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Subject : # 14231 Traducció de Textos Literaris Anglesos Gr.A


Student´s name : Harsulescu, Gabriela

Abstract : My translation into Spanish of a fragment of Lewis Carroll’s “Alice in Wonderland”.

Click here for the original text.

Bajando por la madriguera

Alicia se estaba cansando de estar sentada con su hermana en la orilla y de no hacer nada. Se había asomado una o dos veces a ver el libro que estaba leyendo su hermana pero no tenía ni dibujos ni diálogos y ¿de qué sirve un libro si no tiene imágenes y diálogos? - pensó ella.

Así que estaba cavilando, hasta donde llegaba, pues el caluroso día le hacía sentir somnolienta y atontada, si el placer de hacer un collar de margaritas valdría el esfuerzo de levantarse y coger las margaritas, cuando de repente un conejo blanco de ojos rosas pasó corriendo junto a ella.

No había nada de extraordinario en ello. Tampoco le resultó nada extraño cuando escuchó al conejo decirse a sí mismo: “¡Oh, cielos! ¡Oh, cielos! ¡Llegaré demasiado tarde!” (más adelante, cuando se paró a pensarlo, le pareció que debería haberse extrañado, pero en el momento todo le parecía de lo más normal). Pero ya cuando el conejo sacó un reloj del bolsillo de su chaleco, lo miró y siguió corriendo, Alicia se puso en pie de un salto al darse cuenta que nunca antes había visto un conejo ni con un bolsillo en su chaleco, ni con un reloj que sacar del mismo y ardiendo de curiosidad, salió corriendo detrás de él por el campo y le alcanzó justo a tiempo para verle bajar por una gran madriguera bajo un seto.

Alicia saltó detrás de él casi en el mismo instante, sin pensar por un momento en cómo iba a volver. La madriguera siguió recta como un túnel parte del camino y luego, de pronto, torció hacia abajo tan repentinamente que a Alicia no le dio tiempo ni a pensar en parar antes de encontrarse cayendo por lo que parecía ser un pozo muy profundo. O el pozo era muy profundo, o ella caía muy despacio, porque tuvo tiempo más que suficiente en su descenso de mirar a su alrededor y de preguntarse qué era lo siguiente que iba a pasarle.

Primero intentó mirar hacia abajo y ver a dónde iría a parar pero estaba demasiado oscuro para ver nada. Entonces miró las paredes del pozo y notó que estaban repletas de armarios y estanterías. De vez en cuando veía colgados mapas y cuadros.

En su caída cogió un frasco de una de las estanterías y ponía “Mermelada de naranja” pero para su gran disgusto, estaba vacío. Como no quería que se le cayera y matara a alguien de abajo, se las arregló para ponerlo en uno de los armarios que vio pasar.

“¡Bueno! – pensó Alicia – después de semejante caída no me asustará nada caerme por las escaleras!, ¡Qué valiente me verán todos en casa! ¡No diría nada ni aunque me cayera desde el tejado!” (y esa era la verdad). Bajando, bajando, bajando.

¿La caída no se iba a acabar nunca? “Me pregunto cuántas millas habré caído ya” dijo en voz alta. “Debo estar llegando al centro de la tierra o algo así. A ver: eso serían cuatro mil millas hacia abajo, creo” (verán, es que Alicia había aprendido estas cosas en la escuela, y aunque ésta no era la mejor ocasión para mostrar sus conocimientos, ya que nadie podía escucharla, decirlo en voz alta le servía igualmente para practicar.

“Sí, a esa distancia más o menos – pero me pregunto entonces a qué latitud y longitud habré llegado” (Alicia no tenía la menor idea de qué significaban latitud y longitud pero le parecieron unas palabras estupendas para pronunciar). Enseguida continúo. “Me pregunto si atravesaré la tierra de lado a lado. ¡Qué gracia aparecer entre los que andan con la cabeza hacia abajo! Las antipáticas, creo. (Le contentaba que nadie la escuchara esta vez, porque la palabra no le parecía para nada la más correcta).

Pero tendré que preguntarles por el nombre del país, sabes. Por favor, señora ¿es esto Nueva Zelanda? ¿o Australia?” (e intentó hacer una reverencia a la vez que hablaba en tono pedante. ¡Reverencias en plena caída libre! ¿Crees que podrías hacerlo?) “¡Y creerá que soy una niña ignorante por preguntarlo! No, no. No está bien que pregunte. A lo mejor lo veré escrito en algún sitio.” Bajando, bajando, bajando.

No había otra cosa que hacer así que Alicia pronto volvió a hablar. “Dinah me echará mucho de menos esta noche, pienso yo.” (Dinah era su gata). “Espero que se acuerden de su tazón de leche para merendar. ¡Mi querida Dinah! Ojalá estuvieras aquí abajo conmigo. Me temo que no hay ratones por el aire pero podrías coger un murciélago y se parece bastante a un ratón, ¿sabes? Pero... ¿Los gatos comen murciélagos?”.

A estas alturas a Alicia le estaba entrando sueño y siguió preguntándose a sí misma casi como en un sueño “¿Los gatos comen murciélagos? ¿Los gatos comen murciélagos?” y a veces “¿Los murciélagos comen gatos?” ya que como no podía encontrar respuesta, daba igual como hiciera la pregunta. Sintió que se estaba quedando dormida y se disponía a soñar que estaba andando de la mano con Dinah y le preguntaba toda seria “Bueno, Dinah, dime la verdad: ¿te has comido alguna vez un murciélago?” cuando de repente, ¡pataplof! aterrizó en un montón de ramas y hojas secas y la caída se había acabado.

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Academic year 2007/2008
© a.r.e.a./Dr.Vicente Forés López
© Gabriela Harsulescu
gahar@alumni.uv.es
Universitat de València Press