Un cambio radical. Seis u ocho alumnos por clase. Maestros por los cuatro costados. Ambiente de camaradería... Desapareció hace unos diez años y, en este momento, sus locales están siendo remodelados, por lo que ya no queda ni rastro de que antes fuera un cole.
· Fernando: Lengua y Sociales. Este hombre tenía una enciclopedia o dos en lugar de cerebro y, además, un procesador de datos que convertía todo en algo totalmente accesible, interesante, ameno... sus clases eran divertidas, sorprendentes... y, cuando el día no estaba para mucho esfuerzo intelectual, nos leía cuentos (y yo anotaba siempre el autor y así descubrí a Borges, Cortazar, Mrozek, Faulkner...), hablábamos sobre temas de actualidad, nos recomendábamos pelis... y todo sin darnos cuenta de que estábamos dando lengua. Por si fuera poco ¡era humano! Le gustaba Astérix y comentábamos los cómix en clase, tenía una habitación en casa dedicada por entero al Lego y nos enseñaba fotos... y hasta fuimos a verla... Era un tipo estupendo.
· José Luis: Mates y natu. No era tan extrovertido como Fernando, pero sí tan cercano como él. Comenzaron a gustarme las mates. Es más, comenzaron a entusiasmarme. Es cuando caí en la cuenta de que, lo que había aprendido años antes a través de una vidriera, eran mates y no un juego. O, lo que es mejor, eran un juego matemático.
· Maite: Inglés. Y resultó que el inglés era facilísimo y yo ya sabía un montón sin tener ni idea de que lo sabía. Era un poco fantasma, porque escribía cuentos (había escrito tres o cuatro) y nos los leía en clase dándose importancia pero, dejando eso a un lado, enseñaba inglés como quien enseña algo sencillo y simple, así que lo aprendíamos porque era sencillo y simple.

Escuela de Artesanos: Aquí pasé unos meses en Dibujo y año y medio en Administrativo pero, a pesar de todo ese tiempo, sólo recuerdo un profe que se dormía en clase (decían que le había picado una mosca Tse-Tse, pero parece más lógico que sufriera narcolépsia o algo parecido) y mi primer cuelge serio hasta la estupidez... aunque ya no recuerde ni su nombre (mi único recuerdo: su padre no había dejado que estudiara enfermería).

I.N.B. SOROLLA: Aunque, después de que le arrancara el rabito a la R en el cartel de la entrada quedó convertido en otra palabra mucho más divertida. Actualmente ha desaparecido el I.N.B. y reaparecido el rabito de la R. Un instituto con aspecto de bunker por fuera y de hospital por dentro (todo alicatado de azulejos verde-angustia), con bancos antediluvianos que todavía tenían espacio para el tintero y el plumero (uno de ellos salió por la ventana cuando una profe nos gritó: "Ese banco, fuera de clase ¡YA!" y nosotros obedecimos al pie de la letra) De aquí sólo recuerdo bien a tres profesores; el resto está bastante difuminado, cuando no eliminado definitivamente de mi memoria.
· Carmen Rodríguez: Mates. Integrante del "Grupo 0", que experimentaba con nosotros increíbles métodos de aprendizaje y consiguió convertirme en un genio de las mates, hasta el punto de que empecé a dar clases a mis compañeros y todo. Por si fuera poco, ¡era fan de las vainicas! Clases a base de fotocopias, recortables, cuerdas, resolución de problemas en grupo... una gozada.
· Teo: Ni idea del apellido. Inglés. El profe de inglés de primero era un señor muy mayor, gordo y con bigote, apodado "El buski", que daba las clases de inglés como si fuera instrucción militar (el inglés es el idioma más civilizado y educado del mundo: todo el mundo habla "de usted" a los demás, no sólo los niños a los padres, sino también los padres a los niños...) me pilló una caricatura en la que mezclaba habilmente su cara con el cuerpo de una morsa sobre el descriptivo título de "I am the walrus" y ya no volví a entrar en su clase. Teo era todo lo contrario: las clases se pasaban entre canciones, carcajadas, conversaciones... en inglés, por supuesto (que, además, era una lengua estupenda, porque todo el mundo se hablaba "de tú"). No hay que decir que aprendí un montón.
· Carlos: Ética. Un tipo muy abierto que traía a clase montones de temas increíblemente interesantes y se las arreglaba para hacerlos más interesantes todavía. Lo que hace que sienta mucho haber contribuído a su explusión. Mesplico: Yo estaba enganchado a una nueva emisora dependiente de RNE, esto es, Radio3 (la mejor del mundo), donde se "celebró" el "Primer Festival de Música De-Mente" (sí, es un juego de palabras) en el que participé con una bonita grabación a base de teclado distorsionado y guitarra española "preparada" (en ese momento era una guitarra española con dos palos entre las cuerdas para hacerla sonar de forma parecida a un sitar, pero luego descubrí a John Cage y sus "pianos preparados"...) que no consiguió premio, pero fue radiada durante la celebración del festival. Como, evidentemente, grabé todo el desarrollo (al final fueron montones de cintas que nunca volví a escuchar y acabaron perdidas o regrabadas), llevé alguna a clase de ética, a Carlos le gustó la idea y propuso que hiciéramos algo parecido en la clase. Su idea era, simplemente, que sus alumnos prepararan algún tipo de "canción de-mente" para interpretarla, recitarla, representarla... en clase, pero nosostros nos dedicamos a cebar la idea... metiendo en el cotarro al resto de alumnos... consiguiendo el salón de actos para la celebración de "la gala"... hasta que trascendió a las altas instancias eclesiásticas (esto es, la profe de música y el cura del instituto, porque cada centro escolar e instituto contaba con algún cura adscrito) que una de las actuaciones programadas consistía en una reinterpretación del tema sacro "Salve Regina" con el revelador título de "Salve Vagina"... Eso se tradujo en amenazas, denuncias (a los alumnos implicados, profesor, jefe de estudios, instituto, un hombre que pasaba por allí...). Pero, para entonces, la cosa se nos había ido un tanto de las manos, porque yo, con mi natural talento para complicar las cosas, me había puesto en contacto con los responsables en Radio3 del "Primer Festival de Música De-Mente", les había anunciado que íbamos a celebrar la segunda edición, el día, la hora y el lugar... y ellos se presentaron con un equipo móvil para grabarlo y retrasmitirlo... todo sin ningún permiso ni conocimiento por parte del instituto, por supuesto. El caso es que el "Segundo Festival de Música De-Mente" se celebró, se retrasmitió [con mis dos actuaciones estelares: "Concierto en Clack mayor para dos sillas plegabes" composición original, y "Déjame que bese al arzobispo (su anillo episcopal)" versión libre de "Sentimental Journey" de Green, Brown & Horner] e incluyó, por supuesto, el "Salve Vagina" en su integridad. El resultado fue un éxito radiofónico (gracias al que me convertí en "mascota" de Radio3 y, más tarde, en crítico ocasional con derecho a recibir periódicamente todas las novedades discográficas de sellos como DRO, GaSa, Tres Cipreses...) y un drama educativo, que supuso sanciones para casi todo el mundo, aunque no se nos llegó a expedientar, como se pretendía en un principio. Una lástima, porque habría sido la cima de mi carrera estudiantil.
Recuerdo vagamente otros profes del instituto, como uno de dibujo (¿Antón?) que me pidió un libro prestado y nunca me lo devolvió (hasta negaba que se lo hubiese dejado nunca), o una de lengua, que obtuvo dos increíbles éxitos muy a su pesar: nos propuso la creación de una revista, a la que le puso el bonito título de "Pegaso - Revista de los alumnos del Instituto Sorolla" y cuyos contenidos, todos literarios, debían obtener su consentimiento para ser publicados... a las tres o cuatro semanas, mi casa se había convertido en la redacción-editorial de la contra-revista del alumnado, con el mucho más descriptivo nombre de "Procesos Reumáticos" y conteniendo tan sólo artículos, dibujos, cómics, poesías... que jamás habrían obtenido el visto bueno de la profe (el relato pormenorizado del viaje a Londres de la hermana mayor de una alumna del instituto, que partió embarazada y regresó desembarazada, por ejemplo); por otro lado, y sin haberse desanimado por su fracaso editorial, propuso la creación de un grupo de teatro, en el que, nuevamente, ejercería la tarea directiva, obligando a los ilusionados integrantes (voluntarios) a ensayar un bonito entremés... así que, tras el segundo ensayo, desaparecimos todos para montar nuestro propio grupo, desvinculado totalmente de la profe, y dedicado a obras mucho más escabrosas, con las que, incluso, nos fuimos de gira por otros institutos y llegamos a ser "contratados" por el PCML (esto era el Partido Comunista Marxista Leninista) para representarla en un congreso internacional del partido en Madrid (mientras los asistentes acudían a las ponencias y demás actos nosotros nos fuimos al concierto de Simon & Garfunkel, de museos por la ciudad y otras agradables actividades... arrastrando con nosotros cada vez a más asistentes)

 

 

 


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Sobre profes / coles / educación

Libros:
Los 79 cuadrados - Malcolm J.Bosse
El profesor - Frank McCourt
El florido pensil - Andrés Sopeña
El pequeño Nicolás - Goscinni / Sempé
Gran encicolpedia del disparate Vols.1, 2 y 3 - José Luis Rodríguez Plasencia
Mi familia y otros animales, Bichos y demás parientes, El jardín de los dioses, etc. - Gerald Durrell (no sólo dan una buena idea sobre un tipo de educación próxima a lo inexistente, sino que presentan al profe más increíble de la literatura y, además, nunca me canso de recomendar estos libros por cualquier motivo)

Pelis:
Cero en conducta - Jean Vigo
Los chicos del coro -
Christophe Barratier
Esta tierra es mía -
Jean Renoir
Ser y tener -
Nicolas Philibert
Adiós Mr.Chips
- Sam Wood
Los niños de San Judas - Aisling Walsh
El club de los poetas muertos - Peter Weir
Up the down staircase - Robert Mulligan
The blackboard jungle - Richard Brooks
La lengua de las mariposas - José Luis Cuerda
To sir, with love - James Clavell
Hoy empieza todo - Bertand Tavernier

Canciones:
Matrícula de honor - Tequila
El maestro -
Patxi Andion
School -
Nirvana
Another brick in the wall (part II) -
Pink Floyd
School
- Supertramp
Remember the days (of the old schoolyard) - Cat Stevens
School's out - Alice Cooper
School's days - Chuck Berry
Mi escuela - Victor y Diego
Rock n' roll high school - Ramones

 

 

 

El Maestro - Patxi Andion

Con el alma en una nube
y el cuerpo como un lamento
viene el problema del pueblo:
viene el maestro.
El cura cree que es ateo
y el alcalde comunista
y el cabo jefe de puesto
piensa que es un anarquista.
Le deben 36 meses
del cacareado aumento
y el piensa que no es tan malo
enseñar toreando un sueldo.
En el casino del pueblo
nunca le dieron asiento
por no andar politiqueando
ni ser portavoz de cuentos.
Las buenas gentes del pueblo
han escrito al "menestrerio"
y dicen que no esta claro
como piensa este maestro.
Dicen que lee con los niños
lo que escribió un tal Machado,
que anduvo por estos pagos
antes de ser exilado.
Les habla de lo innombrable
y de otras cosas peores,
les lee libros de versos
y no les pone orejones.
Al explicar cualquier guerra
siempre se muestra remiso
por explicar claramente
quien vencio y fue vencido.
Nunca fue amigo de fiestas,
ni asiste a las reuniones
de las damas postulantes,
esposas de los patrones.
Por estas y otras razones
al fin triunfó el buen criterio
y, al terminar el invierno,
le relevaron del puesto
y ahora las buenas gentes
tienen tranquilo el sueño
porque han librado a sus hijos
del peligro de un maestro.
Con el alma en una nube
y el cuerpo como un lamento
se marcha,se marcha el
padre del pueblo,
se marcha el maestro.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2008 Juancho