MEDICINA PRIMITIVA: íBEROS Y CELTAS

De la medicina ibérica y celta en la península ibérica prácticamente no hay información, sobretodo por la imposibilidad actual de leer y entender lo que escribían. Si a eso además le añadimos el hecho de que en realidad se trataba de diversas tribus con seguro variaciones propias, y que éstas poco a poco van a ir asimilando rasgos de los más avanzados sistemas médicos de los diversos pueblos extranjeros que fueron asentándose en varias zonas peninsulares,...  pues no tenemos gran cosa a lo que agarrarnos.  De hecho, nuestras mejores fuentes para intentar explicar la actitud de los pueblos celtíberos frente a la salud y el enfermar sean sin duda los actuales pueblos primitivos y la paleopatología.  Por eso pensamos que aun a pesar de lo poco que se sabe de la medicina que practicaron esos pueblos, algo podremos decir si consideramos que sin duda su medicina seria una medicina de las llamadas primitivas.

Era un sistema médico basado en una combinación inseparable de creencias mágicas y religiosas y de prácticas empíricas, carentes de justificación racional.  El mundo sobrenatural era inmanente a todas las cosas, de manera que afectaba a la salud, la supervivencia y las actividades sociales, aunque no todas las enfermedades eran atribuidas a causas religiosas o mágicas.  El hombre celtíbero (utilizaremos a partir de ahora este término, aun sabiendo que debido a la gran variedad no es en absoluto apropiado) probablemente distinguiría entre estados ordinarios  (vejez, tos, enfriamiento o fatiga), y enfermedades causadas por espíritus y fuerzas maléficas, que requerirían los servicios especiales del "hombre medicina", chamán o hechicero.  La práctica de esta medicina creencial queda reflejada en varios restos arqueológicos como el llamado "plomo de Mogente" de La Bastida o los "platos de Anegibre" (Albacete), que son grabados con caracteres ibéricos que se interpretan como textos destinados a precaver maleficios y calamidades.

El sanador es la figura central de los cuidados que se brindan al enfermo.  El sanador en algunos clanes y tribus es único (entre los celtas se les conocía como druidas).  En grupos mayores puede haber varios, a veces organizados en sociedades secretas.  Todos ellos disfrutan de un puesto social y político importante, y son considerados una autoridad en las costumbres y tradiciones de la tribu.  Generalmente se piensa que un nuevo miembro en este puesto tiene que haber tenido de forma repetitiva un sueño sobre ello, sentir un fuerte sentimiento vocacional, o mostrar claramente la posesión de poderes psíquicos fuera de lo común.  Lo normal es un periodo de aprendizaje junto a un sanador experimentado que, a menudo, se acompaña de ciertas pruebas y actos rituales.  Aunque la asistencia al enfermo es una actividad importante, el sanador primitivo es responsable a la par de la protección de su pueblo frente al mal tiempo, la pérdida de las cosechas, la muerte del ganado y casi todas las demás catástrofes; todo el ceremonial religioso esta también a cargo suyo.  El sanador utiliza siempre una serie de instrumentos especiales para realizar su misión, y además parece haber comprendido la acción de las plantas medicinales que utilizan correctamente, de acuerdo con su efecto terapéutico, sea éste antipirético, laxante, emético, antiespasmódico, diurético, analgésico local, facilitador de la respiración, mitigador del dolor, sedante o estimulante (es curioso también saber que en general la mayoría de los celtíberos utilizaran los excrementos como medicina y antiséptico).  A este respecto Plinio escribe sobre habitantes de la península ibérica: "Los betones descubrieron la hierba betonica, así llamada por razón de sus descubridores; y la centaura, muy estimada por sus virtudes.  Secaban las hojas, las pulverizaban y guardaban para muy diversos usos.  De ellas hacían vino y vinagre que aplicaban para confortar el estómago y aclarar la vista.  También se descubrió por los Cántabros la hierba llamada por esta razón cantábrica.  Además de ésta conocieron otras muchas, de las que componían una famosa salsa llamada de las Cien hierbas, que además de ser exquisito manjar, servía para muchas medicinas.  Secaban las hojas, con las que hacían polvos para curar las llagas; también sacaban un aceite, que empleaban para fortificar la vista y el estómago; usaban su cocimiento para corregir y cortar los flujos de sangre; hacían unturas con el aceite para curar la ciática; lo usaban como emético y cuando producían grandes vómitos lo mezclaban con cominos silvestres.  En forma de cataplasmas, la empleaban en los tumores y roturas de las venas.  El vino lo empleaban en la perlesia, mal de corazón y contra la ictericia." Además de para con fines terapéuticos, se sabe que algunos pueblos celtíberos conocían también las propiedades tóxicas de las plantas, y hablan de una planta medicinal parecida al perejil o al apio con la que hacían su veneno activo, mientras que los Cántabros hacían un veneno de tejo que empleaban en caso de derrota. 

El paciente y el sanador creen y buscan orígenes sobrenaturales a muchos procesos y sucesos, incluyendo las enfermedades, y están psicológicamente dispuestos a aceptar la efectividad de la magia.  Los dioses, los espíritus y la magia son las principales causas de enfermedad, de tal manera que la finalidad del diagnóstico consiste en determinar cuál es la persona o el espíritu de quien proviene el castigo.  El sanador entonces intenta averiguar del enfermo si éste ha violado algún tabú o si se ha dañado a alguna persona, y tras escuchar su testimonio el sanador suele consultar a los dioses bajo estado de trance para averiguar cuál es el espíritu o el mortal que ha ocasionado el maleficio.  Además de esto, para el diagnóstico se utilizan diversos métodos de adivinación como echar la taba, observar las reacciones de determinados animales al ingerir venenos, ver el movimiento de las burbujas mientras se cantan los nombres de los sospechosos, consultar las vísceras de animales,.... 

En cuanto a los tratamientos, los métodos empleados pueden llegar a ser muy complejos.  Entre ellos se incluyen ceremonias muy elaboradas, cantos, demostraciones místicas, encantamientos y fetiches.  La finalidad que persiguen todos estos ritos curativos es la expulsión de los espíritus diabólicos, la recuperación de un alma que se hallaba perdida, o la reconciliación con una divinidad ofendida.  Decir a modo de ejemplo que entre los baeturienses era típico el pasar una noche en el santuario de su dios de la medicina, Endovélico, quien entonces se les aparecería en sueños y les mostraría cómo curarse.  También había santuarios ibéricos como los de la Serena (cercano a Alcoi), el de Cigarralejo (de Murcia) y los jienenses de Collado de los Jardines, Castillar de Santisteban y Nuestra Señora de la Luz, en los que existían fuentes y manantiales a los que se atribuía virtudes curadoras como lo prueban el gran número de exvotos hallados en ellos y que reproducen partes orgánicas, así como pinzas y cucharillas que se describen como instrumentos quirúrgicos.   Lejos de esto, otras veces se lleva a cabo un abordaje más "científico" y directo, utilizando técnicas como la succión, la aplicación de ventosas, la sangría o el uso de humo y baños de vapor.  Un considerable empirismo racional esta también presente en los métodos mágicos.  Los rituales religiosos se acompañan frecuentemente de manipulaciones corporales semejantes al masaje, de colocación de emplastos y de utilización de drogas, cuyos efectos se explican por la intervención de fuerzas sobrenaturales.  Parece que los celtas poseían saunas, las cuales además de utilizarse para ritos de purificación, se utilizaban para curar o mejorar el reumatismo, e incluso hay quien cree que como paritorios (un buen ejemplo sería el del castro de Ulaca).

La técnica quirúrgica se basaba fundamentalmente en el tratamiento de heridas y lesiones óseas.  Probablemente se utilizarían ungüentos y otras sustancias para aplicar sobre las heridas.  El control de la hemorragia se realizaría por presión, valiéndose de torniquetes, cauterización y sustancias vegetales astringentes.  Se practicaban también amputaciones, aunque no se sabe si con fines terapéuticos o rituales.  Lo que sí se llevaba a cabo con fines terapéuticos y con gran destreza era la extracción de flechas y lanzas.  Seguramente los celtíberos también tendrían maniobras para la reducción de luxaciones y complejos tratamientos para fracturas, aunque no hay testimonios materiales que lo demuestren. 

Además de todo lo mencionado hay una técnica quirúrgica que sí se sabe seguro que practicaban los celtíberos: la trepanación craneal. Esta operación consiste en retirar un trozo óseo de la calota (pero sin llegar a dañar las meninges) mediante las técnicas de incisión a buril y raspado.  La trepanación craneal ha sido siempre objeto de polémica, ya que nunca se han puesto de acuerdo los estudiosos sobre el porqué de su realización.  Algunos sostienen que se trataba de una operación quirúrgica para aliviar enfermedades cerebrales que cursaran con edema cerebral y su consiguiente hipertensión, o también tratamientos curativos para tumores óseos de la calota e incluso cerebrales.  Otros defienden por el contrario que se trata de una ceremonia de iniciación tras la cual el individuo que ha sido sometido ha dicha intervención es considerado ya adulto (si sobreviven al proceso).  Para apoyarse en esta última teoría prestan atención al hecho de que la mayoría de trepanaciones están realizadas sobre hombres, hay muchos cráneos de adultos en los que se ve que la trepanación se fusionó de nuevo y el individuo sobrevivió, y en que la mayoría de cráneos que aparecen con la trepanación todavía abierta (es decir, el individuo moría a causa de la trepanación) son de niños o adolescentes varones.  Por supuesto además de estas dos teorías plausibles, hay quien dice que se deben a la intervención de seres superiores (léase extraterrestres o atlantes).  He aquí algunos ejemplos de cráneos trepanados:

                                                    

Otro rasgo curioso para comentar es el que los íberos sacaban a los enfermos a los caminos para que los viandantes los observaran, y así si alguien padeció la misma enfermedad podría curarles.  De esto queda constancia en un texto de Estrabón, que dice: "Aquellos que habitan cerca del río Duero, viven muy frugalmente; se dan fricciones con ungüento dos veces al día, se lavan y bañan con agua fresca y solo hacen al día una comida muy parca y frugal; examinan las venas de los costados, toman el pulso y predicen por los cadáveres lo futuro.  Los habitantes de la Montaña lo pasan medianamente; beben solo agua; duermen en tierra; hacen acopio de bellotas dos veces al año, las cuales secan y muelen para harina, que conservan.  Usan manteca en lugar de aceite.  Los que habitan en los pueblos, duermen en camas de hierbas; sus vasos para beber son de cera: ponen los enfermos en las calles, según costumbres de los assyrioi, para que los transeúntes los examinen y digan si conocen algunos remedios para aquellas dolencias."  Esta referencia parece indicar a algunos estudiosos que los enfermos eran rechazados por la comunidad y abandonados a su propia suerte, lo cual pudiera ser debido a un medio profiláctico para evitar enfermedades contagiosas.  En opinión de otros historiadores supondría esta practica un rito de purificación del territorio gentilicio.  En todo caso, lo que queda claro es que es una costumbre que los íberos aprendieron de los fenicios.

Ya por ultimo destacaremos una costumbre íbera que según algunos autores "creó escuela" en Grecia.  Esa costumbre era la de indicar en las puertas de las habitaciones, cuáles eran los remedios que habían devuelto la salud a los enfermos.  Parece ser que esta costumbre  fue reconocida como muy conveniente por los griegos cuando vinieron a comerciar y fundar colonias, y se les ocurrió copiar la idea de usar estos bronces grabados.  Con esto vemos que además de recibir influencias, los íberos también influenciaron en otros pueblos a priori más avanzados.

 

 

Página Principal

Introducción

Medicina Fenicio-Púnica

Medicina Griega

Medicina Romana