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La violencia doméstica es un grave problema que está causando una creciente alarma social. El hecho de que el lugar más personal e íntimo de una persona, el que debe dar la mayor sensación de seguridad y de confort, el que debe ser refugio en tiempos de dificultades o problemas, pierda todas estas características y se convierta en un lugar de inseguridad y de peligro, de miedos y agresiones, es realmente un problema importante. En muchos casos la situación es aún peor, el hogar propio es un lugar donde una persona (generalmente la mujer) puede ser maltratada y agredida, y además de forma impune y con la complicidad del silencio.
El problema de la violencia doméstica no es algo nuevo, es previsible que se haya venido dando des siempre, pero sí ha cambiado su consideración. No hace mucho que este tipo de situaciones o comportamientos se ha tratado de minimizar, ocultar o incluso en algunos casos se ha justificado. En general se consideraba que lo que pasaba dentro de los muros del propio hogar era algo íntimo, algo para no ser comentado fuera, algo de lo que eran responsables, incluso de igual manera, las distintas partes o personas implicadas. Esta forma de considerar la violencia doméstica, que supone no atenderla bien por considerarla un problema menos o algo que atañe exclusivamente a las personas directamente implicadas, ha permitido que se haya mantenido y hecho crónico sin ningún esfuerzo por tratar de ponerle coto.
Afortunadamente esta situación, terriblemente injusta comienza a considerarse como un problema social. Comienza a considerarse como algo no deseable y en cuya solución debe implicarse toda la sociedad. Es cierto que la denuncia ha partido inicialmente de grupos sociales concretos, en especial los colectivos feministas, pero rápidamente las alarmas sociales han saltado y tanto las instituciones como la gran mayoría de la sociedad han comenzado a hacerse eco del problema. Sin embargo, aún dista de estar claro, para la mayoría de las personas de nuestro país, que la violencia doméstica constituye una grave violencia a los derechos humanos.
Es cierto que falta mucho por hacer, que aunque se ha avanzado algo, se ha ido poco más allá del mero hecho de detectarlo y atenderlo como problema. Pero detectar el problema es ya un paso importante. Se ha puesto la violencia como punto de mira, como algo a combatir, se la ha señalado como objetivo a lograr por toda la sociedad.
Hay otros factores que también están presentes en la situación en la que aparece la violencia familiar, desde el afecto o el amor, a la dependencia económica, creencias religiosas, la preocupación por los hijos, la ilusión de que sólo es un evento aislado o que la culpa la tiene el alcohol o la situación de tensión, el interés porque no se enteren la familia o los amigos, el evitar la sensación de fracaso, el recuerdo de buenos momentos, el miedo, etc. Por esta compleja trama de factores es muy difícil establecer un programa de actuación o unas directrices sociales que puedan prevenir o evitar la aparición del problema. No parece que a corto o medio plazo esto sea posible, esperemos que los esfuerzos coordinados permitan que al menos se reduzca de forma considerable.
Sin querer determinar que todo maltratador vaya a ser hombre, priman las investigaciones en la que se ha estudiado el hombre como ser violento, y por tanto como maltratador; en la misma dirección apuntan las cifras estadísticas sobre casos de abuso o maltrato físico/psíquico que indican proporciones de mujeres maltratadas incomparables con las de hombres maltratados.
En este tipo de estudios se han encontrado ciertas características que determinan o relacionan a este colectivo de “hombres violentos”. Entre las características descriptivas de un hombre violento destacamos:
v Fue víctima o testigo de malos tratos; la mayoría proceden de familias donde se han dado malos tratos, habiendo sido víctimas o cuantos menos testigos de éstos.
v Aprendió en su familia a ser violento, adoptando la violencia como una forma típica de relacionarse y de conseguir aquello que se desea.
v Aspira por medio de la violencia a ejercer poder y control absoluto sobre su pareja, no sólo en lo que hace o deja de hacer, sino también en sus pensamientos y sentimientos más íntimos.
v Se considera con derecho a saber todo sobre ella.
v Considera a su mujer como una posesión suya y no como una persona con vida propia.
v Tiene baja autoestima, lo cual coexiste con sus actitudes amenazantes y omnipotentes, reforzándose y confirmándosele con cada uno de los actos de violencia.
v Suele tener una imagen negativa de sí mismo.
v Se siente fracasado y no soporta los desafíos porque se siente en desventaja, lo cual es compensado con la violencia.
v Es celoso hasta extremos patológicos; la mayoría de actos violentos se inician ante el miedo de que su mujer le va a abandonar.
v Es reservado; no habla de sus sentimientos.
v Es manipulador y nunca reconoce sus errores.
v Vigila y controla las actividades de cada uno de los miembros de la familia.
v Suscribe y defiende con fuerza una concepción muy rígida de los distintos papeles y estatus de los roles familiares.
v Preconiza con educación rígida, incluyendo castigos y correcciones; ejerce su poder autoritario y controlador dentro de la familia sobre normas, cuestiones económicas, decisiones,...
v Tiene dificultades para expresar sus sentimientos y emociones.
v Utiliza la agresividad para conseguir sus logros.
v La sexualidad la basa en el poder del hombre y la sumisión de la mujer.
v Se comporta de maneras diferentes en lo privado y en lo público.
v Siempre busca la culpa en el otro, busca explicaciones a su conducta como motivada por la provocación, especialmente de su compañera o cónyuge.
v Desautoriza a su pareja ante los hijos/as.
No existe un perfil si tenemos en cuenta que cualquiera puede verse en esta situación. Lo que sí se ha observado es que las mujeres que pasan por ello cuentan con unas características, bastante parecidas. Siguiendo en la línea de lo que dije anteriormente, no se puede identificar al maltratador como un hombre, y a la maltratada como mujer, pero las cifras se inclinan a estas consideraciones; a pesar de ello, las características que en adelante se van a citar de las mujeres maltratadas son aplicables en el caso de los hombres.
Las personas maltratadas comparten las siguientes características:
v Fue maltratado por sus padres, bien en forma de abusos físicos, psicológicos o sexuales, o fue testigo de ellos.
v Aprendió a someterse a la voluntad del hombre, representado por la figura paterna autoritaria y punitiva; por ello adoptan un rol pasivo, de sumisión y sometimiento en sus relaciones.
v Está acostumbrada a conductas violentas pues éstas han sido su medio de vida y las ve como normales.
v No se valora como persona a causa de esa infancia traumática, e intenta adaptarse a una vida perpetua de malos tratos.
v Tiene baja autoestima y la desvalorización como persona (y como mujer en la mayoría de los casos), conducen a una vida de sumisión y obediencia.
v Tiene un concepto del amor que la lleva al sacrificio y a la dependencia absoluta de su pareja; en las relaciones de pareja la víctima lo da todo por el otro miembro, es altruista y está dispuesta a sacrificarlo todo por el otro, comportamientos que conducen a la dependencia exclusiva de su pareja.
v Necesita la aprobación de su pareja, no tienen autonomía, viven para hacer felices al otro miembro del par.
v No tolera la idea del fracaso debido a su desvalorización y baja autoestima, que hace que tenga una visión irrealista de su situación y no perciba, como tal, la humillación a la que está siendo sometida; así mismo, percibe el sufrimiento como desafío e intenta, engañándose a sí misma, convertir a su pareja en la ideal a pesar de que esto suponga culpabilizarse ella de todos los problemas...
v -Como mujer, se siente inferior, física y psicológicamente, al hombre.
v Permanece silenciosa si la pareja está presente, se presenta como “anulada”, dice que es incapaz, incompetente,...
v Confronta continuamente sentimientos ambivalentes de odio y amor respecto a su pareja.
v Sobre valora el rol masculino y su importancia para la familia.
v Presenta problemas de salud recurrentes: somatizaciones, dolores de cabeza, problemas de sueño, agotamiento, etc.
Hay personas (mayoritariamente mujeres) con una mayor tendencia a caer en las redes de una relación violenta o dominadora y que en sucesivas relaciones “suelen dar” con hombres que las vuelven a maltratar.
La persona maltratada que se encuentra bajo la tiranía de un compañero/a violento, se percibe sin posibilidad de salir de la relación, piensa que su pareja es casi un “Dios todopoderoso”, perciben el mundo como hostil y cree que no va a poder valerse por sí mismo. El abuso emocional al que esa persona está siendo expuesta hace que se vea como inútil, tonta, loca, fea, sosa, gorda... duda constantemente de sus ideas y percepciones.
Por todo ello, oculta lo que le pasa, y si el maltrato es únicamente psicológico, es difícil que se de cuenta de lo que la está pasando. En su casa es sumiso, pero tiene explosiones esporádicas. A veces puede llegar a tener reacciones muy exageradas ante cosas nimias (por la tensión acumulada).
El maltrato, al no ser continuo, sino intermitente, de castigo y refuerzo, crea una dependencia muy fuerte en quien lo sufre.
Después de esta pequeña orientación sobre el tipo de persona que sufre los malos tratos ahora, especificando un poco más en el tema, podemos distinguir dos tipos de mujeres maltratadas:
v Las que han sido educadas con más responsabilidades de las adecuadas a su edad. Caracterizadas por volcarse en los demás dándoles todo lo que tienen, y si algo falla es porque no han dado lo suficiente; están muy concienciadas respecto a sus deberes para con el otro.
v Las mujeres que han sido excesivamente protegidas durante su infancia. Estas han sido educadas para ser dependientes de alguien “superior” que las proteja, por lo que buscan hombres que decidan por ellas y las dominen.
Teniendo en consideración que una de las características que comparten, tanto maltratadores como maltratados, es una baja autoestima, a continuación te presentamos un cuestionario sencillo que te puede ser útil para conocer tu nivel de autoestima y saber si éste podría suponer, en tu caso, un posible factor predisponerte de malos tratos. Intenta ser sincera/o en tus contestaciones y no olvides que es un test orientativo y que el hecho de tener una baja autoestima no conduce necesariamente a sufrir o propinar malos tratos (ni lo contrario te exime de ello).
- Maltrato físico: Acción no accidental de algún adulto que provoca daño físico o enfermedad en el niño, o que le coloca en grave riesgo de padecerlo como consecuencia de alguna negligencia intencionada.
- Abandono físico: situación en que las necesidades físicas básicas del menor, (alimentación, higiene, seguridad, atención médica, vestido, educación, vigilancia...), no son atendidas adecuadamente por ningún adulto del grupo que convive con él.
- Abuso sexual: Cualquier clase de placer sexual con un niño por parte de un adulto desde una posición de poder o autoridad. No es necesario que exista un contacto físico (en forma de penetración o tocamientos) para considerar que existe abuso sino que puede utilizarse al niño como objeto de estimulación sexual, se incluye aquí el incesto, la violación, la vejación sexual (tocamiento/manoseo a un niño con o sin ropa, alentar, forzar o permitir a un niño que toque de manera inapropiada al adulto) y el abuso sexual sin contacto físico (seducción verbal, solicitud indecente, exposición de órganos sexuales a un niño para obtener gratificación sexual, realización del acto sexual en presencia de un menor, masturbación en presencia de un niño, pornografía...)
- Maltrato emocional : Conductas de los padres/madres o cuidadores tales como insultos, rechazos, amenazas, humillaciones, desprecios, burlas, críticas, aislamiento, atemorización que causen o puedan causar deterioro en el desarrollo emocional, social o intelectual del niño.
- Abandono emocional: Situación en la que el niño no recibe el afecto, la estimulación, el apoyo y protección necesarios en cada estadio de su evolución y que inhibe su desarrollo óptimo. Existe una falta de respuesta por parte de los padres/madres o cuidadores a las expresiones emocionales del niño (llanto, sonrisa,...) o a sus intentos de aproximación o interacción.
- Síndrome de Munchausen por poderes: Los padres/madres cuidadores someten al niño a continuas exploraciones médicas, suministro de medicamentos o ingresos hospitalarios, alegando síntomas ficticios o generados de manera activa por el adulto (por ejemplo mediante la administración de sustancias al niño).
- Maltrato institucional: Se entiende por malos tratos institucionales cualquier legislación, procedimiento, actuación u omisión procedente de los poderes públicos o bien derivada de la actuación individual del profesional que comporte abuso, negligencia, detrimento de la salud, la seguridad, el estado emocional, el bienestar físico, la correcta maduración o que viole los derechos básicos del niño y/o la infancia.