Dicho modelo mantiene que son las condiciones socio-económicas y ambientales las que favorecen la aparición de una “cultura de las drogas”, en las que el contexto se establece como factor etiológico determinante, más allá de los efectos de la droga y de las características del propio individuo.
Desde la perspectiva de este modelo los esfuerzos se dirigen a propiciar cambios en la estructura social, tratando de mejorar las condiciones de vida y creando un ambiente social en el que las necesidades del individuo sean satisfechas por medios ajenos al consumo de drogas.