Subject : # 14231 Traducció de Textos Literaris Anglesos Gr.A
Student´s name : Harsulescu, Gabriela
Abstract : My translation into Spanish of one of Brothers´ Grimm
tales:
“The Twelve Dancing Princesses”.
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(1)
Érase una vez un rey que tenía doce
preciosas
hijas. Dormían juntas en 12 camas, en la misma habitación y cuando iban
a
dormir la puerta se cerraba con llave. Sin embargo, todas las mañanas
sus
zapatos se encontraban desgastados como si hubieran bailado con ellos
toda la
noche. Nadie podía averiguar qué pasaba o a dónde iban las
princesas.
Así que el rey hizo
saber a todo el reino que al que descubriera el secreto y averiguara
dónde
bailaban las princesas por la noche, le daría a la que más le gustase
como
esposa y reinaría tras su muerte. Pero que a cualquiera que fracasara
en el
intento, al cabo de tres días y tres noches, le esperaba la muerte.
Al poco tiempo llegó un
príncipe. Fue muy bien recibido y al caer la noche, fue acompañado a la
habitación que se encontraba junto a la de las doce camas donde dormían
las
princesas. Allí se sentaría a ver dónde iban a bailar. Y para que no
sucediera
nada sin que él lo oyera, la puerta de su habitación quedó abierta.
Pero el
príncipe pronto se durmió y al despertarse por la mañana vió que todas
las
princesas habían estado bailando, ya que las suelas de los zapatos
estaban
todas agujereadas.
Lo mismo ocurrió la
segunda y tercera noche, así que el rey mandó cortarle la
cabeza.
Después de él, llegaron
muchos otros, pero todos corrieron la misma suerte y todos perdieron la
vida
del mismo modo.
Así fue que un soldado,
que por una herida ya no podía luchar en batalla, se encontraba de paso
por el
reino y cruzando un bosque se encontró con una anciana que le preguntó a
dónde
iba.
“No sé ni dónde voy ni
qué debería hacer - dijo el soldado- pero creo que me gustaría averiguar
dónde
van las princesas a bailar y quizás ser rey al cabo de un
tiempo”.
“Bueno – dijo la
anciana – no es tarea difícil: sólo cuídate de no beber el vino que una
de las
princesas te ofrecerá por la noche y en cuanto se aleje, hazte el
dormido”.
(2)
Entonces le dio una
capa y le dijo: “En cuanto te pongas esto, te volverás invisible y así
podrás
seguir a las princesas donde quiera que vayan”. El soldado, al oír estos
buenos
consejos se decidió a probar suerte y se presentó ante el rey y le dijo
que
estaba dispuesto a emprender la tarea.
Fue bien recibido,
igual que lo habían sido los demás y el rey mandó que le vistieran con
mantos
reales y al caer la noche fue acompañado a la habitación
contigua.
Cuando estaba a
punto de acostarse, una de las princesas le trajo una copa de vino,
pero el
soldado lo desechó todo a escondidas, cuidándose de no beber ni una sola
gota.
Después, se tumbó en la cama y al poco tiempo se puso a roncar muy
fuerte como
si estuviera profundamente dormido.
Oyéndole, las
princesas se echaron a reír de buena gana y la mayor dijo: “Este
caballero
también podía haber hecho algo más con su vida que perderla de esta
manera”.
Después se levantaron y abrieron sus cajones y cajas, sacaron sus
mejores galas
y se vistieron frente al espejo dando saltitos, deseosas de empezar a
bailar.
Pero la más joven
dijo: “No sé por qué será, pero mientras que vosotras estáis tan
contentas, yo
me siento angustiada. Presiento que algo malo nos
pasará.”
“¡Qué niña eres! – le
dijo la mayor – siempre tienes miedo. ¿Te has olvidado cuántos
príncipes lo
intentaron en vano? Y en cuanto a este soldado, aunque no le hubiese
dado la
poción del sueño, dormiría profundamente.”
Cuando ya estaban
listas, fueron y le echaron un vistazo al soldado pero él seguía
roncando,
durmiendo a pierna suelta, así que pensaron que no había
peligro.
Entonces la mayor se
acercó a su propia cama y al chocar sus manos, la cama desapareció en el
suelo
y una trampilla se abrió de golpe. El soldado las vio bajar por la
trampilla
una detrás de otra, la mayor primero. Y pensando que no tenía tiempo que
perder,
saltó de la cama, se puso la capa que le había dado la anciana y las
siguió.
Sin embargo, en mitad
de la escalera pisó el vestido de la princesa más joven y ella exclamó:
“Esto
no va bien, alguien me ha cogido del vestido.”
(3)
“¡Pero qué tontita
eres!” dijo la mayor, “Sólo es un clavo en la
pared.”
Bajaron todas y al
fin llegaron a una preciosa arboleda. Las hojas eran todas de plata y
brillaban
y centelleaban que era una preciosidad. El soldado quiso llevarse algo
del
lugar como señal, así que rompió una ramita y el árbol hizo un tremendo
ruido.
Entonces la hija más joven dijo de nuevo: “ Estoy segura de que algo va
mal...
¿No habéis oído el ruido? Eso no había pasado
nunca.”
Pero la
mayor
replicó: “Sólo son nuestros príncipes gritando de alegría por nuestra
llegada.”
Y llegaron a otra
arboleda donde todas las hojas eran de oro y después a una tercera
donde las
hojas eran centelleantes diamantes. El soldado rompió una ramita en cada
una de
ellas y cada vez se oyó el tremendo ruido que hacía a la pequeña
estremecerse.
Pero la mayor le volvió a decir que eran los príncipes gritando de
alegría.
Siguieron hasta dar con
un gran lago y en la orilla había doce barquitos y en ellos doce
apuestos
príncipes, que parecían estar esperando a las princesas. Cada una de las
princesas subió a un barquito y el soldado subió al mismo que la más
joven.
Mientras remaba, el príncipe que iba en el barco con la princesa más
joven y el
soldado dijo: “ No sé por qué será, pero aunque estoy remando con todas
mis fuerzas,
no avanzamos tan rápido como de costumbre y estoy bastante cansado. El
barco
parece llevar mucho peso hoy.”
“Es por
el
calor – dijo la princesa. Yo también tengo mucho
calor.”
Al otro lado del lago
se alzaba un precioso palacio iluminado de donde salía una música
alegre de
trompas y trompetas. Allí desembarcaron todos, entraron en el palacio y
cada
príncipe bailó con su princesa y el soldado, que todavía era invisible,
bailó
también con ellos.
Cada vez que a alguna
de las princesas se le servía una copa de vino, el soldado se la bebía
entera
de manera que al llevársela ella a la boca, la copa estuviera vacía.
Esto
también le asustaba sobremanera a la hermana más joven pero la mayor
siempre
acallaba sus miedos.
(4)
Bailaron y bailaron
hasta las tres de la mañana y como sus zapatos estaban desgastados,
tuvieron
que irse. Los príncipes las llevaron en barco de vuelta y esta vez el
soldado
se subió al barco de la hermana mayor. Al llegar al otro lado del lago,
las
princesas se despidieron con la promesa de volver la siguiente
noche.
Llegando a la escalera,
el soldado se les adelantó corriendo y se acostó en la cama. Y mientras
las
doce cansadas princesas subían despacio, le oyeron roncar en su cama y
dijeron:
“Ahora podemos estar tranquilas”. Después se quitaron la ropa y los
zapatos,
guardaron sus trajes finos y se fueron a la
cama.
A la mañana siguiente,
el soldado no dijo nada de lo que había pasado, decidido a ver más de
esta
extraña aventura, y las acompañó la segunda y tercera noche. Todo fue
igual que
la primera vez: las princesas bailaron hasta destrozar los zapatos y
luego
volvieron a casa. La tercera noche, el soldado se llevó una de esas
copas de
oro como señal de donde había estado.
Cuando llegó el momento
de revelar el secreto, le llevaron delante del rey con las tres ramitas
y la
copa de oro. Las doce princesas estaban escuchando detrás de la puerta
para
enterarse de lo que iba a decir.
El rey
preguntó: “¿Dónde bailan mis doce hijas por las
noches?”
Y el
soldado
contestó: “Con doce príncipes en un palacio bajo tierra.” Y entonces le
contó
al rey todo lo que había pasado y le enseñó las tres ramitas y la copa
de oro
que se había traído.
El rey mandó llamar a
las princesas y les preguntó si lo que decía el soldado era verdad.
Cuando se
vieron descubiertas y al darse cuenta que no tenía sentido negarlo, lo
confesaron todo.
Así
que, el rey le preguntó al soldado cuál de las princesas quería como
esposa y
él le contestó: “No soy muy joven así que tomaré a la mayor”. Y se
casaron ese
mismo día y el soldado fue elegido heredero del rey.
Academic
year 2007/2008
© a.r.e.a./Dr.Vicente Forés López
© Gabriela Harsulescu
gahar@alumni.uv.es
Universitat de València Press