LAS MUJERES EN ESPAÑA.
Entre 1998 y 2006 la población residente en España ha crecido un 12,2%. Ha crecido un poco más la población masculina (13,4%) que la femenina 11,0%. Esta diferencia favorable a los hombres contradice al crecimiento natural de la población (nacimientos menos defunciones), que es superior en las mujeres, como puede verificarse observando las diferencias en el saldo vegetativo entre ambos sexos.
El mayor crecimiento de la población masculina se debe a los aportes debidos a la inmigración.
Considerando sólo la población extranjera residente en España, ésta ha pasado de 637.085 en 1998 a 4.144.166 personas en 2006, pero no solo es mayor el número de hombres extranjeros que el de mujeres sino que además siguen llegando más hombres que mujeres, lo que hace que, en su conjunto, la población masculina en España se acerque a la femenina.
La población residente en España ha envejecido entre 1998 y 2006. Atendiendo a los tres grandes grupos de edad se observa que el grupo de 0-15 años crece un 5,5%, el de 16-64 años un 13,0%, y el de 65 y más años un 15,1%. Crece más el número de hombres en todos los grupos de edad, especialmente en el grupo intermedio.
La evolución proyectada de la población entre 2005 y 2050 presupone un crecimiento global sostenido para hombres (5,9%) y mujeres (5,7%) hasta el año 2025 y posteriormente una caída hasta 2050 que situaría los efectivos de la población prácticamente al mismo nivel de 2005. Pero la evolución por grupos de edad presenta características diferenciadas. El sostenido crecimiento del grupo de edad avanzada, 65 años y más, 118,7% para hombres y 88,2% para mujeres a lo largo de todo el periodo 2005-2050, es el causante de la elevación de los efectivos de la población después de 2025 y provoca que, al final del período que abarca la proyección, en 2050, la pirámide de población tenga la forma invertida.
Analizando la evolución de la población por sexos en 2005, se observa que en términos absolutos, el saldo migratorio ha sido positivo en todas las comunidades autónomas. Las comunidades de mayor crecimiento migratorio fueron Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía, y las de menor Principado de Asturias, La Rioja y Extremadura. En la Comunidad de Madrid, el País Vasco, Principado de Asturias y Extremadura el saldo migratorio masculino fue inferior al femenino.
El porcentaje de población extranjera en 2006 se sitúa entre el 2,5% de Extremadura y el 16,8% de Illes Balears. Para el conjunto de España fue del 9,3% y se rebasó este valor en La Rioja, Canarias, Cataluña, Comunidad de Madrid, Región de Murcia, Comunidad Valenciana e Illes Balears. En todas las comunidades, excepto el Principado de Asturias y Galicia, el porcentaje correspondiente para los hombres fue superior al de as mujeres.
En lo que se refiere a los grupos más numerosos de población extranjera por país de nacimiento y sexo. En conjunto representan el 68,1% de la población extranjera de ambos sexos. Por sexo, los correspondientes porcentajes son el 67,6% para los hombres y el 68,6% para las mujeres.
Se observa que, así como ocurre en general para el colectivo de la población extranjera, también para el conjunto de estas doce nacionalidades son mayoría los hombres.
Destaca especialmente el caso marroquí, en el que el número de hombres duplica al de mujeres. En cambio, en Ecuador, Colombia, Bolivia y Perú, la proporción de mujeres es superior a la de hombres (un 53,8% para los cuatro países citados conjuntamente), lo cual parece indicar que la inmigración procedente de los países del grupo andino, al contrario que la africana, está suavemente sesgada hacia las mujeres.
La esperanza de vida al nacimiento en España crece año tras año y es superior a la de la media de la Unión Europea (UE-25) tanto para hombres como para mujeres. Es conocido que España está entre los primeros países del mundo en lo
que a esperanza de vida se refiere. Según el Informe de Desarrollo Humano 2006 de la ONU España ocupa para el año 2004 el decimoquinto lugar para los hombres y el cuarto para las mujeres tras Japón, Hong Kong y Suiza.
El número medio de hijos por mujer en edad fértil, 15-49 años, también llamado indicador coyuntural de fecundidad, tuvo un valor en 2005 de 1,34. Después de un largo periodo de descenso sostenido, que hizo descender este indicador desde el valor 2,8 de 1975 hasta el mínimo de 1,16, alcanzado en 1998, ha comenzado una suave tendencia al alza de mujeres.
La evolución ha sido similar en todas las comunidades autónomas. En Andalucía, Levante, (a excepción de Illes Balears), Comunidad de Madrid y Comunidad Foral de Navarra se supera la media nacional. Dicho aumento está influenciado por el crecimiento de los nacidos de madre extranjera que han pasado de representar el 4,2% del total de nacimientos en 1998 al 13,9% en 2004.
El indicador coyuntural de fecundidad en España fue inferior a la media europea UE-25, que fue 1,52 en el año 2005 según datos de Eurostat. Por debajo de España se situaron Grecia e Italia en el área mediterránea, y países centroeuropeos como la República Checa, Letonia, Lituania, Hungría, Eslovenia y Eslovaquia.
Un aspecto directamente relacionado con la disminución de la fecundidad es el aumento de la edad media de las mujeres en el momento de ser madres. En el año 2005, último publicado, la edad media a la maternidad es de 30,9 años. En todas las comunidades autónomas la cifra supera los 30 años. En el período 1975-2004, se ha retrasado de media algo más de dos años el momento de la maternidad.
Respecto del sexo de los nacidos, lo primero que cabe apuntar es que siempre nacen menos niñas que niños. La mayor mortalidad de los hombres frente a las mujeres en todas las edades compensa desde el punto de vista demográfico esta diferencia a favor de la natalidad masculina
Una cifra que evoluciona notablemente en los últimos años es el porcentaje de nacimientos fuera del matrimonio, que en España era prácticamente nulo hasta hace bien poco (cercano al 2% en 1975) y ya se acerca al 27% .
En cuanto a la distribución territorial del porcentaje de hijos/as de madre no casada, los valores superiores se dan por este orden: en Canarias (con un 46,6%), Illes Balears, Cataluña, Comunidad de Madrid, únicas comunidades que sobrepasan la media nacional. Inferiores a ella, siguen luego Andalucía y Murcia.
La tasa de interrupciones voluntarias del embarazo (número de interrupciones por 1.000 mujeres entre 15 y 44 años) en 2004 se movió en una franja entre 3,1 para Ceuta y Melilla y 12,4 para Illes Balears. Además de Illes Balears, Comunidad de Madrid, Cataluña, Región de Murcia y Aragón superan el listón de 10 (ver Cuadro 1.6). La evolución de esta tasa ha sido muy dispar en las diferentes comunidades, habiendo descendido en Canarias y el Principado de Asturias, aunque en términos globales se ha incrementado en un 34,8%. El número de interrupciones ha aumentado en diez años considerablemente en menores de 15 años y adolescentes de 15 a 19 años. En menores de 15 años ha pasado de 157 en 2000 a 369 en 2004, un incremento del 135%, y en adolescentes de 15 a 19 años ha pasado de 9.047 en 2000 a 11.677 en 2004, una subida más reducida del 29%.
La forma de convivencia más habitual en España es la pareja (mayoritariamente casada)sin o con hijos dependientes. La transformación de la sociedad española ha hecho surgir nuevas formas de convivencia, aumentando en las últimas décadas, sobre todo en el hábitat urbano, las personas que viven solas, principalmente mujeres, las familias monoparentales, y las parejas de hecho del mismo o distinto sexo.
El número de matrimonios que se celebra en España disminuye paulatinamente todos los años. En cifras relativas se ha pasado de una cifra cercana a los 8 matrimonios por cada 1.000 habitantes a la actual, inferior.
Los divorcios en España presentan una tendencia ascendente durante la última década pasando de 27.224 divorcios en 1994 a 93.536 en 2005, siendo destacable el aumento entre 2004 y 2005, que fue de 40.945 divorcios que representan un incremento del 77,9% respecto a 2004, motivado por cambios legislativos que permiten, tras eliminar las causas legales establecidas para el periodo anterior, el acceso directo al divorcio a los tres meses de la celebración del matrimonio, lo que ha provocado un importante trasvase de separaciones a divorcios.
Las tasas de divorcios por 1.000 habitantes se movieron en el año 2005 entre 1,3 en Extremadura y 3,0 en Canarias. Es de destacar que, tras Canarias, es Illes Balears la que presenta un valor más elevado de esta tasa (2,9) y después Cataluña (2,6).
El número total de familias monoparentales aumentó entre 2003 y 2005 en cambio el porcentaje de familias monoparentales cuya persona de referencia es mujer desciende en todas las categorías, pero aún representan el 86,6% de este tipo de familias.
Cabe hacer dos observaciones sobre la población que vive sola. En términos absolutos la población que vive sola estaba formada por 1.581.307 personas en 1991, lo que representa un 4,1% de la población total, y pasa a 2.876.572 personas en 2001, un 7,1% del total, según los respectivos Censos de Población. Esto representa un incremento del 81,9%. Por sexo, las mujeres que viven solas aumentan un 61,5% y los hombres un 122,3%, pero el 59% de las personas que viven solas son mujeres. Cabe señalar, que en total hay más mujeres
que hombres que viven solas. Además, en los grupos de edad inferiores son mayoría los hombres que viven solos respecto a las mujeres del mismo grupo de edad en idéntica situación, invirtiéndose tal patrón a partir de los 60 años (a partir de los 55 en 1991) en que son mayoría las mujeres que viven solas para cada grupo de edad, constituyendo el 76,8% de las personas mayores de 65 años.
Las
diferencias entre mujeres y hombres se aprecian, con mayor o menor relieve, en
el acceso, la escolarización, las transiciones y resultados y en los estudios
elegidos en cualquiera de los niveles del sistema educativo, pero no solo en
ellos. La proyección de la educación adquirida se extiende fuera del ámbito
académico en las posibilidades de acceso y promoción en el mercado laboral, en
los niveles de ingresos o en la participación en el proceso de toma de
decisiones, entre otros aspectos.
En España en 2005 el nivel de formación alcanzado por la mayoría de la población no superaba la educación secundaria (sólo el 22,6 % de los hombres y el 21,5 % de las mujeres habían alcanzado niveles de educación universitaria). Las mujeres siguen siendo mayoría en los grupos Analfabetos y Educación Primaria, prácticamente igualadas con los hombres en Enseñanza Universitaria de 1º y 2º ciclo, y son minoritarias en Educación Secundaria y, con gran diferencia, en Doctorado. En conjunto, pues, el nivel de formación actual de la población femenina es todavía inferior al masculino.
Analizando más detalladamente la población con título universitario por edades, se observa que las mujeres son mayoría en todos los grupos de edad inferior a los 50 años. En los grupos 20-24 y 25-29 años, el porcentaje de mujeres incluso supera el 60%. En los grupos de edad superior a 50 años, el porcentaje de mujeres es inferior y disminuye al avanzar en edad aunque experimenta un ligero ascenso en el último grupo, 70 y más años. En conjunto, las mujeres representan el 54,7% de la población española con titulación universitaria.
Las tasas netas de escolaridad según edad y sexo, hasta los 24 años de edad permiten comprobar a partir de qué edad y en qué proporción la gente abandona el sistema educativo formal.
Podemos ver que desde los 4 hasta los 15 años, ambos inclusive, la tasa neta de escolaridad es prácticamente 100. Esto significa que en esa franja de edad está escolarizada toda la población, como es preceptivo pues se corresponde con los niveles de enseñanza obligatoria.
A partir de los 15 años las tasas de escolaridad disminuyen de año en año, pasando de valores próximos al 90% a los 16 años a otros próximos al 20% a los 24 años. Además las tasas de escolaridad femeninas son superiores a las masculinas a cualquier edad pero esta ventaja varía con la edad y presenta un perfil bastante preciso. Las diferencias entre las tasas femeninas y masculinas ascienden desde 5,8 a los 16 años a 13,2 a los 20 años, para después sufrir una caída bastante acusada hasta 2,1 a los 24 años. Las mujeres, pues, parecen abandonar el sistema educativo a edades más altas que los hombres.
De todo el alumnado matriculado en el curso 2004-05 en cualquiera de los niveles y enseñanzas del sistema educativo, las mujeres ostentan una representación bastante minoritaria en Educación Especial, en Programas de Garantía Social y especialmente en las Enseñanzas Deportivas donde la presencia femenina sólo es del 11,5%.
En el grupo de Bachilleratos la proporción de mujeres matriculadas es del 54,9% frente al 46,1% de F.P. Grado Medio o al 32,7% de los Programas de Garantía Social. En los niveles educativos superiores del Régimen General la participación femenina varía entre el 50,5% de F.P. Grado Superior y el 54,2% de la Enseñanza Universitaria. En las Escuelas Oficiales de Idiomas y en la Educación de Adultos las mujeres toman la delantera alcanzando porcentajes de matriculación superiores al 60%.
Si se presta atención a las diferencias a las modalidades de estudio elegidas por unos y otras se observan diferencias muy claras.
La mayoría de las alumnas de Bachillerato prefieren las Humanidades y Ciencias Sociales, en cambio los alumnos se inclinan más por las Ciencias de la Naturaleza y la Salud. Se observa la inferior inclinación de las mujeres hacia los saberes de tipo tecnológico que se refleja en la aún muy escasa participación femenina en los estudios de tipo técnico. El gráfico 2.2 muestra que si un 16,1% de los alumnos han elegido Tecnología, solo un 3,4% de las alumnas han optado por la misma modalidad.
En Licenciaturas y Diplomaturas el porcentaje de alumnado femenino ha sobrepasado con creces al del otro sexo, mientras que la presencia femenina en los estudios de tipo técnico es minoritaria todavía. d
Las mujeres conforman la mayoría del profesorado que imparte enseñanzas formales. Si se observa por tipos de enseñanza impartida, la cuestión varía.
La Enseñanza Infantil y Primaria, en la Educación Especial, y en las Escuelas Oficiales de Idiomas la proporción de mujeres en el profesorado supera el 70%, descendiendo a niveles del 55,1% en Enseñanza Secundaria y Formación Profesional.
La presencia femenina es minoritaria en el profesorado de Enseñanza Universitaria y en las Enseñanzas Artísticas.
A las diferencias entre grupos, sexos, regiones o países en el acceso y uso de las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) se las suele nombrar como brecha digital. Así, a la diferencia entre hombres y mujeres en el uso de la tecnología se denomina brecha digital de género.
Es mayor la proporción de hombres que usan estas tecnologías (ordenador e Internet) en cualquiera de los grupos de edad contemplados. En los grupos de edad más jóvenes, 16-24 y 25-34 años, las diferencias porcentuales entre mujeres y hombres para cualquier tipo de uso no superan los trespuntos, en los grupos de 45-54 y 55-64 superan en todos los casos los diez puntos, para descender a valores inferiores a 5,4 puntos en el grupo de 65 a 74 años. Podemos concluir, por tanto, que la brecha digital de género aumenta con la edad.
Al analizar la evolución reciente del mercado laboral, lo primero que cabe apuntar es que en los últimos diez años la población de 16 a 64 años ha crecido un 14,1%. En esos años la población activa creció un 30,9%, (23,0% para los hombres y 43,6% para las mujeres). La población ocupada ha crecido un 53,1%, 39,1% en el caso de los hombres y un 79,3% las mujeres y en cuanto a la población en paro, ha disminuido un 49,7% la cifra global (56,0% hombres, 43,8% mujeres).
El crecimiento en términos de tasas es mejor a la hora de establecer una valoración precisa de los cambios en el mercado laboral al relacionar las cifras de actividad y ocupación con el universo poblacional en su conjunto. La tasa de actividad crece un 13,4%, un 5,9% para los hombres y un 26,0% para las mujeres. La tasa de paro disminuye un 62,1%, un 64,2% para los hombres y un 60,9% para las mujeres.
A grandes rasgos estas cifras apuntan transformaciones en el mercado laboral significativas desde la perspectiva de género.
La más destacable es la progresiva incorporación de las mujeres al mundo del trabajo. Los fuertes crecimientos, en términos absolutos y relativos, de la población femenina activa y ocupada, y el descenso en el número de mujeres inactivas confirman estas tendencias.
Los mapas 3.1 y 3.2 muestran el progreso en la feminización del empleo entre 2001 y 2006. El patrón territorial nos muestra en ambas fechas el mismo esquema de mayor feminización del empleo en la mitad norte, en levante y en las islas. La feminización avanza en todo el territorio. En 2001, 12 provincias tenían su índice de feminización del empleo inferior al 50%: Zamora, Ciudad Real, Badajoz, Cádiz, Jaén, Toledo, Cuenca, Córdoba, Ávila, Huelva, Guadalajara y Palencia.
En 2006 prácticamente ha desaparecido esa situación. La buena marcha de la economía española en los últimos años queda reflejada en el gráfico 3.1. La tasa específica de empleo de15 a 64 años para hombres sigue una evolución ascendente y se sitúa por encima de la media europea a partir del año 2000, y la de las mujeres converge a buen ritmo estando solo a 5,1 puntos de la media correspondiente de la UE-25.
La tasa de paro femenina en 2006 (11,4%) es superior a la masculina (6,1%) en general y también lo es para todos los grupos de edad. Conviene recordar la dificultad en el acceso al empleo de las personas jóvenes, puesta de manifiesto por las tasas de paro de los grupos de edad de la población joven (15-24 años) en el Gráfico 3.2. En cualquier caso la disminución de la tasa de paro para la población femenina joven en los últimos años ha sido vertiginosa, especialmente si se compara con la evolución en la UE-25.
Observando la distribución porcentual de hombres y mujeres en situación de inactividad se comprueba una sustancial diferencia. Mientras la mayoría de los hombres inactivos son jubilados (60,1%), entre las mujeres inactivas el grupo mayor lo forman las amas de casa (46,7%). Sólo un 16,4% de las mujeres inactivas son jubiladas lo cual se debe a la escasa incorporación en el pasado de las mujeres al mercado laboral, lo que las incapacita para percibir una pensión de jubilación.
También es destacable la diferencia en la categoría de Perceptor/a de otra pensión que significa el 16,4% de las mujeres inactivas y solo el 3,4% de los hombres.
El porcentaje de personas extranjeras en la población ocupada, tanto masculina como femenina, ha crecido mucho durante los últimos años. En el cuarto trimestre de 2006 era extranjera el 13,0% de la población ocupada (13,4% de las mujeres y 12,7 % de los hombres). La población ocupada extranjera procede mayoritariamente de América Latina, tanto para hombres (40,1%) como para
mujeres (56,7%), pero para ellas en mucha mayor proporción; la diferencia estriba en que en el caso de los hombres es también muy importante la participación de la población norteafricana y no tanto en el caso de las mujeres.
Los porcentajes de mujeres empleadas en el sector terciario superan el 80% para todas las categorías, alcanzando el 91,1% en el caso de las mujeres latinoamericanas. La proporción de hombres extranjeros ocupados en el sector servicios sólo rebasa el 50% para los procedentes de la UE-25. Solo el 25,9 % de los nacionales del Resto de Europa (incluye a rumanos y búlgaros) están ocupados en el sector servicios. Excepto los hombres de la UE-25, los del resto de las nacionalidades se emplean preferentemente en la construcción, y algo menos en la industria.
Por otra parte, la feminización del empleo a tiempo parcial es una característica común del mercado laboral en toda la UE. Si comparamos los porcentajes de ocupación a tiempo parcial de hombres y mujeres observaremos una clara diferencia: los femeninos son más de seis veces superiores a los masculinos todos los años de la serie excepto el 2005 que lo fue 5,4 veces. El fuerte incremento del año 2005 respecto al año 2004 se debe a los cambios metodológicos introducidos en la EPA y no es comparable con los resultados anteriores (ruptura de serie).
A primera vista parecería que las mujeres prefiriesen la jornada a tiempo parcial para disponer de más tiempo libre, pero se deduce que el 51,6% de las mujeres ocupadas a tiempo parcial en su empleo actual, que buscan otro empleo, desean uno a tiempo completo. Por otro lado, las mujeres ocupadas a tiempo parcial en 2005 preguntadas por el motivo de la jornada parcial respondieron que la razón fue en un 31,9% que no encontraron trabajo a jornada completa, un 16,1% por cuidado de personas dependientes, un 31,4% por otros motivos y obligaciones.
Solamente un 11,5% manifestó no querer un trabajo de jornada completa. En cuanto a la conciliación de la vida laboral y familiar, los papeles tradicionales de hombres y mujeres se van difuminando lentamente, no sólo por la incorporación masiva de la mujer en el mercado de trabajo sino también, por el ligero incremento porcentual de los hombres ocupados que realizan labores del hogar.
A pesar de este incremento de la participación masculina en las tareas domésticas, podemos afirmar, que siguen siendo las mujeres las que se hacen cargo regularmente del cuidado de los hijos e hijas y del hogar.
Para completar esta reflexión cabe recoger las conclusiones del módulo de conciliación de la vida familiar y laboral, realizado junto con la Encuesta de Población Activa, EPA, en 2005. Según este estudio, las ocupadas a tiempo parcial al cuidado regular de niños o adultos dependientes que desean trabajar más no lo hacen por no existir los servicios adecuados o ser estos muy caros o de baja calidad.
Respecto a la siniestralidad laboral merecen destacarse dos cuestiones desde la perspectiva de género: la primera es que la siniestralidad laboral es mucho más alta entre los hombres y segundo que los accidentes laborales los sufren principalmente las personas jóvenes.
Estas diferencias también se aprecian para las distintas componentes de renta. Así, si se analizan los ingresos anuales por preceptor según principal fuente de ingresos, tan sólo en el caso de las prestaciones por viudedad, los ingresos de las mujeres son superiores a los de los hombres.
En media, los ingresos medios anuales netos de las mujeres perceptoras de ingresos son inferiores a los de los hombres. En el año 2004, el ingreso anual medio de las mujeres ascendía a 9.215,8 euros, un 66% del de los hombres para los que, en dicho año, se situaba en 13.897,9 euros. de ingresos medios anuales los hombres superan a las mujeres.
Así, mientras que un 28% de los perceptores hombres ingresan al año menos de 8.400 euros, más de la mitad de mujeres preceptoras (56%) perciben una cantidad inferior a dicha cifra. En el tramo comprendido entre 8.401 y 12.000 euros los porcentajes se aproximan, siendo en el de los ingresos más altos dónde se sitúan mayoritariamente los hombres (el51%, frente al 26%).
En todos los grupos de edad los ingresos medios de las mujeres son inferiores a los de los hombres, no obstante hay una considerable variación entre estas diferencias. Así, mientras que para los más jóvenes (entre 16 y 29 años) el ingreso de las mujeres es un 78% del de los hombres, las mujeres de más edad (65 años o más) perciben en media un 63% de lo percibido por los hombres.
El patrón de comportamiento de los ingresos, por edad, es similar en ambos sexos: los ingresos medios son más altos en los grupos de edad centrales y más bajos en los grupos extremos.
Según los tramos de ingresos, por sexo y edad, el mayor porcentaje de mujeres perceptoras frente a hombres se da, en general, en los tramos de ingresos más bajos. En el caso extremo, nos encontramos con que un 31% de las mujeres con 65 o más años perciben unos ingresos en media inferiores a 5.256 euros, frente al 8% de los hombres en idéntica situación. Si se amplia el límite a 8.400 euros
estos porcentajes se sitúan en 80% y 48% respectivamente. Es lógico que las personas que por razones de edad pasan a una situación de inactividad reciban menos ingresos, pero la gran diferencia que existe entre hombres y mujeres se podría explicar por el hecho de que una gran parte de las mujeres en ese tramo de edad perciben pensiones de viudedad, inferiores en general a las de jubilación,
y a que la cuantía de las pensiones está ligada a la calificación profesional, que es inferior, en ese tramo de edad, en el caso de las mujeres.
El salario bruto medio por hora de las mujeres que trabajan 15 o más horas a la semana (7,47 euros) es un 87% del percibido por los hombres (8,63 euros).
Sin embargo, detrás de estas diferencias se pueden encontrar varias razones: diferencias entre nivel de estudios de hombres y mujeres asalariadas, distinta composición por grupos de edad, distinto tipo de contrato, calificación profesional o actividad económica.
Si se analiza el salario por grupos de edad las menores diferencias en salarios se observan en el grupo de edad de 16 a 29 años (el salario de las mujeres es un 94% del de los hombres), y las mayores en el grupo de edad de 45 a 64 años (un 82%).
Si presentamos las diferencias saláriales entre mujeres y hombres, por razón de género, según distintas variables de clasificación.
Si se analizan los datos por nivel de estudios se aprecia que aún existiendo diferencias por sexo, éstas son menores para los individuos con educación superior; así mismo, los contratados temporales reciben sueldos más similares (de cada 100 euros que ganan los hombres, las mujeres perciben 96) que los contratados indefinidamente; los salarios de los técnicos/as y profesionales de apoyo están más próximos, para ambos sexos, que el salario de los artesanos/as cualificados/as. Considerando la rama de actividad, es en la industria dónde hay menos diferencias entre hombres y mujeres, mientras que la agricultura y servicios presentan situaciones similares.
Las diferencias de los ingresos entre mujeres y hombres han disminuido en los últimos 10 años: la incorporación de la mujer al mercado laboral y una mayor capacitación profesional hace que las diferencias en los ingresos se vayan acortando con el tiempo, reduciéndose en 7 puntos en 10 años (1994-2004).
La situación de las mujeres en relación a la renta depende considerablemente de la situación familiar. Las familias monoparentales, cuya cabeza de familia es una mujer, perciben las rentas medias por persona más bajas que las percibidas por el resto de tipologías. Si se corrigen las rentas percibidas con el número de unidades de consumo, esto es, se tienen en cuenta las economías de escala que existen en las distintas unidades familiares, son los hogares formados por una mujer de 65 años o más, junto con los monoparentales cuyo cabeza de familia es mujer los que tienen una situación más desfavorable.
En 2004, las familias monoparentales, cuya cabeza de familia era mujer, percibían de media 8.777 euros anuales por unidad de consumo, un 65% de lo que percibían los hogares monoparentales cuyo cabeza de familia era hombre (13.552 euros) y un 74% de lo que disponían los hogares de dos adultos con niños/as. Su nivel de vida, sólo superaba al que tenían las mujeres mayores que vivían solas.
Estas rentas inferiores a las percibidas por el resto de tipos de hogar, son las que hacen, entre otras razones, que las personas que viven en esos dos tipos de hogar sean las más vulnerables a la pobreza relativa.
Si se observa el cuadro 4.3 se aprecia que las mujeres mayores que viven solas tienen el riesgo de pobreza más alto (51,6%), seguido de las personas que viven en hogares monoparentales cuyo cabeza de familia es mujer (35,5%) y de los hombres mayores que viven solos (32,2 %). A estos efectos se define el umbral de pobreza como el 60% de la mediana de la distribución de la renta equivalente
de las personas. Para construir dicho umbral se asigna a cada persona la renta media por unidad de consumo (escala OCDE modificada) de su hogar. Las personas con renta por debajo de ese umbral de pobreza se encuentran en riesgo de pobreza.
En el caso del umbral de pobreza por edades, de nuevo se comprueba que hay diferencias entre hombres y mujeres. Así, para todos los grupos de edad, con excepción de los menores de 16 años, hay mayor porcentaje de mujeres que viven por debajo del umbral de pobreza, registrándose las mayores diferencias entre hombres y mujeres en los grupos de 25 a 49 años y de 65 años o más.
El menor nivel de renta en los hogares monoparentales cuyo cabeza de familia es mujer y en los de mujeres mayores que viven solas se manifiesta en algunos problemas económicos, tales como las dificultades para realizar determinados gastos o las de afrontar gastos imprevistos (cuadro 4.4). Un 60% de dichos hogares no se pueden permitir tomar vacaciones al menos una semana al año,
frente al 40% del total de hogares; además, estos hogares son más vulnerables que el resto de tipos, ante la situación de afrontar gastos imprevistos (más de un 50% frente a un 34% del total de hogares).
En general, la mayoría de hombres y mujeres declaran que gozan de un buen estado de salud (70,4% y 63,6% respectivamente en las categorías de muy bueno y bueno), si bien son los primeros los que mejor salud creen tener, mientras que en las categorías de aceptable, malo y muy malo el porcentaje de mujeres es mayor.
El porcentaje de mujeres que manifiesta tener un alto grado de impedimento por motivo de alguna enfermedad es superior al de hombres (32,6% frente a 26,8%). En el grupo de personas impedidas hasta cierto punto, las mujeres sobrepasan en 3,6 puntos porcentuales a los hombres.
Por otra parte, el porcentaje de varones con dificultad para realizar las actividades de la vida diaria es mayor en edades jóvenes (hasta 44 años) que el de mujeres. Sin embargo, a edades avanzadas la situación es al revés.
La esperanza de vida al nacimiento en 2005 es mayor en las mujeres (83,9 años) que en los hombres (77,4 años). Las distribuciones porcentuales de las defunciones de hombres y mujeres por grupos de edad corroboran esta diferencia. De hecho la esperanza de vida de las mujeres en España está entre las más altas del mundo.
En cuanto a las causas de muerte, las más importantes son las enfermedades del sistema circulatorio, seguidas por los tumores, siendo ambas en conjunto la causa del 58,6% de las defunciones ocurridas en 2005. Entre los hombres la primera causa de muerte son los tumores, el 31,1% de las defunciones de hombres y el 20,2% de las mujeres, y la segunda son las enfermedades del sistema circulatorio. Por el contrario, en las mujeres la patología del aparato circulatorio es la primera causa, el 37,3% y el 28,6% de los hombres, y los tumores la segunda.
Dos causas de muerte especialmente relevantes son los suicidios y los accidentes de tráfico. El número de victimas mortales de accidentes de tráfico está descendiendo paulatinamente, no así el de suicidios, que crece lentamente -se ha duplicado en los últimos 25 años- aunque se ha mantenido bastante estable en los últimos nueve años en el entorno de los 3.300 suicidios al año.
El análisis por sexos de ambos fenómenos nos proporciona una coincidencia digna de atención: tanto en accidentes como en suicidios, más de tres de cada cuatro fallecidos son hombres, y además, los porcentajes son muy estables. Quizás, en el caso de los accidentes de tráfico se manifiesta una ligera tendencia al alza en el porcentaje de hombres. En concreto, en 2005 el 78,5% de los fallecidos y el 75,6% de los suicidas fueron varones.
En el conjunto de la Unión Europea (UE-27), la principal causa de muerte para ambos sexos son las enfermedades del aparato circulatorio, siendo el número de mujeres fallecidas por esta causa mayor que el de hombres no obstante, los tumores son la primera causa de muerte en varones en España, Francia y los Países Bajos.
Sólo con detenerse en los datos del último año completo, tenemos que el 76,67% de los diagnosticados de SIDA fueron hombres. Esta proporción se mantiene aproximadamente a lo largo de los diez años recogidos. Así se obtiene el dato de que un 79,5% del total acumulado de enfermos de SIDA en nuestro país son hombres, mientras que las mujeres representan el 20,5% restante. Cabe señalar, sin embargo, que la tasa de crecimiento es mayor para las mujeres. Asimismo, resulta destacable que el número de casos nuevos desciende año tras año.
Por grupos de edad, la mayor parte de casos para los dos sexos se centra entre los 25 y los 39 años: un 69% sobre el total en el caso de los hombres y un 71,3% en el de las mujeres.
A pesar del descenso registrado, nuestro país presenta las cifras más altas de casos de SIDA de la UE-15, no superadas tampoco por los países de la reciente ampliación.
Según declara el Centro Europeo para la Vigilancia Epidemiológica del SIDA y como se refleja en el gráfico, Francia, Italia y España son los países que tienen la epidemia de VIH/SIDA más importante. Del total de casos acumulados en la UE-15, España representa el 26,8%. Y los de la UE-15, representan el 88,1% del total de casos acumulados en los 51 países en los que divide la OMS para sus estudios a la Región Europea.
Un total de personas que se sometieron a las pruebas específicas del SIDA en 2003, un 44,1% fueron hombres y un 55,9% mujeres.
La franja de edad en la que se realizan más pruebas para ambos sexos es la de 30 a 39 años, coincidiendo con el grupo de edad en el que más casos de esta enfermedad se diagnostican. En todos los grupos de edad, de 18 a 49 años, el porcentaje de mujeres que se someten a las pruebas es mayor debido a que generalmente se realiza esta prueba en el embarazo. Los porcentajes de obesos son prácticamente iguales en ambos sexos, en torno al 13%.
El sobrepeso es un fenómeno que se da con más frecuencia entre la población masculina. Un 44,2% de los hombres españoles mayores de 18 años padecen sobrepeso, frente al 28,0% que se detecta dentro del grupo femenino, que destaca en las categorías de bajo peso y normal.
El 68,7% de los hombres declaran haber consumido alcohol en los últimos 12 meses, frente al 44,1% de las mujeres.
En el grupo de edad de las personas más jóvenes, el porcentaje de las personas que han consumido alcohol en los últimos 12 meses es menor que para los de mediana edad. Otro dato a tener en cuenta es la mayor frecuencia de consumo en los hombres que en las mujeres. El 39,1% de los hombres consume alcohol diariamente frente al 19% de las mujeres. El 34,1% de los hombres y el 22,4% de las mujeres de 16 y más años fuma diariamente. Sin embargo, las cifras femeninas se van acercando a las masculinas, sobre todo en los grupos de edad de los 16 a los 24 y de los 25 a los 34 años, tramos donde más fumadores diarios se registran.
Es digno de reseñar el elevado porcentaje de mujeres mayores de 55 años que nunca han fumado. En cambio, para esas edades, la mayoría de los hombres son ex fumadores.
El enfoque general de esta publicación consiste en una comparación de resultados entre mujeres y hombres en diferentes materias.
No obstante, si hay un campo en el que las mujeres sufren una especial discriminación es, precisamente, en el de la violencia, donde, por otra parte, desde la aprobación de la Ley Integral para la protección de las víctimas de violencia de género, existe, tipificada en la legislación, una forma específica de violencia que es, la violencia de género.
Se define en el artículo 1 de dicha ley como aquélla que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligadas a éstas por similares relaciones de afectividad, aún sin convivencia.
Por este motivo, en este capítulo se van a presentar algunos resultados específicos sobre mujeres (maltratos, muertes por violencia de género) que no tienen su equivalente para los hombres.
En 2005 se han cometido más de 2 millones de delitos y faltas conocidos por la policía y se han efectuado 260.715 detenciones, de las cuales sólo el 10,4% ha correspondido a mujeres. Los mayores porcentajes de mujeres detenidas respecto del total de detenidos por tipo de delito o falta, se dan en los delitos contra las relaciones familiares (29%) y en faltas contra el patrimonio (22%), mientras que las proporciones más bajas de detenidas se contemplan en delitos contra las personas y contra la libertad e indemnidad sexual (5,8% y 6,3%, respectivamente).
En cuanto a la distribución por edades, la franja de 21 a 50 años es donde se concentra el mayor número de condenado, ocupando el grupo de hombres de 26 a 30 años el 14,27% del total. La proporción femenina es en todos los grupos de
edad menor que la masculina, concentrándose el mayor porcentaje de condenadas en la misma franja de edad que los hombres.
Las diferencias entre hombres y mujeres condenados se vuelven mínimas si se atiende a la distribución porcentual según grado de participación de unos y otros en los delitos, ya que en ambos casos prácticamente la totalidad son condenados en grado de autor.
Los delitos más frecuentes cometidos por mujeres y hombres son contra el patrimonio, ya que el 30,44% de los condenados de ambos sexos lo han sido
por cometer delitos de esta naturaleza. En el caso de los hombres, este tipo de delito origina el 29,53% de las condenas y en el caso femenino se eleva al 41,53%. Le siguen como delitos más comunes los relativos a seguridad colectiva (el 30,35% de los hombres condenados frente al 20,33% de las mujeres) y con cifras menores los delitos de torturas, en el caso de hombres (9,14%) y de lesiones, en el caso de mujeres (7,35%).
El mayor número de condenados extranjeros corresponde a personas procedentes
de Marruecos, lo que se explica en parte por el hecho de que también es
el colectivo extranjero mayoritario que reside en España. Del número total de mujeres extranjeras condenadas, las rumanas supusieron un 12,41%, seguidas por las procedentes de Colombia y Ecuador, con un 10,99% y un 9,7%, respectivamente. Después están las marroquíes, con un 9,5%. En el caso masculino, los marroquíes fueron un 28,08% de los condenados, seguidos a cierta distancia por los ciudadanos ecuatorianos, con el 14,06%. Más lejos quedan todavía los rumanos, argelinos y colombianos, en torno a un 6% cada uno.
El porcentaje de extranjeros/as sobre el total de condenados/as ha pasado del 8,58% en 2001 a un 16,9% en 2004. Este incremento en el número de condenados extranjeros coincide con el aumento de extranjeros residentes en España.
Según las cifras totales de condenados en nuestro país, un 21,44% de los hombres y un 12,76% de las mujeres son reincidentes.
En cuanto a la edad, los situados entre los 21 y los 50 años son los más numerosos, tanto en número de condenados como de reincidentes.
Los hombres predominan de forma clara dentro de la población reclusa de nuestro país, lo cual es lógico pues es consecuencia directa de la distribución por sexo de los detenidos por delitos y faltas penales y de los condenados por sentencia judicial. Se observa un crecimiento del número de reclusos en ambos sexos, más acusado en el caso de los hombres.
Si se analiza el delito y la violencia desde la otra óptica; es decir, no la de los ejecutores, sino la de las víctimas, se observa que las víctimas de delitos en 2005 han sido 188.782 personas, de las cuales, el 57% fueron mujeres. Esta distribución por sexo contrasta con la de las personas condenadas o reclusas, que son predominantemente hombres.
Con respecto al año anterior, el número de víctimas se ha incrementado en un 8,54%, aunque atendiendo al sexo de la víctima este crecimiento no ha sido parejo, pues en el caso de los hombres sólo ha crecido un 4,74%, mientras que en mujeres ha sido un 11,59%.
Del total de víctimas de delitos contra la libertad e indemnidad sexual el 88,8% fueron mujeres. Destaca también el gran número de víctimas femeninas en los
delitos contra las personas en la categoría de otros, y en el caso de los delitos contra la libertad en la categoría de malos tratos habituales en el ámbito familiar.
La evolución del número de víctimas de malos tratos en el ámbito familiar. En 2005 hubo 101.967 víctimas, de las cuales el 76,75% fueron mujeres.
Conviene resaltar en este punto que el concepto de ‘violencia doméstica’ que se ha cuantificado anteriormente enmascara el fenómeno de la violencia de género, al incluir otras relaciones familiares y hombres como víctimas, cuando, como se ha demostrado reiteradamente, muchos de los hombres víctimas de violencia doméstica lo son, en realidad, a manos de otros hombres (padres, hijos y otros familiares). Por tanto, incidiendo en el tema nos vamos a fijar en las víctimas de malos tratos a manos de su cónyuge o pareja.
Se observa una evolución en el número de víctimas de malos tratos a manos de su cónyuge o pareja, si bien hay que precisar que, a partir de 2002, dentro de la categoría de cónyuge o pareja se incluyen las categorías de separado/a, divorciado/a, compañero/ a sentimental, excompañero/a sentimental y novio/a. Si se consideran las cifras del último año, las mujeres suponen el 84,36% del total de víctimas. Ahora bien, estos maltratos se refieren a actos de los que ha tenido conocimiento la policía mediante una denuncia. Es el maltrato visible, pero existen otros maltratos que no son denunciados, aunque la víctima sea consciente de su
situación. El caso más extremo es aquél en el que la víctima experimenta una serie de hechos en su relación de pareja que aunque ella no se da cuenta de que es maltratada, objetivamente debería ser considerado como un maltrato.
Según la última encuesta, el 3,6% de las mujeres de 18 y más años se considera ella misma maltratada, pero por sus declaraciones, el 9,6% de las mujeres debe considerarse técnicamente como maltratada.
Analizando la evolución de los resultados, se observa que ambos indicadores, el de mujeres maltratadas y el de mujeres consideradas técnicamente como maltratadas, han ido disminuyendo ligeramente desde 1999, en el que el 4,2% de las mujeres se auto clasificaba como maltratadas y el 12,4% lo era técnicamente.
El número total de personas muertas en el ámbito familiar en los ocho años recogidos ha ido fluctuando como en el caso de los hombres, donde se ve cómo ha habido años en los que el número de muertos descendió. Por el contrario, en el caso de las mujeres la cifra de muertas creció hasta 2003, y en los dos últimos años ha ido descendiendo, pero siempre se ha mantenido por encima de la masculina. Así, en 2005 se tiene que del total de personas muertas dentro del ámbito familiar un 55,91% fueron mujeres. Ahora bien, si lo que queremos es aproximarnos al concepto de 'violencia de género', deberemos fijar nuestra atención en las muertes a manos de la pareja o expareja.
En toda la serie de años que se muestra que el número de mujeres muertas a manos de su cónyuge o pareja ha sido muy superior al de hombres.
Los datos anteriores son los recogidos por el Ministerio de Interior en su Anuario Estadístico, que no tiene en cuenta los casos bajo la competencia de la Ertzaintza ni de los Mossos d´Escuadra. Además, sólo se contabilizan las muertes que tienen lugar dentro de las primeras 72 horas desde la comisión del delito. Y por último, no se ajustan estrictamente a la definición de violencia de género.
Por esta razón, el Instituto de la Mujer elabora su propio indicador de mujeres muertas por violencia de género a manos de su pareja o expareja a partir de la contrastración de diversas fuentes, que es la estadística de referencia en todos los ámbitos de estudio de la violencia contra la mujer.
Se observa que el mayor número de muertas por violencia de género ocurre cuando las mujeres han cumplido entre 30 y 40 años (la tercera parte de los casos) o bien son una década más jóvenes (el 25% de las muertas).
También destaca la tendencia creciente en los últimos años de las mujeres de 65 y más años muertas por su pareja o ex pareja.
A pesar de su continuo crecimiento, el porcentaje de concejalas en los ayuntamientos de nuestro país es claramente inferior al de concejales. Por comunidades autónomas, la que presenta mayor porcentaje de mujeres ocupando ese puesto es Madrid, seguida de Región de Murcia y Andalucía, mientras que Castilla y León y Aragón son las que menor porcentaje femenino tenían en 2003.
Por lo que respecta a las alcaldesas, su número se ha incrementado de forma gradual, si bien su porcentaje sigue siendo mucho menor que el de hombres.
Así, en 20 años se ha pasado de un 2% a un 12,56%. Entre 1999 y 2006 se observa cómo el porcentaje total de mujeres presentes en los Parlamentos de sus respectivas comunidades autónomas, ha pasado de un 29,47% a un 37,77%, lo que supone un aumento de 8,3 puntos porcentuales. Este incremento es mayor en el caso concreto de comunidades como País Vasco, que ha crecido 22,67 puntos, o Galicia, con 16,66 puntos.
En todas, excepto el Principado de Asturias, ha aumentado en mayor o menor medida el número de diputadas en sus parlamentos autonómicos.
Los porcentajes más altos de presencia femenina en 2006 se encuentran en Castilla-La Mancha y País Vasco, con un 53,19% y un 52% respectivamente, comunidades donde el número de mujeres en el parlamento es mayor que el de hombres. Les siguen la Comunidad Valenciana (41,57) y Cantabria (41,03%). Frente a esta alta participación, se tiene el caso de Melilla, Murcia, Asturias y Aragón que, en torno al 31%, registran los porcentajes más bajos en 2006.
La representación femenina en el Congreso ha ascendido claramente de una legislatura a otra, pasando de un 28,29% en 2000-2004 a un 36% para el periodo 2004-2008. Esta tendencia creciente viene observándose desde 1982.
En la legislatura 2000-2004 el Grupo Parlamentario Socialista era el que contaba con mayor representación femenina (36,80%), superando el porcentaje general del Congreso (28,29%). En la actual, el Grupo Mixto, con un 60%, seguido del Grupo Socialista (46,43%), son los que mayores porcentajes presentan.
De una legislatura a otra el porcentaje de representación femenina ha aumentado en el Grupo Socialista, el Popular, el formado por IU e ICV y el Grupo Mixto, y ha descendido en el resto de grupos, principalmente en los partidos nacionalistas.
Como viene ocurriendo en legislaturas anteriores, la participación femenina en el Senado es inferior a la que se registra en el Congreso.
Sin embargo, también desde 1982 viene observándose un aumento en el númerode mujeres en la Cámara.
Los grupos parlamentarios del Senado que cuentan en la actualidad con mayor porcentaje de representación femenina son el de senadores nacionalistas vascos (28,57%) y el socialista (27,08%), únicos que están por encima de la media.
Fue con la llegada del primer gobierno del Partido Popular en 1996, cuando la participación femenina en el gobierno alcanzó la cota más alta registrada hasta entonces. Dicha cota descendió en los años siguientes, pero desde 1999 a 2003 el porcentaje ha ido aumentando. Sin embargo, no ha sido hasta el actual gobierno del Partido Socialista cuando se ha logrado en nuestro país la igualdad total entre el número de mujeres y hombres que componen el gobierno.
Los puestos de mayor responsabilidad en la Administración del Estado están ocupados mayoritariamente por hombres (79,2%).
Aunque desde 2004 el número de ministros y ministras es igual, si se observa la presencia femenina en órganos como el Tribunal Constitucional, el de Cuentas, o el Consejo General del Poder Judicial, se comprueba que los porcentajes de mujeres que participan en ellos son reducidos.
Incluso en el caso del Poder Judicial, donde la presencia femenina es mayor (44,8%), resulta que la mayoría de magistrados del Tribunal Supremo (95%) son hombres. Las Fuerzas Armadas y la representación diplomática española en el extranjero también son buenos indicadores para evaluar la presencia femenina en puestos de responsabilidad y poder establecer una comparación con el resto de la administración. En las Fuerzas Armadas, sólo el 9,1% de sus efectivos son mujeres, y, además, atendiendo a su rango, de los cuadros de mando sólo son mujeres el 1,47%, mientras que en el personal de tropa y marinería representan el 16,81%. Los puestos de oficiales o suboficiales están claramente ocupados por hombres. Sólo el 8,82% de las embajadas españolas en el extranjero tienen al frente de las mismas a una mujer, mientras que la representación femenina en las embajadas de España en los diversos organismos internacionales continua siendo nula.
En los niveles 28 de jefaturas de área, consejeros técnicos y similares hasta los 26 de jefaturas de servicio, la participación de las funcionarias varía entre el 35% y el 46%. Es preciso descender al nivel 24 de jefatura de sección para que se observe una mayoría de mujeres, que luego no vuelve a ocurrir hasta llegar a los niveles 18 al 12, ocupados fundamentalmente por auxiliares administrativas.
Por último y en lo que se refiere al poder decisorio en las grandes empresas, de los 35 puestos de presidente/a existentes en las empresas de referencia recogidas. En el caso del cargo de vicepresidente/a, el porcentaje femenino es aún más bajo, el 2,44%, es decir, sólo hay una mujer entre los 41 vicepresidencias de estas empresas.
Si el reducido número de puestos de presidente y vicepresidente podía justificar de alguna manera la escasa presencia de mujeres.
Ya se ha hablado antes de la escasa participación femenina en los altos cargos de la Administración Pública.
Se observa que el porcentaje de mujeres en el grupo A del personal funcionario de carrera, al que se accede con titulación superior, no llega al 40%. Tampoco en el grupo B o en el C de administrativos, para los que se exige diplomatura universitaria o BUP y Formación Profesional de 2º grado, respectivamente, las mujeres alcanzan un 50% de participación.
Sólo en el grupo D de auxiliares administrativos, para los que se exige el graduado escolar, se observa una mayoría femenina, además muy significativa, pues más del 70% de los mismos son mujeres. Esta alta tasa de mujeres en el grupo D hace que en el total del funcionariado de carrera sean mujeres el 53%.
Profundizando un poco más en este tema, si se analiza al funcionariado de carrera conforme al puesto que ocupa a partir de su correspondiente complemento de destino, se observa que a mayor complemento de destino, menor porcentaje de
funcionarias de carrera. En efecto, se comprueba que no es ese el motivo, ya que en el caso de los consejeros, que son 379 en total, únicamente un 3,69% son mujeres. Esto pone de relieve que el mundo de la gran empresa es hoy por hoy un espacio predominantemente dirigido y gestionado por hombres.