y el Generalife
1Introducción
2La Alcazaba
3Palacios Reales
*3.1 Palacio del Mexuar
*3.2 Cuarto Dorado
*3.3 El Palacio de Comares
*3.4 EL Palacio de los Leones
*3.5 Los Baños de Comares
4 Jardines del Partal
5 Iglesia de Santa María
6 Palacio de Carlos V
7 El Generalife
Introducción
Este conjunto urbano monumental constituye una ciudad separada de la Granada actual, como también lo estuvo de la antigua.
Desde el s. XIII, la Alambra y el Generalife configuran una urbe independiente, en el aspecto físico, en el administrativo y en el político, pues poseía gobernadores propios.
Esta situación se mantuvo hasta al s. XX, en que se creó, para la conservación del conjunto, un Patronato que continua en la actualidad ocupándose de su cuidado y restauración.
El inicio de la visita puede ser por la Alcazaba, continuando por la zona de los palacios y recorriendo los jardines del Partal. Desde éstos se puede acceder al Generalife o salir a la calle Real, en la que comercios y restaurantes ofrecen un reposo para seguir hasta el Generalife a través del bosque.
La Alambra, está anclada en la colina de la Sabika, desde ella se domina el valle del Darro, el Albaycín y la ciudad entera. Desde sus torres, se contempla una perspectiva de la Vega.
El acceso actual se realiza desde Plaza Nueva por la cuesta de Gomérez que conduce al bosque de la Alambra por la Puerta de las Granadas (obra de Pedro Machuca).
Construida sobre la base de otra puerta levantada por los árabes, consta de tres arcos. Está decorada en el frontón por tres granadas abiertas y en el tímpano por el escudo del emperador Carlos V, junto al que destacan las figuras de la Paz y la Abundancia.
Pasado el arco, por el sendero de la izquierda nos conduce al Pilar de Carlos V, que fue mandado construir por el conde de Tendella y proyectado por Pedro Machuca.
Tras el pilar, La Puerta de la Justicia, se abre en forma de arco de herradura, encuadrado en ladrillo, con dintel adovelado. En el centro de la figura una mano grabada en mármol, amuleto para unos y para otros representación de los cinco principios del Corán.
Este arco de paso a otra puerta interior con arco de herradura labrado en piedra, sostenido por medias columnas con capiteles cubiertos y adornados por conchas. En la dovela central del dintel, aparece representada una llave. La leyenda cuenta que la unión de la mano y la llave marcará el comienzo de una nueva dominación árabe en la Alambra.
Por encima de la llave, aparece una inscripción árabe relativa a la construcción de la torre. Sobre esta faja, puede contemplarse una hormacilla con una escultura del siglo XVI, que representa a la Virgen y al Niño.
Este amplio vestíbulo termina en un arco de herradura con decoración de azulejos que da salida a la torre.
Una calle amurallada en su lado izquierdo, con resto de sepulturas árabes, desemboca en la plaza de los Alijibes, a la que cerraba la Puerta del Vino.
La plaza construida en 1494 sobre el barranco que separaba los palacios de la zona militar o Alcazaba, ofrece en su frente norte una bella perspectiva del Albaycín y de las murallas de la ciudad, por encima del patio de la Madraza de los Príncipes y del patio de Machuca.
La Alcazaba
La Alcazaba es el núcleo primitivo de la Alambra. Se trata de una fortaleza construida por Mamad ben Alhamr, primer rey nazarí, sobre restos de construcciones anteriores. Corresponde a una zona militar, dispone de fuertes murallas y torreones, que albergan áreas de residencia castrense con baño y aljibe para servicio de la guarnición, talleres, mazmorras y caballerizas. A la derecha del recinto queda el Albaycín, con el que comunicaba a través de las Armas y del puente del Cadí; a su izquierda, se encuentra la cuesta de Goméz, la muralla y las torres Bermejas.
Por encima de todo este conjunto se eleva la torre de la Vela, desde ella se contempla una impresionante vista de la ciudad y de la vega.
Tres torres jalonan la muralla a la entrada de la Alcazaba: la torre del Adarquero, la torre Quebrada y la torre del homenaje. Junto a esta última se levanta la torre del cubo, construida en el s. XVI sobre la puerta-torre anterior que se conserva debajo de ella.
Sobre el jardín de los Adarves, se sitúa la torre de la sultana, que domina la parte sur de la ciudad.
Desde la plaza de Armas, atravesando el baño de la Alcazaba, al pie de la torre de la Vela, se accede a la torre de la Pólvora.
A continuación se eleva la torre de la vela, impresionante fortaleza que domina la ciudad. En la terraza superior, se instaló tras la conquista una campana que regula los riegos de la Vega.
La puerta del recinto alto de la Alcazaba conduce a la parte inferior de la torre de la Vela, en la que se hallaban las caballerizas y diversos almacenes.
Tras ellos, aparece la Puerta de las Armas, típica puerta árabe, que daba acceso a la Alcazaba desde la ciudad. El exterior presenta una fachada de ladrillo con arco de herradura; en el interior, decorado con azulejos y asientos para la guardia, tiene arcos de herradura y bóvedas de gallones y esquifadas.
Termina esta puerta en un sencillo arco, que da al comienzo de una calle intramurallada que conduce hasta la Puerta de la Tahona, construcción cristiana, que da acceso a la puerta de la Madraza de los Príncipes, que junto con el Patio de Machuca son lugares de entrada a los palacios reales.
Termina así el recorrido por una zona militar, casi exenta de decoración, que traslada al visitante a la Edad Media musulmana, a los primeros días de la dominación árabe de Granada.
Palacios Reales
Tres palacios construidos en diferentes periodos integra la zona residencial: el palacio del Mexuar, en donde estuvieron instalados la cancillería y la alta burocracia, los despachos de los visires o ministros y las oficinas de los secretarios; el Serrallo o palacio de Comares y el Harén o de los Leones, obra de Muhammad V. Estos tres núcleos alhambreños concentran las características básicas del arte nazarí.
La estructura arquitectónica, la vegetación, el agua y el color de su abigarrada decoración de yeso rivalizan ofreciendo un maravilloso conjunto que, si bien ha sido herido en algunas de sus partes por el paso de distintas civilizaciones, conserva todavía el encanto y la belleza de su época de esplendor.
-El Palacio del Mexuar-
La entrada del Mexuar está formada por cuatro columnas que probablemente soportaron en otro tiempo un segundo piso y una cúpula superior, destruido por las evidentes reformas cristianas.
En la decoración se entremezclan azulejos sevillanos que imitan a los arábigos, águilas imperiales, escudos y otros símbolos castellanos. La sala fue reformada en la época cristiana para usarla como capilla conservando franjas con inscripciones epigráficas y geométricas y techos con artesanado de imitación.
Al fondo de la sala se puede ver un pequeño oratorio muy restaurado, ya que quedó destruido por una explosión que tuvo lugar en 1590. Cuenta con cuatro balconcillos con bellas columnas y capiteles de mármol, y un pequeño mihrab con arco de herradura, muy decorado con inscripciones epigráficas de tema religioso y laudatorias de Muhammad V.
-El Cuarto Dorado-
Un pequeño pórtico, con columnas capiteles orientales de los siglos XII y XIII, conduce al famoso cuarto, obra de Muhammad V.
El salón o cuarto es de planta rectangular. En su parte frontal se abre un balcón con columna en el centro y capitel cristiano con emblemas de los Reyes Católicos. La cubierta, restaurada con decoración gótica, se adorna igualmente con el yugo y las flechas.
Desde el balcón se observa otra bella perspectiva y de la inmensa mole de las torres de Comares, con su almenado pasillo para la guardia. .
-El Palacio de Comares-
Frente al Cuarto Dorado, un patio -en cuyo frente hay una gran portada ricamente decorada- conduce a la parte central de este palacio. Esta portada es la denominada
fachada de Comares, obra de Yusuf I, iniciador de la construcción del palacio, que concluyó su hijo Muhammad V.
Según el profesor García Gómez, la citada fachada fue trasladada, por orden de Carlos V, al lugar donde se encuentra hoy, siendo su emplazamiento original el lado sur del patio de los Arrayanes. .
En ella se abre dos puertas con zócalo de cerámica y dinteles de yeso adovelados. Sobre ellas destacan dos ventanas gemelas y otra, más pequeña, en el centro, con inscripciones coránicas. Culmina la fachada sobre una doble cornisa, una de mocárabes y otra de madera ricamente labrada. .
La totalidad del conjunto está adornado con una rica decoración epigráfica y de lacería, encuadrando medallones y escudos de la dinastía nazarí con el lema: "Sólo Dios es vencedor". .
La puerta de la izquierda lleva, a través de la entrada en zig-zag, al
patio de los Arrayanes -núcleo del palacio- también conocido como patio de la Aberca o del Serrallo. Este patio está centrado en torno a un gran estanque de forma rectangular, con dos fuentecillas de mármol en sus extremos, en las que se reflejan los bellos pórticos. .
En los testeros norte y sur se enlazan siete arcos semicirculares calados, sostenidos seis de ellos por capiteles cúbicos, siendo el central, más alto y con capitel de mocárabes. Están adornados con rombos ceñidos por lazos y por alabanzas a Dios. .
La arcada sur, cubierta con techo de lazo y siete cupulillas, introduce al visitante en las construcciones cristianas del palacio del emperador Carlos V. La segunda planta de la arcada norte, de igual factura, ofrece en la parte superior un parapeto almenado con torrecillas laterales. .
Ambas galerías tienen en los extremos alacenas con arcos agallonados, cúpulas y bazares. Sobre los zócalos de azulejos figuran inscripciones religiosas y poéticas de Ibn Zamrak, cantor de Muhammad V. Entre ellas destaca una en la que el peta ensalza a su rey.
Las habitaciones superiores de los márgenes del patio no presentan decoración alguna, a excepción de las ventanas enmarcadas. .
En la galería norte se halla la sala de la Barca, de paso al salón de embajadores o de Comares. .
La sala de la Barca, llamada así por la derivación castellana de la palabra baraka que significa bendición y que se repite en las paredes, se cubre con una bóveda semicircular terminada en los vértices laterales en cuartos de esfera. Los muros están muy adornados con ricas yeserías entre las que figuran los escudos de la dinastía nazarí, la palabra baraka y el lema "Sólo Dios es el vencedor". .
A través de un doble arco, con festón de bovedillas y mocárabes, se puede acceder al salón de Embajadores o de Comares, flanqueado en la entrada por hornacinas en las que se colocaban agua y flores. Este salón, que estuvo solado en mármol, es de forma cuadrada. Al fondo y en los laterales, tres arcos dan ingreso a unos camarines con balcones, que abiertos en el espesor del muro de la torre asoman al Albaycín y al Valle del río Darro. .
Rodea la gran sala un zócalo de cerámica vidriada, sobre el que figura una intensa decoración de yeserías -originalmente policromada- de tipo geométrico y vegetal, entremezcladas con inscripciones poético-religiosas que terminan en una gran faja superior sobre la faja superior sobre la que se apoya una gran cúpula. .
En ésta, obra maestra de la carpintería nazarí, se reflejan en madera los siete cielos del paraíso musulmán, sembrados de estrellas y lunas pintadas en blanco para producir la sensación de nácar o de plata. .
-El Patio de los Leones-
Es la más grandiosa y excitante propuesta del arte nazarí. La soberbia y frágil arquitectura del conjunto se fusiona a la perfección con el juego que hacen la luz, el agua y los colores con la vegetación, explotando hasta el infinito las posibilidades de decoración. El famosísimo e increíble Patio de los Leones centra el conjunto. Se llega a él por la sala de mozárabes; es un patio rectangular, rodeado por una estrecha galería que está sostenida por dobles columnas de mármol, entre arcos de yeso y calados, que soportan la parte superior gracias a los pilares de ladrillos situados sobre las columnas. Dos templetes, con cúpula de madera, están situados en posición avanzada, hacia el centro del patio, donde está la bellísima y famosa fuente, con 12 leones de piedra blanca, a la que llega el agua por canalillos de mármol.
La adyacente Sala de los Abencerrajes es llamada así porque se supone que en ella fueron asesinados los miembros de la familia de ese nombre durante una de las numerosas disputas internas del reino nazarí. La sala tiene 16 ventanas, una espectacular cúpula, hermosos zócalos de azulejos y bellísima yesería policromada decora la paredes.
Enfrente, al otro lado del patio, está la Sala de Dos Hermanas, nombre que proviene de las dos losas de mármol situadas en el suelo, decorada con una espesa y hermosísima trama de estuco policromado. Desde una pequeña ventana decorada con yesería y cerámica de la sala de los Ajimenes, contemplamos el Mirador de Lindaraja, un hermoso jardín que llegaba hasta la muralla, pero que se quedó en sus actuales dimensiones tras la construcción de los aposentos de Carlos V. Al mismo jardín dan también las habitaciones en las que se alojó el escritor Washington Irving, subyugado por la asombrosa belleza de la Alhambra, que le inspiró su obra posiblemente más famosa.
-Los Baños de Comares-
Se llega a ellos atravesando el citado jardín. Los baños fueron construidos en la época de Yusuf I siguiendo el tradicional estilo árabe. Unos versos de Ibn al Yayyab dan la bienvenida a los baños de la casa real, que constan de tres habitaciones. La primera es la «sala de las camas» (zona de descanso en cuya planta superior un grupo de músicos y cantores distraían la espera); la segunda sala era la «cámara de vapor», con conductos subterráneos que calentaban el ambiente; en la tercera sala es la de los baños, con dos bañeras de distinto tamaño, con agua fría y agua caliente.
En otro de los laterales del Patio de los Leones está la Sala de los Reyes, rectangular y dividida en tres compartimentos separados por dobles arcos, con alcobas forradas de cuero pintado cada uno de ellos. La alcoba central representa, en actitud conversadora, a los diez primeros monarcas de la dinastía nazarí, las otras contienen escenas caballerescas y románticas. En uno de los laterales de la sala está la Puerta de la Rauda, que posiblemente formó parte de una edificación anterior, y que da paso a los jardines del Partal, situados a los pies de la iglesia de Santa María.
En este tranquilo lugar, donde el sonido de las fuentes es lo único que perciben nuestros oídos, está la Torre de las Damas, ante un gran estanque rectangular y con un bello mirador sobre el Darro, que es lo único que queda de un antiguo palacio musulmán. La decoración de la torre está muy deteriorada y es de las más antiguas del conjunto de la Alhambra.
Jardines del Partal
De los antiguos palacios que existían en esta zona, solo ha llegado a nosotros, parcialmente, el Palacio del Pórtico, del que se conserva la Torre de las Damas. Probablemente de tiempos de Muhammad III, nos encontramos ante la edificación palaciega más antigua de las conservadas en la Alhambra, lo que hace suponer que los primeros reyes nazaríes establecieron su residencia en esta zona. Este palacio se alza sobre la muralla, y está compuesto por una sala cuadrada, dentro de la Torre de las Damas, un pórtico de cinco arcos ante un gran estanque y un pequeño mirador sobre el edificio.
A la izquierda de este edificio podemos ver tres pequeñas casitas árabes, de construcción posterior a la del palacio, y que conservan en su interior pinturas árabes de gran valor; no son visitables. A la derecha del estanque encontramos la Torre del Mihrab, que conserva en su interior un pequeño oratorio decorado en tiempos de Yusuf I.
Subiendo por los jardines podemos encontrar, hacia la derecha, una torre o Qubba, llamada la Torre de la Rauda, que comunica con el Palacio de los Leones, y que tiene en su interior una interesante bóveda. Junto a ella podemos encontrar los restos del Cementerio Real o Rauda, de la que toma su nombre la torre.
Volviendo a los jardines, podemos ver los restos de varios palacios, pues en esta zona habitaba la nobleza musulmana. El más importante de ellos fue el Palacio de Yusuf III o de los Condes de Tendilla, de planta similar a la del Palacio de Comares. Tristemente demolido en el Siglo XVIII, de él se dice que era uno de los más suntuosos de la Alhambra. Desde aquí la visita continúa por el Paseo de las Torres.
Iglesia de Santa Maria
Al final de la calle, antiguo núcleo de lo vida civil de la Alhambra, se encuentra la Iglesia de Santa María de la Alhambra, obra realizada por el arquitecto Ambrosio de Vico en el siglo XVII.
La planta es de cruz latina, con capillas laterales, en la que se pueden contemplar esculturas de artistas granadinos como Alonso de Mena y Torcuato Ruiz del Peral. La fachada es de ladrillo y mampostería.
Palacio de Carlos V
En 1.526, Carlos V se traslada a Granada para pasar el verano. Nace entonces en el emperador el deseo de fijar en Granada uno de sus puntos de residencia, por lo que proyecta construir un nuevo palacio, más acorde con su forma de vida, pero unido y conectado a los bellos Palacios Nazaríes.
En 1.526 se encarga el proyecto al arquitecto y pintor toledado Pedro Machuca, que había estudiado en Italia con Miguel Angel, y a su muerte, en 1.550 continúa su hijo Luis; pero la rebelión de los moriscos, de cuyos tributos se obtenía principalmente la financiación de la obra, impide terminar el edificio, quedando sin cubierta y sin terminar las habitaciones. En los años siguientes se retoman en varias ocasiones las obras, pero se abandonan por falta de fondos, hasta que en 1.923 el arquitecto Leopoldo Torres Balbás inicia su restauración, todavía no terminada.
En primer lugar, lo más destacable e innovador del palacio es la originalidad de su planta: siendo cuadrado su exterior, dentro de él queda inscrito su patio circular, lo que lo convierte en un edificio sin precedentes dentro del Renacimiento.
El edificio consta de dos cuerpos, siendo el inferior de obra almohadillada o rústica, con pilastras y espacios intermedios, en los que se abren las ventanas, rectangulares y circulares. El segundo cuerpo tiene idéntica distribución, aunque está mucho más ornamentado.
Debido a su unión con los Palacios Nazaríes, las fachadas principales están orientadas a occidente (Fachada del Emperador) y al sur (Fachada de la Emperatriz). La primera es de orden dórico y decorada con relieves de victorias militares. La segunda es de orden jónico y sus relieves describen escenas mitológicas.
Actualmente el Palacio de Carlos V es la sede del Museo de la Alhambra y del Museo de Bellas Artes.
El Generalife
En sus origenes fue una huerta de recreo propiedad de la familia real Nazarí. Se asienta sobre el Cerro del Sol, contiguo a la colina de la Sabika, donde se sitúa la Alhambra. La comunicación entre ambos palacios se realizaba mediante la Puerta del Arrabal, situada junto a la Torre de los Picos. Su nombre significa "Jardín del Alarife" (Arquitecto).
-Jardines Bajos-
Entrando, bien desde la Alhambra, bien desde el aparcamiento, lo primero que encontramos son los jardines bajos,
ubicados donde antiguamente se encontraban las huertas que rodeaban el palacio. En ellos podemos ver la Acequia Real, que con sus aguas riega todos estos jardines y palacios así como los de la Alhambra. Si continuamos encontraremos, en primer lugar, el anfiteatro al aire libre utilizado en los Festivales de Música y Danza, después un jardín de estilo musulmán, y por último un jardín-laberinto. Llegados al fin de éste, nos encontramos en la entrada al palacio del Generalife.
-Palacio-
Se entra al palacio por dos pequeños patios, desde los que se accede al famoso Patio de la Acequia, cuyo eje mayor se encuentra atravesado por la Acequia Real, sobre la que caen surtidores cruzados. El aspecto de este patio se ha modificado mucho a lo largo del tiempo, añadiendose un piso sobre el pabellón norte y abriendose una galería en el lado occidental, antiguamente cerrado, con vistas a los jardines bajos y a la Alhambra. En el centro de esta galería encontramos un mirador, ricamente decorado, que sí estaba en la edificación original.
Los dos pabellones de los lados menores del patio presentan galerías de cinco arcos. El que se encuentra al sur, por el que entramos al patio, debió ser el má importante pero ha perdido su decoración. Al otro pabellón se le agregaron, en 1494, dos pisos. Aún conserva la decoración original, tanto en el pórtico como en las salas interiores. Si entramos por él encontramos, en primer lugar, la Sala Regia, con alcobas laterales, que da entrada a la denominada Torre de Ismai l, construida por este rey, con hermosas perspectivas de la Alhambra, el Albaycín y el Sacromonte.
Volviendo a la Sala Regia salimos, por una escalinata que parte de una de sus alcobas laterales, al Patio de la Sultana, llamado así por la leyenda que cuenta que, junto al tronco de un ciprés se veían a escondidas la esposa de Boabdil y un caballero de la familia de los Abencerrajes y que, al ser descubiertos por el rey, éste mando asesinar a toda la familia en la Sala de Abancerrajes de la Alhambra. Este patio se cierra al norte con una galería de dos cuerpos edificada en 1.584, y tiene un estanque rodeado de surtidores y otro estanque central con una fuente de piedra. Desde este patio salimos, por una escalera, a los Jardines Altos.
-Jardines Altos-
Estos jardines presentan la disposición típica del jardín de un Carmen Granadino (casa con jardín y huerto), con pequeñas fuentes rodeadas de boj y arrayan, árboles de hoja caduca y perenne, rosales y otras plantas de flor, situados en distintas terrazas y a distintas alturas. En este punto del itinerario es interesante, una vez salgamos del Patio de la Sultana, ir hacia la izquierda para ver la Escalera del Agua. Esta preciosa escalera, del tiempo de los árabes, esta rodeada por una espesa bóveda de laureles, tiene tres tramos, entre los que hay rellanos con fuentecillas y por su pasamanos corren canales por los que bajan las aguas de la Acequia Real. Al final de la Escalera del Agua hay un mirador romántico, construido en 1.836
Descendiendo por las siguientes escaleras, que recorren todos los Jardines Altos, llegamos al bellísimo Paseo de las Adelfas, cubierto por una bóveda vegetal de estas plantas. Al final encontraremos el Paseo de los Cipreses, que nos conducirá hasta la salida.