Acaba de publicar "Mara and Damm", "una novela de aventuras, sobre gente que está en una situación terrible, que gusta a los jóvenes y hasta los niños, y he terminado ya otra cosa. Ahora estoy en ese período sabático en el que doy vueltas en la cabeza a dos o tres ideas para otro libro. Es un momento en el que te levantas por la mañana y no has de ponerte compulsivamente a escribir, sino que piensas, imaginas y vagas hasta que una de las ideas que manejas se va abriendo paso". Así se generan sus novelas, cuya mayor cualidad es que están hechas con las vísceras, desde la experiencia, el trabajo constante y un sutil sentido del humor que desmonta insoportables tópicos.
"Desde siempre he trabajado de ocho a una cada
día. Esta es mi mejor hora. Luego tengo mucho trabajo con la casa,
siempre hay cosas que arreglar, que limpiar, ocuparse del jardín,
y el gato, que necesita que le hagan caso...Ya sabe lo que pasa en las
casas. Soy una ama de casa, lo único que ahora no hago es cocinar,
voy a comer fuera. La gente mayor necesita poca comida:
manzanas, queso, cosas sencillas. Es una de las
ventajas de ser viejo".
Y entonces escribir es una terapia.
Escribo compulsivamente, soy bastante neurótica.
Sólo he parado dos veces en mi vida y me sentí fatal. Escribir
me sirve para mantenerme en pie...
Con realismo y con fantasía. ¿Necesita
ambas cosas?
¿Por qué tendría que elegir?
¿La vida es realismo o imaginación?
Una cosa puede no excluir a la otra. Yo observo
mucho. En este último libro explico cosas que vi, cómo se
desborda un río, cómo se mueren animales, árboles
y personas. La gente cree que es imaginación, pues no: todo esto
lo he visto. Incluso los libros realistas están hechos con imaginación:
recreas algo que has visto.
Es decir, que escribir es imaginar.
Eso lo dice usted, veo que quiere comprometerme.
Le pregunto por su experiencia. Imagino que
debe de haber llegado a alguna conclusión.
¿Por qué? Hoy sé menos de
lo que nunca he sabido. Yo era una persona muy segura de todo lo que sabía.
La gente de mi edad ha vivido de certezas...Cuando yo era niña,
Hitler parecía indestructible, igual que el imperio británico,
después pareció que la Unión Soviética era
algo tan sólido...Así que lo único claro es que nada
permanece y que casi nada es sólido. ¿No ve lo que pasa en
Yugoslavia?
¿Qué le parece?
Espantoso. Dios sabe a dónde nos va a
llevar. Pero no sé nada más. No sé cómo puede
acabar...Queremos orden, paz, decencia, nos hemos hecho un código
de conducta, pero si aparece alguien diferente, como Saddam Hussein o Milosevic,
es como una vuelta al pasado porque ellos no creen en esas reglas democráticas
que nos hemos dado y consiguen que las reglas no funcionen. Pero no parecemos
capaces de prever, entender esto: que las reglas no funcionan si no son
compartidas.
¿Cree que esas normas no son necesarias?
¿Usted ve que estén funcionando?
Nada de lo que parecía permanente cuando yo era niña existe
hoy.
¿La gente puede cambiar las cosas?
Sí, un poco, algo, si la misma gente se
sale de estas grandes estructuras. En España ustedes vieron cómo
el Rey tomaba
el control en favor del Parlamento durante el
golpe de Estado y ese fue un momento fantástico. Es algo que ha
ocurrido, pueden ocurrir cosas así también.
El mundo de hoy no le gusta.
No puedo decir más que todo cambia muy
deprisa.
¿La gente es más feliz hoy que
cuando usted era niña?
Es algo que depende de dónde vivas. En
nuestro propio mundo creo que la gente es más feliz ahora: se ha
podido luchar contra el hambre, por ejemplo. Cuando yo era joven vi una
pobreza inmensa en Inglaterra. Hoy tenemos un cierto grado de seguridad,
todo lo cual no significa que no haya problemas. Pero se ha progresado.
Progresar es lo que puede dar sentido al hecho
de vivir.
Para que la vida tenga sentido has de vivirla
y sólo así puedes saberlo. El sentido de la vida te lo has
de ganar día a día.
Para usted, ¿qué es lo que ha
sido más importante?
Verá, mi opinión es poco convencional...en
las que aprendemos las cosas, porque aprendemos incluso cuando creemos
que no estamos aprendiendo nada. Siempre se está aprendiendo. La
pasión por aprender es lo que mueve a las personas, es lo más
fuerte que tenemos, es una pasión más fuerte que el sexo.
Con esta fuerza en marcha nunca puedes decir que has terminado de aprender
algo. Incluso cuando está a punto de cumplir 80 años ves
que lo que debes aprender se amplía.
¿Qué le queda por aprender a
usted?
Aprendo cada día a través de lo
que me interesa, que siempre es mi próximo libro. Tengo dos o tres
ideas en mi cabeza ahora. Poco a poco una va abriéndose paso, como
si atrajera al material entorno a ella misma y tuviera una vida propia.
¿Las escritoras tienen ventajas sobre
los escritores?
Yo siempre supe que quería ser escritora,
desde los 11 o 12 años. En Inglaterra existe una larga tradición
de mujeres escritoras, muchas de ellas han sido olvidadas, sus nombres
no se pronuncian. Estar en esta tradición significa que tienes mucho
ganado y hay poco por lo que luchar, lo cual es, sin duda, una facilidad.
En Estados Unidos, fíjese, seguro que es mucho más difícil
ser escritor y hombre.
Los hombres le agradecerán su comprensión.
Me gusta mucho, ya lo ve, hacer bromas.
Su vida ha sido una lucha.
Oh sí. He
competido mucho, he luchado por todo, no había nada que me impidiera
luchar por las cosas que no me gustaban.
¿Ser comunista fue una experiencia buena
o lo lamenta?
No lo lamento, no. En esa época y durante
muchos años mucha gente de la que yo conocía era comunista.
Y, de repente, se acabó, ya no se fue comunista sino que todos pasamos
a haber sido comunistas. ¿Qué tiene de bueno lametarse de
haber participado en una psicosis social? Yo fui parte de ello y lo asumo.
Es divertido ver cómo muchos pretenden que aquello no pasó
nunca. Te acuerdas de aquella gente, dogmática, con aquellas ideas
tan claras, que de repente se han olvidado de lo rojos que fueron, y no
lo puedes creer... hay que comprender que lo que les interesa es ser muy
respetables.
¿Cómo decidió dejarlo?
Me di cuenta de que aquello no iba a ningún
sitio. Las noticias que nos llegaban de la Unión Soviética
no eran buenas, pero no acabábamos de creérnoslo, lo cual
hoy parece muy sorprendente, pero es que se había organizado un
gran sueño en torno a aquello. Y estuvimos mucho tiempo así,
sin acabar de creer que estaban sucediendo cosas que no podían gustar
a nadie. Un pequeño grupo se tomó aquello con ironía
y teorizaba sobre la posibilidad de que dentro de aquel comunismo hubiera
gente honesta que acabaría llevando a cabo un proyecto humanístico
con el que se identificaban. Así que en el XX congreso y tras las
palabras de Kruschev, en 1966, muchos se sorprendieron de las críticas.
No fue mi caso.
Hace unos años decía que le sorprendía
esta necesidad humana de tener líderes. ¿Ha encontrado la
respuesta?
He visto que esto es un esquema mental que nos
ha metido en la cabeza la cultura cristiana, y resulta muy difícil
prescindir de este esquema del dirigente, del oráculo...
Del "dios humano".
Los políticos y los curas no hacen más
que buscar esos puntos de referencia. Es muy interesante lo que sucede
ahora en Inglaterra, la gente es lo suficientemente libre como para buscar
líderes, pero ahí está el señor Blair para
desmentirlo, aunque yo pienso que los ingleses son menos histéricos
en eso que gentes de otros sitios.
¿Cómo cuáles?
Mire los americanos cómo se excitan con
sus líderes.
¿Clinton? ¿Ha seguido el caso
Lewinsky?
Era imposible no seguirlo...Este hombre ha sido
tan estúpido...¿Por qué no ha sido más discreto?Estos
líderes se creen que son invisibles y no lo son. Son gente que se
ilusiona con que nadie les mira, es muy extraño. ¿Es que
se pensaba que esta pobre chica iba a pasar inadvertida en la Casa Blanca?
No lo entiendo, francamente.
¿Qué me dice del Nobel al que
es eterna candidata? ¿Le gustaría ganarlo?
He sabido que el pobre Saramago ha tenido casi
que dejar de escribir porque tiene que atender al teléfono y el
fax a todas horas. No me gustaría que me pasara eso. Y, ¿sabe
lo que me explicaron en Suecia? Uno de los miembros del jurado de los Nobel
me dijo: usted nunca ganará el Nobel, lo siento mucho, tiene usted
una oposición muy dura. Y, ¿sabe?, me parece muy ridículo
que se hable de esto un año tras otro.