Valencia, de cara al mar y de espaldas al pueblo

Jürgen Habermas definió la ciudad como «el espacio público donde la sociedad se fotografía, el poder se hace visible y se materializa el simbolismo colectivo». Partiendo de esta reflexión, quizás una urbe como Valencia deje de ser pensada como un mero entramado de edificios, calles y gentes, una forma alternativa de comprender la estructura, el contenido y los significados implícitos en esta ciudad.

En noviembre del pasado año 2007, se dio a conocer un proyecto para construir una isla artificial frente a la ciudad de Valencia: se trata de la Isla Luna, presentada como la próxima maravilla que seguirá al Circuito Urbano de Fórmula 1 y a la Ciutat de les Arts i les Ciències. Por todas partes se habla de la “capital del turismo y los grandes eventos”, sin embargo, también son muchas las incógnitas que suscita el modelo de espacio público que promueven este tipo de proyectos.

Con 797.654 habitantes en su municipio y 1.738.690 habitantes en el área metropolitana (INE 2007), Valencia se considera la tercera ciudad de España por importancia y población. La ciudad de la luz fue fundada en el año 138 a . C, a orillas del río Turia, por el cónsul romano Junio Bruto como Valentia Edetanorum , título que connotaba cualidades de “buen augurio y fortaleza”.

Al igual que en la era romana, hoy Valencia continúa proyectando significados sobre su propia imagen, aunque de acuerdo a las necesidades de otro contexto muy distinto, el de la globalización neoliberal. Un mundo completamente ajeno al de la antigüedad, pese a que hoy las batallas se hayan trasladado al sector de las finanzas y los servicios. Así, expresiones como “ciudad de los grandes eventos”, “ciudad emprendedora”, “destino turístico privilegiado”, “cultura mediterránea” o “sol y playa”, vienen a reflejar una voluntad por hacer de Valencia un sinónimo de tales calificativos ante el resto del mundo.

En este sentido, y siguiendo el razonamiento de Habermas, la apariencia de una ciudad, la forma y la manera de aprovechar el espacio-público son indicios materiales de la filosofía, la identidad y el orden de valores que una comunidad pretende reproducir en sus plazas, avenidas, edificios y monumentos. En todos esos rasgos ha de definirse el “espíritu colectivo” de una ciudad. Pero al mismo tiempo, estos indicios nos hablan también sobre las relaciones de poder que gestionan el diseño y desarrollo. Así pues, también se definen los contornos urbanos de acuerdo con las ideologías y los intereses económico-políticos de una época determinada.

El caso de la ciudad de Valencia representa un ejemplo muy característico de la postmodernidad, en la que el sector terciario, dedicado a los servicios y al ocio, se ha generalizado como la principal fuente de beneficios para las empresas y las entidades políticas. En los últimos años se han invertido 1.128 millones de euros para llevar a cabo el proyecto de la Ciutat de les Arts y les Ciències, 30 millones en la visita del papa Benedicto XVI a la ciudad, 41'2 millones (de momento) el circuito urbano de Fórmula 1, 2.000 millones en la celebración de la 32ª America's Cup y ahora se acaba de proyectar el diseño de una isla artificial frente a la isla de la Malvarrosa cuyo coste ascendería a 5.000 millones de euros.

Desde la perspectiva del Gobierno de la Generalitat y el Ayuntamiento, la conjunción de tan elevadas inversiones trata de promocionar el nombre de Valencia en Europa y en el mundo. Las propias declaraciones de la alcaldesa, Rita Barberá Nolla, resumen perfectamente la imagen con la que el poder quiere investir a la ciudad: "Valencia tan atractiva para vivir como para visitarla , para el trabajo y la inversión . En los últimos años la hemos convertido en un símbolo de prestigio , excelencia y calidad . Es una ciudad en la vanguardia : ambiciosa , moderna , fuerte , innovadora , reconocida en los cinco continentes como un destino turístico de calidad, con todo lo que esto implica en términos de dinamismo empresarial y de creación de riqueza y trabajo".

Pero como en toda ciudad de vanguardia, la ambición, la modernidad, la innovación, el turismo y la fortaleza de las empresas generan a su vez zonas marginales y desigualdades en las que no hay lugar para un “proyecto urbanístico comunitario”. Es por ello que un vecino de la Creu Coberta puede vivir a poca distancia del peligro de la subestación eléctrica de Patraix, muy cerca de las naves de Macosa, donde viven hacinadas en condiciones infrahumanas varios cientos de personas, con los consiguientes conflictos que esta situación conlleva: incendios, reyertas, inseguridad…

Desde su balcón, un ciudadano puede ver los barracones donde cursan la Educación Secundaria Obligatoria los niños de su barrio, junto a solares plagados de basura. Otro vecino del Grao se pregunta a qué se refieren algunos políticos municipales cuando presumen de “convertir Valencia en el espejo de Europa”. Mientras se desatienden tantas otras dimensiones “atractivas” para la ciudad de Valencia, como son sus barios tradicionales: el Cabanyal, la Malvarrosa , el Canyamelar,…En una ciudad como Valencia, donde las barreras a la accesibilidad de los discapacitados son cada vez más acusadas.

El sociólogo Manuel Castells escribe que estos entornos artificiales reflejan el sistema de poder social y económico. Su desarrollo responde a las fuerzas del mercado, el poder del gobierno y la influencia de los movimientos sociales. ¿Es posible localizar en Valencia la expresión de un modelo urbanístico hegemónico en la actualidad? ¿Es posible una alternativa más sensible a la dimensión social?

Toda iniciativa urbana tiene un sentido público, afecta a la comunidad y no sólo al emprendedor y a los destinatarios inmediatos de la ópera Carmen en el Palau de les Arts. De ahí la fuerza de algunos interrogantes generales: ¿Qué usos del espacio predominan en el modelo que persigue el Ayuntamiento y la Presidencia ? ¿Qué dicen éstos de las relaciones sociales? ¿Qué decir del poder y de sus intenciones? ¿Dónde queda la participación ciudadana en este tipo de decisiones? ¿Cada cuatro años? Y más concretos: ¿Es lo mismo cambiar una plaza por una autovía, un centro público por un estacionamiento, un mercado tradicional por un centro comercial? Entonces ¿por qué se antepone la competición de vela a los intereses de los escolares valencianos?

En definitiva, el desarrollo de la ciudad responde menos al azar que al marco socioeconómico, de ahí su capacidad para revelar el nivel de fragmentación de una sociedad.

 

Ciutat de les Arts i les Ciències

Circuito de Fórmula I

Isla Luna

 

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