Prevención
Una definición coloquial del concepto de prevención sería aquella que establece la prevención como “actuación previa para anticiparse a un mal”. Ahora bien, ¿qué implicaciones tiene esto en el campo de las drogodependencias? Básicamente supondría el establecimiento de actuaciones dirigidas a evitar la aparición de usos indebidos de drogas, pero inevitablemente surge otra cuestión: ¿supone la prevención únicamente actuaciones “antes de”?, ¿pueden dirigirse actuaciones preventivas cuando ya se ha insaturado algún tipo de consumo de drogas? En definitiva, se trata de establecer qué entendemos por prevención y cuáles son sus límites.
En la actualidad, el concepto de prevención consensuado desde la mayoría de instituciones de carácter científico, profesional, político y social, sería aquel que la define como el “conjunto de iniciativas (políticas, estrategias, programas o actividades) que intentan específicamente, y en base a la evidencia disponible en cada momento, reducir la prevalencia del consumo de sustancias psicoactivas, retrasar la edad de inicio del consumo de las distintas drogas, así como evitar o reducir los daños personales o sociales producidos por el consumo o abuso de las mismas”
Existen diversos modelos teóricos interpretativos de las drogodependencias, cada uno de los cuales pone el énfasis en una explicación etiológica de los consumos de drogas y, en consecuencia, propone un tipo de actuaciones determinadas para su superación.

Las actuaciones preventivas se pueden agrupar en torno dos grandes campos de actuación:
La reducción de la
demanda: es lo que habitualmente se conoce como actuaciones preventivas
propiamente dichas, implantadas en distintos ámbitos (la escuela, la familia, la
comunidad, etc.).
La
reducción de la oferta: está asociada a medidas policiales y jurídicas que
tratan de reducir la accesibilidad a las sustancias por parte de los potenciales
consumidores.
Aunque con metodologías diferentes y con cierta descoordinación, la reducción de la oferta y demanda de drogas se constituyen como los dos campos básicos de intervención preventiva.
El trabajo preventivo se articula en una serie de dimensiones prácticas denominadas modalidades, niveles, contextos y estrategias preventivas, que son descritas seguidamente.
En cuanto a las modalidades de prevención, éstas suponen diferentes formas de abordar el consumo de drogas. Generalmente se contemplan dos modalidades:
Prevención inespecífica:
centrada en el desarrollo de programas preventivos dirigidos a la población
general, en los que no existe un objetivo prioritario relacionado con el consumo
de drogas, sino que se trata de actuaciones dirigidas a la promoción de la
salud.
Prevención específica:
englobaría el conjunto de estrategias y programas dirigidos a incidir sobre una
serie de factores de riesgo concretos relacionados con el uso de drogas y a
desarrollar los factores de protección necesarios para contrarrestarlos.
Respecto a los niveles de la prevención, los mismos se articulan en función de los distintos niveles de riesgo soportados por la población.
Se establecen tres opciones de intervención que intentan adaptarse a las diferentes necesidades de los grupos de individuos que podrían beneficiarse de los programas de prevención que podrían sintetizarse del siguiente modo:
Programas
universales. Programas dirigidos a toda la población o a un grupo de
personas que no están identificadas en base a ningún factor de riesgo de
carácter individual. El objetivo de este tipo de actuaciones es el de evitar o
retrasar el consumo de drogas entre grupos poblacionales amplios.
Programas
selectivos. Están dirigidos a grupos de población concretos que, en base a
datos objetivos facilitados por estudios o investigaciones, están sometidos a
factores de riesgo capaces de generar problemas relacionados con las drogas (por
ejemplo, hijos cuyos padres son consumidores habituales de drogas).
Programas
indicados.
Dirigidos a grupos o
personas que ya muestran indicios de consumo de drogas y otros problemas
asociados (por ejemplo, estudiantes consumidores de cánnabis con problemas de
absentismo y bajo rendimiento escolar), pero que no han alcanzado un nivel de
consumo tal como para poder ser considerada su conducta como de abuso o
dependencia a las drogas.
Hay que señalar que los programas de prevención se apoyan en diferentes estrategias preventivas, según cual sea el modelo teórico de referencia del programa. En nuestro país las estrategias preventivas más utilizadas son las de carácter informativo, formativo y de generación de alternativas al consumo de drogas.