
"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo". Oscar Wilde
La literatura comenzó a ser una parte fundamental de mi vida desde muy temprana edad, hasta que terminó convirtiéndose en algo tan vital como el respirar. A lo largo del tiempo he ido descubriendo poco a poco las maravillas que se esconden tras las páginas de cualquier libro, adentrándome más y más en distintos géneros, cada uno de los cuales han sabido aportarme algo distinto y enriquecedor.

A pesar de que la autora, Sylvia Plath, ha escrito numerosos poemas, esta es su única novela. Se trata de una novela semi-autobiográfica, solo que los nombres de los personas y los lugares están cambiados. La protagonista sufre una especie de enfermedad mental que recuerda a la bipolaridad de la propia autora, la cual se suicidió justo un mes después de que la novela se publicase. Pero si hay algo que destaca de esta escritora es la delicadeza de su prosa, pues el relato en sí no sería ni mucho menos tan cautivador de no ser por la gracilidad con la que vienen expresados. La novela se centra en la vida de Esther Greenwood, una joven que gana gracias a una beca la oportunidad de trabajar para una revista en Nueva York. Pese a semejante aliciente, Esther parece no estar interesada en absoluto, lo que conllevará que sufra varios altercados.Su inestabilidad psicológica será el factor que predomine durante toda la novela.
La descripción mental de la protagonista es cuanto menos abrumante, pues hace gala de un magnífico estilo donde detalla cada ínfimo aspecto de Esther para que al lector no se le escape nada.

“There is something demoralizing about watching two people get more and more crazy about each other, especially when you are the only extra person in the room. It's like watching Paris from an express caboose heading in the opposite direction - every second the city gets smaller and smaller, only you feel it's really you getting smaller and smaller and lonelier and lonelier, rushing away from all those lights and excitement at about a million miles an hour.”
Sylvia Plath, The Bell Jar