GUILLERMO MCPHERSON

La característica fundamental de Macpherson, como traductor de las obras de Shakespeare estudiadas, es la adaptación que realiza de los elementos culturales que aparecen en ellas. La asimilación de las costumbres, hábitos y estilos de vida isabelinos a los equivalentes españoles aparece de manera constante y sistemática a lo largo de sus traducciones. Macpherson articula el proceso de adaptación cultural mediante dos técnicas de traducción que, aunque en un principio pudieran parecer contradictorias, son complementarias: la reducción y la ampliación.

La reducción de algunos elementos culturales permite a Macpherson producir una traducción que no obstaculiza la comprensión de los lectores. Al convertir a roasted Manningtree ox with the pudding in the belly en ese buey relleno (apartado 2, páginas 143-148), Thomas Tapster en zascandil (apartado 56, páginas 354-357) y English kersey en paño burdo (apartado 46, páginas 296-304), el traductor facilita la lectura de la traducción, si bien reduce significativamente el contenido cultural de los elementos originales.

La ampliación de determinados elementos culturales, bien mediante paráfrasis, explicaciones o glosas intratextuales, permite que el traductor obtenga una traducción de sencilla lectura por parte de los lectores. Al explicar Kendal green como [el] color verde que usan los bandidos (apartado 10, páginas 176-179); Inns of Court como las cátedras de derecho (apartado 41, páginas 275-280) y The Bunch of Grapes como la sala de los racimos de uvas (apartado 52, páginas 338-340), Macpherson diluye el contenido cultural de los elementos originales. Por lo tanto, podemos concluir que estas dos técnicas no propician que los lectores tengan acceso a determinados aspectos de la cultura isabelina, es más, su empleo sistemático por parte del traductor impide al público lector tener cualquier conocimiento de los elementos culturales que aparecen en las obras originales.

Junto con estas dos técnicas de traducción, Macpherson emplea otras que contribuyen a la asimilación cultural y que evitan, igualmente, que los lectores puedan conocer ciertos hechos de la cultura isabelina. Entre estas técnicas cabe destacar el empleo de equivalentes culturales, como María la bailadora (apartado 24, páginas 220-224); ochavos (apartado 65, páginas 385-387) y cuartillo (apartado 7, páginas 165-170). Mediante estos equivalentes culturales, Mapcherson consigue inscribir el texto shakespeariano en la cultura española, por lo que los lectores podrán percibirlo como accesible, cercano e, incluso, propio.

 

Los motivos que llevaron a Macpherson a reducir, explicar y sustituir los elementos culturales shakespearianos pueden ser varios. En primer lugar, el traductor podría haber juzgado estos elementos superfluos o demasiado difíciles de comprender por su público lector. Si esto fuera así, las limitaciones que Macpherson pudo haber asumido sobre sus lectores podrían haber determinado el uso de las técnicas de traducción antes comentadas.

En segundo lugar, consideramos que la decisión de traducir en verso impuso a Macpherson una serie de limitaciones que pudieron haber condicionado, en ocasiones, la omisión de determinados elementos culturales.

En tercer lugar, no debemos olvidar la concepción que el propio Macpherson tenía sobre la labor traductora, y que él mismo expuso en el prólogo de su segunda edición de Hámlet.

Por lo tanto, Macpherson creía que uno de los objetivos fundamentales del traductor era clarificar el texto original y no contemplaba la posibilidad de producir una traducción que resultara confusa o ambigua. Creemos que la opinión de Macpherson sobre la traducción fue determinante en la elección de unas técnicas de traducción que, como hemos visto, despojan al texto shakespeariano de parte de sus señas de identidad cultural y no permite que los lectores españoles las conozcan.

En cuarto y último lugar, consideramos que los criterios traductológicos de Macpherson pudieron obedecer al momento en el que se encontraba la recepción shakespeariana en España en las últimas décadas del siglo XIX. Hasta 1873, año en el que Macpherson publicó su primera traducción del dramaturgo inglés, la producción poética y dramática de Shakespeare sólo había aparecido de manera fragmentaria y, en su mayoría, a partir de las versiones francesas de sus obras. En nuestra opinión, las traducciones de Macpherson aspiraban a llenar un vacío intolerable: el del genio dramático de la humanidad, cuyas obras eran ya consideradas el centro de la dramaturgia universal y que, sin embargo, seguían siendo desconocidas en España. A nuestro juicio, Macpherson era consciente de que el suyo era el primer intento por introducir al verdadero Shakespeare en España de manera sistemática, y tal vez creyera que la mejor manera de garantizar el éxito de esta tarea fuera la de adaptar al dramaturgo inglés a la cultura española.

Mostrando a un Shakespeare que hablaba español, se expresaba en uno de los patrones métricos más comúnmente

utilizado en la literatura española, y además aludía a hábitos propios de los españoles, pensamos que Guillermo Macpherson intentaba garantizar la aceptación del dramaturgo inglés entre su contemporáneos. A ello contribuiría notablemente que el texto shakespeariano no presentara dificultades que pudieran suponer su rechazo por parte de los lectores, lo que, en última instancia,

explicaría el uso constante que Macpherson hace de reducciones, paráfrasis y equivalentes culturales.

Aunque Macpherson no pudo llenar completamente el vacío literario en la España de finales del siglo XIX, bien porque no se propusiera traducir las obras completas de Shakespeare o porque no pudiera dar fin a esta tarea, el éxito de sus traducciones fue considerable. Éstas continuaron reeditándose hasta mediados del siglo XX, lo que pone de manifiesto que los lectores aceptaron gustosos el Shakespeare que este traductor ofrecía, y que tanto se diferenciaba del original y del que posteriormente mostrarían Astrana y Valverde.

 

* Referencia

CAMPILLO, L.  ESTUDIO DE LOS ELEMENTOS CULTURALES EN LAS OBRAS DE SHAKESPEARE Y SUS TRADUCCIONES AL ESPAÑOL POR MACPHERSON, ASTRANA Y VALVERDE (408-412).

 ENGLISH PHILOLOGY DEPT. (UNIVERSITY OF MURCIA)