Roebuck Ramsden está en su estudio, abriendo las cartas de la mañana. El estudio, amueblado con piezas [1]sólidas y maravillosas, señala que es un hombre de recursos. No se ve ni una mota de polvo[2], queda claro que en el piso de abajo hay por lo menos dos criadas y una sirvienta y un ama de llaves en el piso superior que les hace trabajar duro. Hasta la coronilla de Roebuck está brillante: en un día soleado podría transmitir sus órdenes a los campamentos lejanos a modo de heliógrafo[3] con unos simples movimientos de cabeza. Sin embargo, de ninguna manera parecía un militar. Es con una vida civil activa como los hombres consiguen su aire de grandiosa importancia, su majestuosa deferencia de respeto, su lengua viperina[4] desarmaday refinada desde el momento en que le llega el éxito por la renuncia de la resistencia y la concesión de confort, prioridad y poder. Él es algo más que un hombre muy respetable: él está destinado a ser el presidente[5] entre los hombres respetables, presidente entre los directores, regidor entre concejales, alcalde entre regidores. Cuatro mechones grises de pelo planchado, que pronto serán tan blancos como la mica blanca[6], y que en muchos otros aspectos no son tan diferentes a ella, que han crecido en dos pares simétricos por encima de las orejas y los ángulos de su prominente mandíbula. Viste una levita negra, un chaleco blanco (hace un tiempo primaveral) y pantalones, ni negros ni perceptiblemente azules, uno de esos con un color indefinido tejidos por sastres para armonizar con las religiones de los hombres respetables. Hoy aún no ha salido de casa[7], así que aún lleva puestas sus zapatillas de estar por casa, aunque sus botas ya le están esperando en la alfombra que yace ante la chimenea. Suponiendo que no tiene ayuda de cámara y viendo que tampoco tiene una secretaria con una libretita[8] ni con una maquina de escribir, uno se pone a meditar en lo poco que los nuevos métodos y modas han afectado a la domesticidad de nuestro magnífico burgués.
¿Cuántos años tiene Roebuck? Esta pregunta es importante en el umbral que nos encontramos, una obra de teatro, bajo unas circunstancias como éstas todo depende de si vivió su adolescencia en los años 60 o en los 80. Nació, de hecho, en el año 1839, fue unitario desde su niñez y evolucionista desde la publicación de El origen de las especies. Por eso él siempre se ha clasificado a sí mismo como un pensador avanzado y un reformador abierto y sin miedo. Se encuentra sentado en su escritorio. A su derecha las ventanas dan a la plaza de Portland. A través de ellas, como a través de un proscenio, el curioso espectador podría contemplar su perfil hasta donde las persianas lo permitan. A su izquierda está el contramuro, con una majestuosa estantería, y la puerta a un lado, lejana a él. Contra la pared situada enfrente de él hay dos bustos sobre columnas: uno, a su izquierda, de John Bright; el otro, a su derecha, de Mr. Herbert Spencer. Entre ellos cuelga un retrato grabado de Richard Cobden, fotos ampliadas de Martineau, Huxley y George Elliot; serigrafías de las alegorías de G. F. Watts y una imitación del grabado de Dupont sobre el hemiciclo de Bellas artes de Delaroche, en el que aparecen los hombres importantes de todas las épocas. En la pared que hay tras él, por encima de la repisa de la chimenea, hay un retrato de familia dentro de una impenetrable oscuridad.
Hay una silla cerca del escritorio para que los hombres de negocio que lo visitan se encuentren cómodos. Hay otras dos sillas pegadas a la pared entre los bustos.
Entra una sirvienta con una tarjeta de visita. Roebuck la coge y asiente satisfecho. Al parecer[9] es una grata visita.
Ramsden: hazle pasar.
La sirvienta se va y vuelve con el visitante.
La sirvienta: el señor Robinson.
El señor Robinson es un joven increíblemente[10] apuesto. Este joven, podríamos pensar, es el galán[11], ya que no hay ninguna razón para pensar que una segunda figura masculina tan atractiva como ésta pudiera aparecer en una sola historia. Su delgada y bien proporcionada figura, su nuevo y elegante traje de luto, su pequeña cabeza y sus rasgos, su bonito y fino mostacho, sus ojos claros y francos, su sano vello y su complexión joven, su pelo repeinado y brillante, sin rizos, sino con una textura excelente y de un bonito color oscuro, sus cejas bien dibujadas, su frente erguida y su mentón con una nítida forma puntiaguda[12]… sí, todo anuncia que éste es el hombre que amará y sufrirá en capítulos posteriores[13]. Y, sin embargo, no lo hará sin derrochar simpatía garantizada por una atractiva sinceridad y su manera de ser, modestamente servicial. Todo esto le señala como hombre de naturaleza afable. En el momento en que aparece, el rostro de Ramsden se ensancha con una mueca paternal y de bienvenida, una expresión que cambia hacia otra de decorosa pena en cuanto el joven se le acerca con dolor en su rostro, así como es sus ropajes negros. Ramsden parece que sabe la naturaleza de su sufrimiento. Al tiempo que el visitante avanza lentamente hacia el escritorio, el anciano se levanta y estrecha su mano sin cruzar palabra: un apretón de manos largo y cariñoso que relata la historia de una pena reciente que es común a ambos.
Ramsden: (concluyendo el apretón de manos y tratando de animar al joven) En fin[14], Octavius, es nuestro destino. Todos debemos afrontarlo algún día. Ven, siéntate.
Octavius se sienta en la silla de visitantes. Ramsden se vuelve a sentar en la suya.
Octavius: sí, señor Ramsden. Debemos afrontarlo. Pero le debía tanto[15]… él hizo todo lo que mi padre si estuviera vivo habría hecho por mí.
Ramsdon: bueno, ya sabes, él nunca tuvo hijos.
Octavius: pero sí hijas, y sin embargo, se portó bien tanto conmigo como con mi hermana. Y su muerte ha sido tan repentina…[16] Siempre quise agradecerle… hacerle saber que, por supuesto, nunca valoré todos sus cuidados como si fueran un estorbo, que es como valoran muchos hijos los cuidados que reciben de sus padres. Pero estaba esperando una oportunidad y ahora está muerto…[17] se ha ido sin ni siquiera darnos una advertencia. Nunca sabrá lo que sentía. (Saca su pañuelo y llora sin afectación).
Ramsden: Octavius, ¿cómo podemos afirmar eso? A lo mejor lo sabía: no lo podemos saber. ¡Venga! No estés afligido. (Octavius intenta dominar sus emociones y guarda el pañuelo). Así esta mejor. Ahora déjame contarte algo que te consolará. La última vez que le vi, por cierto fue en esta misma sala, me dijo: “Tavi[18] es un muchacho generoso y honorable, y cuando veo la poca consideración que algunos hijos tienen hacia sus padres, me doy cuenta de que él ha sido para mí algo mucho mejor que un hijo” ¡Ahí lo tienes! ¿Estás mejor?
Octavius: sr. Ramsden: él me decía que sólo había conocido a un hombre de honor, y ése era Roebuck Ramsden.
Ramsden: Bueno, eso es porque no era del todo imparcial. Ya sabes, éramos viejos amigos. Pero hay algo más que decía sobre. Me pregunto si debería o no contártelo.
Octavius: nadie lo sabe mejor que usted.
Ramsden: tiene que ver con su hija.
Octavius: (con impaciencia). ¡Sobre Ann! Señor Ramsden, dígamelo, por favor.
Ramsden: bueno, decía, que, a pesar de todo, estaba contento de que no fueras su hijo, porque pensaba que algún día Annie y tú… (Octavius enrojece vívidamente) Bueno, quizás no debería habértelo contado…[19] pero lo decía en serio.
Octavius: Ay, señor Ramsden… si pensara que tengo posibilidad…[20] ya sabe que a mí no me importan ni el dinero ni eso que la gente llama posición y no me interesa meterme en el negocio de intentar conseguirlos. En fin, Ann tiene una naturaleza más exquisita; piensa que el carácter de un hombre no está completo sin ambición. Sabe que si me casara con ella tendría razones para avergonzarse de mí por no ser un hombre de éxito.
Ramsden: (levantándose y colocándose de espaldas a la chimenea) Tonterías, hijo, tonterías. Eres demasiado modesto. ¿Qué sabe ella con su edad del valor real de un hombre? (En un tono más serio) Además, es una chica increíblemente sumisa. El deseo de su padre es sagrado para ella. Lo sabes desde que creció, no creo que ni una sola vez haya puesto su propio deseo como una razón para hacer o no hacer algo. Siempre ha sido “Es el deseo de Padre” o “A Madre no le gustaría”. Es casi un defecto en ella. A menudo le he dicho que tiene que empezar a pensar por sí misma.
Octavius: (sacudiendo la cabeza) Señor Ramsden, no puedo pedirle que se case conmigo sólo porque su padre lo deseara.
Ramsden: bueno, quizás no. Ya lo sé. Desde luego que no puedes. Pero cuando la consigas por tus propios méritos, será una gran alegría para ella satisfacer tanto el deseo de su padre como el suyo propio. Venga, se lo pedirás, ¿no?
Octavius: (con una mueca de triste felicidad) En cualquier caso, le prometo que nunca se lo pediré a ninguna otra.
Ramsden: No tendrás que hacerlo. Aceptará, hijo, aunque (poniéndose serio) tienes un gran inconveniente.
Octavius: ¿Qué inconveniente, Sr. Ramsden? De hecho, debería preguntarle a qué inconveniente de todos está haciendo referencia.
Ramsden: ahora te lo explico, Octavius. (Saca de la mesa un libro encuadernado con tela roja). Tengo en mis manos una copia el libro más infame, escandaloso, malicioso, ridículo que haya escapado nunca de las manos de cualquier verdugo. Por supuesto no lo he leído: no ensuciaría mi mente con semejante porquería. Pero he leído lo que dicen de él los periódicos.
[1] Me ha parecido pertinente añadir piezas en la traducción, puesto que son las piezas de decoración las que son bonitas y sólidas.
[2] En español tenemos una frase hecha para decir esto y, por eso, la he incluido.
[3] No he encontrado ningún verbo español que refleje la misma realidad que el inglés heliograph, así que me he decantado por hacer una traducción más explicativa.
[4] El diccionario pone que determinate es decidida, resuelta, que me parece
muy similar a la expresión tan nuestra de lengua
viperina.
[5] He adaptado todos los cargos que vienen a continuación a sus homólogos españoles.
[6] No he traducido isinglass por mica, porque buscando en la wikipedia me aparecieron diversos tipos de mica, que iban desde el color blanco hasta el negro. Por eso mi traducción final ha sido mica blanca.
[7] He decidido hacer una traducción más libre para darle más sentido en español.
[8] Puesto que shorthand notebook es
una libreta pequeña, decidí hacer uso de los diminutivos y traducirlo por libretita.
[9] He preferido poner al parecer antes que evidentemente porque me parece que no pega demasiado con el discurso en español.
[10] He decidido traducir uncommonly por increíblemente.
[11] H estado dudando entre protagonista y galán .Me he decidido por esta última por el tipo de novela que se trata.
[12] Me he permitido una pequeña licencia de poner puntos suspensivos y empezar la frase con sí, que me parece que le da al discurso un punto de oralidad que precisamente parece ser que es lo que busca el autor.
[13] He añadido lo de capítulos puesto que me parece que al tratarse de una novela no queda nada mal.
[14] Me parece que queda bien esto de en fin como coletilla.
[15] He decidido añadir una serie de puntos suspensivos a lo largo del discurso porque me parece que le dan un aire de oralidad.
[16] Otros puntos suspensivos, ordenan el discurso.
[17] Idem.
[18] He decidido cambiar la y por i para hacer un poco más cercano a nuestra lengua el nombre.
[19] Introducción de puntos suspensivos.
[20] Idem.