La tele que yo veía...
Cuando yo veía la tele... veía la única tele que había: una sola cadena, en blanco y negro (a pesar de que en el cine veíamos que en Yankeelandia la tele ya era en color) y que tan sólo emitía ocho horas al día [de dos a cuatro -carta de ajuste, telediario, novela y carta de ajuste- y de seis a doce -carta de ajuste, presentación de los programas, programación infantil, serie, telediario, película o teatro (sí, teatro en prime-time) y despedida y cierre-]. Y los sábados y domingos la cosa empezaba a las nueve de la mañana y terminaba a las doce de la noche o, incluso, ¡¡las doce y media!!.
Los fines de semana había más programación infantil, y eso es lo que yo veía, porque no dejaba de ser un niño.
Al principio, de lunes a viernes había programación variada, con "Los Chiripitifláuticos", "La casa del reloj", "Cuentopos", "El circo de TVE" y cosas así, pero luego se introdujo el programa-cajón "Un globo, dos globos, tres globos" que, de lunes a jueves, ofrecía un poco de todo para los que salíamos de la escuela o el instituto (más tarde su lugar fue ocupado por "Barrio Sésamo", "La cometa blanca", etc.). Los viernes tocaba "La Semana", una especie de informativo juvenil con noticias casi siempre relacionadas con temas escolares, donde se intercalaban algunas series ("Skippy" o "Sky boy", entre otras). Los fines de semana la cosa cambiaba y los sábados a las diez empezaba un programa maratón que solía durar tres horas ("Hoy también es fiesta", "La Guagua", "Pista Libre"... hasta desaparecer de la programación con "La bola de cristal" en los ochenta) en el que se incluían concursos ("El juego de la foca"), series, dibujos, canciones... casi siempre con el indescriptible Torrebruno como maestro de ceremonias. Después, justo antes del telediario, alguna serie como "Heidi", "Marco", o "Pippi". La película del sábado por la tarde, después del telediario, siempre era "para todos los públicos", así que la veíamos todos. Luego, por la tarde, más programación infantil, con dibujos o series. Los domingos por la mañana era el tiempo de "Cesta y puntos" y "Torneo", con Daniel Vindel, pero no le interesaba más que a los que participaban, que solían ser niños repipis de colegio de curas. Por la tarde "Disneylandia", "La abeja Maya", "La Pantera Rosa", "Zoo Loco"...
Por supuesto, había multitud de otros programas que también te dejaban ver, como "El hombre y la tierra", o las series americanas para todos los públicos ("La casa de la pradera", "Estrenos TV" - Colombo, Banaceck, McMillan y esposa, McCloud...-) o concursos como "Un, dos, tres, responda otra vez", pero eso solía quedar a discrección de la familia, porque la tele te mandaba a la cama a la hora correspondiente, con la Familia Telerín cantando lo de "Vamos a la cama, que hay que descansar..." Eso sí, el que al día siguiente no había visto el capítulo que tocaba de "Galería nocturna", "Crónicas de un pueblo", "Curro Jimenez" o "Los camioneros" era el hazmerreír de la clase.
La tele en color
La primera tele en color que vi jamás la tenía un amigo de un primo mío. Un espanto enorme, de color marrón, donde nos dejaban ver "La Pantera Rosa" (que resulta que era rosa, no gris) los domingos después de comer. La segunda la tenian unas vecinas mías, Elisa y Cristina, y yo iba a su casa a ver "Starsky y Hutch" en una tele de plástico blanco y aspecto marciano, que nos parecía el no-va-más del diseño. Para cuando llegó la primera tele en color a casa (las dos primeras, una General Electric Española y una Thompson fueron en blanco y negro) ya hacía tiempo que me había dado cuenta de que mis películas favoritas solían ser en blanco y negro, así que no me perdía nada por verlas en la tele vieja (sobre todo los viernes por la noche, en "La Clave") mientras el resto de la familia veía la tele en color (los viernes por la noche "Un, dos, tres"). Ah, claro, es que, para entonces, ya había dos canales, la VHF, o primera cadena, y la UHF, o segunda cadena que, en la tele de mis abuelos, una UNIC de fabricación española, había que buscar con un díal, como si fuera una radio.
El UHF
Cuando la primera cadena sólo emitía ocho horas al día, la segunda empezó tímidamente emitiendo sólo a partir de las seis y terminando a las diez, sobre todo programas infantiles o documentales. Al poco de empezar sus emisiones, yo ya tenía claro que me gustaba más que la primera, no sólo porque había más dibujos, sino porque los mayores no le hacían mucho caso así que, en cuanto se despistaban un poco, yo me levantaba del sillón y corría a cambiar de canal. Claro, tampoco había mando a distancia, para qué, si sólo había dos canales y ni siquiera emitían todo el día.
La existencia de dos canales, cuando el hecho de tener una tele era todo un lujo, daba lugar a frecuentes discusiones en las casas. En la mía por el problema de los viernes, con "La Clave" y el "Un, dos, tres" a la misma hora que, como ya he dicho, se solucionó con la entrada de la tele en color. En aquellos tiempos lejanos todavía mandaba el padre y se veía lo que este quería, que no solían ser dibujos, sino informativos o retrasmisiones deportivas.
Poco a poco la programación de la primera fue haciéndose más extensa y ya no había carta de ajuste entre la novela de la tarde (que dejó de ser de producción española para ser importada de los USA) y la programación infantil. Además, la segunda cadena adelantó su principio de emisión y casi coincidía con el de la primera, prolongándose algunos días una o dos horas más, debido a que programaban películas ¡¡en versión original con subtítulos!!
La primera vez que la tele (Televisión Española, porque no había más) emitió sin interrupción durante toda una noche fue con motivo de las primeras elecciónes tras la dictadura; tuvieron la feliz idea de programar series infantiles durante toda la noche, entre las cuales ofrecían información sobre el recuento hasta ese momento. El hecho de pasarme toda una noche delante de la tele viendo "Los famosos cinco" y cosas así me parecía de lo más bizarro, pero al día siguiente pude fardar ante mis amigos, a quienes habían mandado a la cama, de haberme quedado toda la noche viendo la tele. Total, ganó la UCD de Suarez y todo siguió como estaba...
Boom
De repente, un día anunciaron una tercera emisora, el Canal 10, que apadrinó Bo Derek, entonces toda una estrella y "mujer 10". Todo el mundo recibió una revista por correo con las excelencias que nos esperaban al disponer de un tercer canal de la categoría de Canal 10... que duró unos meses y desapareció.
Luego llegaron Tele5 (la primera peli que emitieron, "En busca del arca perdida", no la vio casi nadie, porque era bastante complicado sintonizar la puñetera señal) y Antena3; se anunció un canal de pago: Canal+; las autonómicas y... yo dejé de ver tele.
Hace muchos años que no tengo tele y no la echo de menos, por la sencilla razón de que no hay nada que me apetezca ver. Las películas programadas son de ínfima calidad, los dibujos no tienen nada que ver con los que a mí me gustaban (con la excepción de "Bola de drac", que seguí entusiasmado hasta que me harté de tantas "zetas" y los sempiternos dibujos de la Warner, por supuesto), los concursos son para encefalogramas planos (¡¡Operación triunfo y Gran hermano!!), los informativos son, en el mejor de los casos, desinformativos...
La celebración de los cincuenta años de TVE llevó a la creación de un canal dedicado a desempolvar viejos programas. ¿He de decir que temblé de miedo al pensar en volver a ver un episodio de "La Casa del Reloj" o "Cuentopos"? ¿Desaparecerían mis recuerdos sustituidos por la fea realidad del cartón piedra en blanco y negro? ¿Serían realmente así las canciones que yo recuerdo y canto de vez en cuando? (La naranja se pasea de la sala al comedor, no me tires con cuchillo, tírame con tenedor... cantaba Rosa León en "Cuentopos") Suponía que todo iría bien, porque pasé la prueba de ver entera la serie de Pippi Calzaslargas ¡¡EN DVD!! y me lo pasé estupendamente bien. Bueno, decidí verlos a solas, por si se me caía la infancia a pedazos, o se me caía la infancia encima, no sé qué puede ser peor, y salí airoso de la prueba.
Un hecho curioso: mi único recuerdo de "Meteoro", aquel bravo piloto en su Mac 5, consistía en un episodio en el que "Meteoro" es perseguido por un larguísimo camión... y terminaba con un decepcionante "continuara..." Pues bien, treinta años después del momento encapsulado en ese recuerdo, paso por delante de una televisión encendida y me quedo congelado. No sólo reconozco el fabuloso Mac 5 en la pantalla, sino que ¡¡se trata de la segunda parte de aquel episodio que nunca supe cómo terminaba!! ¿Casualidad? No creo. Estoy seguro de que, en alguna parte del universo infinito, hay algún cabrito que se partió de risa al ver como se me borraban treinta años de vida, y volvía a ser, durante unos pocos minutos, un Juancho de ocho o diez años viviendo angustiado una nueva aventura de su héroe favorito (¡Meteoro, Meteoro, con su gran Mac cincooooo!) Y es que los dioses no existen y, además, me odian.












